La economía peruana cerraría el 2025 con un crecimiento de 3.3%, impulsada por la inversión privada y un entorno externo favorable, pero enfrenta importantes desafíos fiscales y políticos que podrían condicionar su desempeño hacia 2026, según un análisis de diversos expertos consultados por El Comercio.
Para el próximo año, se proyecta un crecimiento cercano al 3%, limitado por la curva de aprendizaje de las nuevas autoridades y la persistencia de la crisis de inseguridad. No obstante, los especialistas advierten que un escenario político sin extremismos y con mayor estabilidad permitiría mejorar estas perspectivas.
Si bien la expansión se ha apoyado en el repunte de la demanda interna y mejores términos de intercambio, persisten riesgos asociados al avance del gasto público, las iniciativas legislativas con impacto fiscal y la debilidad institucional. Además, el mayor ruido político en la antesala del proceso electoral introduce incertidumbre adicional sobre las expectativas y las decisiones de inversión.
En materia fiscal, el cumplimiento de la regla en 2025 obedecería más a una recaudación excepcional que a un esfuerzo real de contención del gasto. Según el Consejo Fiscal, las iniciativas de gasto y perforaciones tributarias promovidas por el Congreso podrían deteriorar la sostenibilidad fiscal en el mediano plazo.
Los expertos coinciden en que los ajustes más urgentes se concentran en la política fiscal y en el diseño de políticas públicas orientadas a elevar el crecimiento potencial, como remover trabas a la inversión privada, fortalecer la administración pública y enfrentar con mayor eficacia el avance de las economías ilícitas.








