La alianza entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, dos de los principales actores en la guerra de Yemen, se ha visto sacudida por un nuevo foco de tensión. Según información de la Agencia EFE, Arabia Saudita bombardeó un cargamento de armas proveniente de Emiratos Árabes Unidos en el sur de Yemen, acusando a su socio de amenazar la seguridad nacional.
Este incidente se produce en medio de una ofensiva separatista en el sur de Yemen liderada por el Consejo de Transición Sureño (CTS), que cuenta con el apoyo militar y económico de Emiratos Árabes Unidos. El Gobierno yemení, con sede en Adén, ha respondido decretando un estado de emergencia de 90 días, un bloqueo aéreo, terrestre y marítimo de 72 horas, y rompiendo el acuerdo de defensa con Emiratos Árabes Unidos.
La coalición liderada por Arabia Saudita, que también cuenta con el respaldo de Jordania, Marruecos, Egipto, Kuwait y Baréin, se formó en 2015 para apoyar al Gobierno yemení reconocido internacionalmente y por la ONU contra los rebeldes chiíes hutíes, respaldados por Irán. Sin embargo, esta alianza ha enfrentado críticas por el impacto humanitario de sus acciones y ahora ha revelado sus divisiones internas.
Emiratos Árabes Unidos, por su parte, ha apoyado militar y económicamente a los secesionistas del sur agrupados en el CTS, que se oponen a los hutíes y buscan reavivar un Yemen del Sur independiente, como el que existió entre 1967 y 1990. Esto ha provocado acusaciones de "escalada peligrosa" por parte de Arabia Saudita y el Gobierno yemení.
El Gobierno yemení, liderado por Rashad al-Alimi, considera que el apoyo emiratí al CTS socava su autoridad, fomenta conflictos tribales y podría beneficiar a los rebeldes hutíes, amenazando la cohesión institucional y la seguridad en zonas clave como las provincias orientales, ricas en petróleo.
Aunque los hutíes no están directamente involucrados en la actual crisis secesionista, las autoridades yemeníes y saudíes advierten de que las tensiones internas podrían reavivar luchas que les benefician indirectamente, permitiendo a los rebeldes chiíes consolidar posiciones y explotar la fragmentación en un conflicto que ha durado más de una década y ha causado un colapso humanitario en el país.


