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El dilema educativo dominicano: estudiantes aplazados en PISA 2025 pero con alta percepción de apoyo docente

El país ocupa el puesto 5 de 81 economías en el índice de apoyo docente. Aun así, los estudiantes dominicanos siguen entre los de menor rendimiento del mundo. La paradoja se agudiza con un sistema de evaluación que califica de "excelente" al 85% del cuerpo docente

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El dilema educativo dominicano: estudiantes aplazados en PISA 2025 pero con alta percepción de apoyo docente

Los resultados de la evaluación PISA 2025, dados a conocer recientemente, confirmaron una realidad que el sistema educativo de la República Dominicana arrastra desde hace años: los estudiantes de 15 años continúan rindiendo por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en las áreas de ciencias, matemáticas y lectura, ubicándose de esta manera entre los más bajos a nivel mundial. Sin embargo, los datos revelan una contradicción que complica un diagnóstico simple.

La República Dominicana figura en el puesto número 5 de un total de 81 economías evaluadas en lo que respecta al índice de apoyo docente, alcanzando un valor de 0,68. Esto significa que el estudiantado dominicano percibe a sus maestros como uno de los factores de respaldo más sólidos entre todos los países que formaron parte de la evaluación internacional. Esta distancia evidente entre la percepción del alumnado y los resultados académicos constituye el núcleo principal del problema educativo actual, especialmente cuando se perfila una reforma que, de acuerdo con fuentes consultadas, podría bajar el nivel de las pruebas para centrarse exclusivamente en la formación docente.

El mismo día en que se hicieron públicos los resultados de la prueba PISA, circuló información a través de la aplicación WhatsApp indicando que el 85 % de los docentes evaluados por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP obtuvo calificaciones catalogadas como "excelente", "muy bueno" o "bueno". Como contraparte a estas evaluaciones internas, el Estado procederá a pagar un retroactivo superior a los 12,000 millones de pesos, el cual contempla aumentos en los incentivos que oscilan entre el 7 % y el 32 % dependiendo de la categoría correspondiente.

Ante este panorama, el sociólogo Cándido Mercedes planteó el interrogante central sobre la situación: cómo se explica que un cuerpo docente calificado de forma mayoritaria como excelente produzca estudiantes que se mantienen de manera persistente en los últimos lugares del mundo en cuanto a rendimiento académico. Esta pregunta pone de manifiesto un problema de diseño estructural y sistemático dentro del sistema educativo dominicano.

Los instrumentos utilizados para la evaluación docente miden estrictamente las acciones que los maestros realizan dentro del aula basándose en criterios internos del propio sistema. Por el contrario, la prueba PISA mide aquello que el estudiantado efectivamente aprende y es capaz de aplicar en situaciones prácticas. El hecho de que ambas métricas apunten en direcciones completamente opuestas sugiere de manera directa que el sistema nacional se limita a evaluar procesos en lugar de centrarse en los resultados obtenidos.

Al analizar las condiciones estructurales, los datos señalan que entre los años 2018 y 2025 la República Dominicana logró reducir en seis la cantidad de estudiantes por cada docente. Aunque se trata de un avance concreto, el país todavía se mantiene en el puesto 46 de 49 en esta métrica específica entre los países evaluados a nivel internacional. En teoría, una menor cantidad de alumnos por maestro debería traducirse en una atención más individualizada, un seguimiento más cercano y, por consiguiente, mejores aprendizajes. El hecho de que esto aún no se refleje en los puntajes de la prueba PISA indica claramente que la reducción en la ratio de alumnos por docente no es suficiente por sí sola para transformar la calidad educativa.

Por otro lado, el informe destaca que el apoyo docente que perciben los estudiantes dominicanos tiene un impacto relativamente grande en su rendimiento en el área de ciencias, esto antes de realizar el descuento correspondiente al perfil socioeconómico. Esto significa que cuando un maestro o una maestra acompañan de cerca al alumno, la diferencia en el proceso se nota. No obstante, la dificultad radica en que dicho acompañamiento resulta insuficiente para compensar las profundas brechas estructurales que afectan al país, tales como la pobreza, las deficiencias en infraestructura, el acceso desigual a los materiales educativos y, de manera fundamental, la calidad de los aprendizajes previos que los estudiantes van acumulando mucho antes de cumplir los 15 años de edad.

Al comparar los resultados actuales frente a los obtenidos en el año 2022, el país registró avances que pueden catalogarse como leves en las materias de matemáticas y ciencias, mientras que en el área de lectura se observó un retroceso. Esta evaluación internacional abarcó un total de 91 países, de los cuales 13 pertenecen a la región latinoamericana. Según el análisis del sociólogo Cándido Mercedes, el país mejoró un poco en matemáticas y ciencias, pero el retroceso registrado en lectura termina por opacar dicho avance.

El contexto general de América Latina tampoco presenta un escenario favorable, ya que la mayoría de los países de la región experimentaron caídas en su rendimiento en comparación con el año 2022. Las únicas excepciones notables fueron Costa Rica y El Salvador, naciones que mostraron mejoras específicas en ciencias. Por su parte, Colombia logró mantener sus promedios aunque perdió terreno en el área de lectura, mientras que Chile y México sufrieron descensos en casi todas las áreas evaluadas. De este modo, la República Dominicana comparte la tendencia general hacia el estancamiento, con la particularidad adicional de que parte desde una base sensiblemente más baja que la de sus vecinos regionales.

La edición de PISA 2025 también incluyó un análisis sobre la utilización de la inteligencia artificial dentro de los espacios de aula. Los datos arrojaron que aquellos estudiantes que hacen uso de herramientas de inteligencia artificial para complementar su aprendizaje —empleándolas como apoyo y no como un reemplazo del pensamiento crítico— obtienen resultados similares a los de aquellos alumnos que no las utilizan. Este hallazgo permite matizar el pánico moral que suele rodar a la tecnología educativa, pero también deja en absoluta evidencia que ninguna herramienta digital puede resolver aquello que el sistema educativo no está enseñando de base.

En conclusión, la República Dominicana invierte recursos en sus docentes, los evalúa de manera periódica, les paga incentivos económicos y son percibidos por los alumnos como un pilar fundamental del sistema. Todas estas acciones son necesarias y deben mantenerse vigentes. Sin embargo, mientras los procesos de evaluación docente no se articulen de manera coherente con los aprendizajes reales que adquiere el estudiantado, el país continuará atrapado en la paradoja de celebrar maestros evaluados como excelentes mientras sus alumnos se mantienen en los últimos lugares del rendimiento mundial.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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