¿Está el centro político europeo perdiendo terreno? Los recientes resultados en Sajonia-Anhalt, Alemania, envían una señal clara. Aunque el partido Alternativa para Alemania, la AfD, no obtuvo la mayoría calificada que buscaba, dio un paso gigante hacia el poder. Su colíder, Alice Weidel, calificó la victoria como “histórica”.
El impacto es profundo. La AfD duplicó su participación en este estado, alcanzando un 44% de los votos en un solo ciclo electoral. Por el contrario, la Unión Demócrata Cristiana, la CDU, sufrió una de sus derrotas más severas en décadas, perdiendo más de la mitad de los votos que obtuvo en 2021. El canciller Friedrich Merz afirmó que este resultado sacude a su partido hasta los cimientos y tendrá consecuencias que irán mucho más allá de la región.
Este avance pone a prueba el “Brandmauer”, o muro de contención, que busca impedir que la ultraderecha se una a coaliciones de gobierno. El fenómeno no es aislado: en el Parlamento Europeo, tres grupos de ultraderecha suman ya 196 escaños, constituyendo la segunda fuerza más grande. Además, estos partidos ya lideran coaliciones en Italia y la República Checa, o actúan como socios en Finlandia, Croacia, Eslovaquia y Suecia.
El debate europeo sobre migración, la ayuda a Ucrania y el Pacto Verde está siendo redefinido por estas fuerzas. A esto se suma una presión externa de figuras como Elon Musk o J.D. Vance en Estados Unidos. Sin embargo, las raíces son internas: descontento por la inmigración, estancamiento salarial y desindustrialización. ¿Es este un techo o el inicio de un cambio definitivo? La respuesta será clave en los próximos meses, especialmente ante las elecciones presidenciales en Francia en 2027.
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