Cientos de personas atrapadas bajo tierra y una carrera contra el tiempo que parece perderse. En Nepal, la esperanza de un rescate rápido se desvanece mientras equipos locales y especialistas extranjeros buscan a cerca de 900 trabajadores desaparecidos en proyectos hidroeléctricos a lo largo del río Trishuli.
Las devastadoras inundaciones repentinas de la semana pasada sepultaron las instalaciones bajo espesas capas de lodo. La situación es crítica: muchos trabajadores quedaron atrapados en túneles reforzados que se extienden por varios kilómetros. En la central Trishuli 3A, el túnel hacia la sala de máquinas supera los cuatro kilómetros de longitud, lo que dificulta enormemente el acceso.
El brigadier general Ujwal Rana ha advertido que, debido a que los túneles están llenos de una sustancia líquida similar al lodo, las labores de búsqueda podrían tardar entre tres y cuatro meses en completarse. Por su parte, el primer ministro Balendra Shah señaló que los avances dependen de que el lodo se seque y se logre una base estable.
Para intentar hallar sobrevivientes, los rescatistas utilizan drones con cámaras térmicas y realizan perforaciones en la parte superior de los túneles. Sin embargo, los riesgos son constantes, desde la falta de oxígeno hasta la posibilidad de que las salas de turbinas se hayan inundado completamente.
Esta tragedia se suma a un balance devastador de más de 1,100 muertos y miles de desaparecidos entre Nepal y China. El desastre pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la seguridad de las grandes infraestructuras en el Himalaya, una de las zonas más vulnerables al cambio climático y a los riesgos sísmicos del mundo.
Historias de supervivencia, como la de quienes lograron salir trepando por los techos durante horas, mantienen una pequeña llama de esperanza, pero para cientos de familias, la incertidumbre prevalece.
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