Un equipo de científicos ha detectado indicios prometedores de que el exoplaneta LHS 1140b, situado a 49 años luz de la Tierra, podría poseer una atmósfera. Este hallazgo posiciona al cuerpo celeste como un candidato potencial para albergar vida, debido a que se encuentra en condiciones orbitales y estructurales favorables.
El objeto, clasificado como una “super-Tierra” debido a que posee una masa aproximadamente cinco veces mayor que la de nuestro planeta, orbita su estrella dentro de la denominada zona habitable o “zona Ricitos de Oro”. En esta región, las temperaturas superficiales no son ni excesivamente altas ni demasiado bajas, lo que permitiría la existencia de agua en estado líquido.
Collin Cherubim, científico planetario y autor principal del estudio publicado el 16 de julio en la revista Science, señaló que, basándose en las mediciones de masa y radio que permiten estimar la densidad, creen que se trata de un planeta predominantemente rocoso. Según Cherubim, quien es becario Sagan de la NASA en la Universidad de Chicago y realizó la investigación durante su doctorado en la Universidad de Harvard, los datos son consistentes con la composición de la Tierra, sugiriendo la presencia de un núcleo de hierro y un manto de silicatos, además de componentes de baja densidad que probablemente consisten en una combinación de agua y una atmósfera.
El estudio de atmósferas en planetas rocosos lejanos representa un desafío técnico considerable debido al pequeño tamaño de estos cuerpos y al escaso espesor de sus capas gaseosas. Para lograr la detección, los astrónomos utilizan la técnica de observar el planeta cuando pasa frente a su estrella anfitriona. Durante este evento, similar a un eclipse, la luz estelar atraviesa la atmósfera del planeta, revelando la firma química de gases específicos.
Para identificar dicha atmósfera, Cherubim desarrolló un modelo basado en la hipótesis de que muchos planetas se forman con atmósferas de hidrógeno y helio. En la evolución hacia mundos rocosos, suelen perder el hidrógeno, pero pueden conservar el helio por ser ligeramente más pesado. Utilizando el telescopio Magellan Clay en el Observatorio Las Campanas, Chile, el investigador detectó en septiembre de 2024 helio escapando de LHS 1140b. Cherubim explicó que el planeta parece estar en un "punto ideal", habiendo perdido su hidrógeno y conservando el helio, el cual ahora se escapa lentamente.
Aunque el helio por sí solo no sería apto para sostener la vida, los científicos esperan que coexista con otros gases, como el oxígeno. Si bien aún no se han detectado otras moléculas, el investigador se mantiene optimista sobre futuros hallazgos.
Un factor determinante es que la estrella de LHS 1140b es una enana roja, el tipo más común en el universo. Estas estrellas, al ser más pequeñas y frías que el Sol, generan menos deslumbramiento, facilitando el estudio de sus planetas. No obstante, son estrellas "temperamentales y feroces" que emiten radiación ultravioleta y rayos X capaces de expandir y expulsar las atmósferas al espacio. Confirmar que un planeta rocoso puede conservar su atmósfera alrededor de una enana roja sería una respuesta afirmativa sólida a una interrogante abierta en la astronomía.
A pesar del entusiasmo, el hallazgo presenta un misterio: en una observación de seguimiento realizada en 2025, el equipo ya no encontró señales de helio. Cherubim sugiere que esto podría deberse a variaciones en la velocidad de escape del gas, lo que habría reducido la señal por debajo del umbral de sensibilidad del instrumento.
El descubrimiento ha generado reacciones diversas en la comunidad científica. Jason Dittmann, profesor de la Universidad de Florida y quien descubrió el planeta en 2017, calificó el resultado como significativo, señalando que es lo que los astrónomos han esperado durante años. Por su parte, Ana Glidden, del MIT, destacó que las probabilidades juegan a favor del planeta por orbitar una estrella tranquila. Sin embargo, Michaël Gillon, de la Universidad de Lieja, instó a la cautela, advirtiendo que la falta de una segunda detección obliga a ser prudentes hasta que la señal de helio sea reproducible.
Próximamente, LHS 1140b será objeto de intensas observaciones mediante el telescopio espacial James Webb, el Hubble y nuevos instrumentos en Chile para resolver estas dudas y confirmar la naturaleza de su atmósfera.


