El rapero estadounidense Kanye West ha regresado a España después de dos décadas sin pisar el país para actuar. El artista se presentó este jueves en el estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid, donde desplegó un montaje que ha sido calificado como histórico para ofrecer un espectáculo ante unas 65.000 personas. La puesta en escena se centró en la instalación de un domo terráqueo, una semiesfera del mundo desde la cual el músico presentó su último álbum, titulado Bully, junto a una selección de sus éxitos más reconocidos.
El inicio del concierto estuvo marcado por la irrupción de un bajo atronador y la aparición de West, quien se introdujo en una estructura blanca similar a una yema de huevo frito situada en el centro del estadio, acompañado por su guardia pretoriana vestida de negro. Bajo el título de "KING", el show comenzó con una base industrial pesada y distorsionada, seguida de una transición celestial hacia el remix de "Father I Stretch My Hands", del Pastor T. L. Barrett, evidenciando su capacidad de producción junto a nombres como Rick Rubin o Metro Boomin. Durante este segmento, el artista interpretó "Beautiful Morning" y "Can't Tell Me Nothing", recordando la etapa en la que era percibido como el "niño bonito" de la industria, lejos de la imagen de "apestado" que ha proyectado en años recientes.
A medida que avanzaba la tarde, el ambiente en el campo del Atleti alcanzó su punto máximo con la interpretación de "Nias in Paris". A pesar de que el sonido resultó indefinido por momentos y de que el escenario carecía de pantallas, el público se mantuvo exaltado, siguiendo cada canción. El artista se movió sobre la estructura con una actitud agresiva mientras la multitud bailaba y cantaba el repertorio de principio a fin.
El evento no estuvo exento de controversia, situando al público en el debate sobre la separación entre el arte y el artista. Kanye West es una de las figuras más influyentes del siglo XXI, pero también una de las más polémicas debido a sus declaraciones. En tiempos recientes, el cantante ha ensalzado al nazismo y a Hitler en diversas ocasiones, llegando a titular una canción como "Heil Hitler", vestir camisetas con esvásticas y mezclar la estrella de David con dicho símbolo. Aunque posteriormente pidió perdón a través de una página en el diario The Wall Street Journal, asegurando que no es nazi ni antisemita y comprometiéndose a seguir un tratamiento para su trastorno bipolar, sus acciones han dejado una huella profunda.
Esta tensión política se trasladó a la organización de su gira. Países como Reino Unido, Francia, Polonia, Suiza e Italia prohibieron la celebración de sus conciertos. En el caso de España, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, calificó las declaraciones pronazis y antisemitas del rapero como «repugnantes», aunque descartó promover la cancelación del concierto al señalar que no tenía competencias para hacerlo.
El espectáculo continuó con una intensidad creciente, incluyendo temas como "Blood on the Leaves", con un sample de Nina Simone, y "Carnival". Al caer la noche, la semiesfera se transformó en una bola del mundo giratoria, momento en el que fueron lanzados fuegos artificiales mientras el estadio coreaba "Power".
En términos de asistencia y economía, el concierto rozó el lleno, aunque se destacó que más del 60% de los asistentes eran extranjeros, probablemente provenientes de aquellos países europeos donde el show fue censurado. El evento tuvo un impacto económico superior a los 40 millones de euros, distribuidos entre transporte, restauración y hoteles, y requirió la contratación de 3.000 personas para su ejecución.
Hacia el final de la noche, la devoción del público quedó manifiesta durante la interpretación de "Heartless", donde miles de móviles iluminaron el estadio. El setlist prosiguió con samples de los Backstreet Boys, "All The Love", un fragmento de "American Boy" y una iluminación destacada en "All The Lights". Tras pasar por "Flashing Lights" y un remix de "Stronger" con Daft Punk, el concierto culminó con la delicada "Runaway". El cierre del evento dejó en evidencia la capacidad de West para convocar a una masa ferviente que, independientemente de sus polémicas personales, sigue consumiendo su obra, registrando casi 70 millones de oyentes mensuales en Spotify.


