El pontífice León XIV llevará a cabo en noviembre una gira por Sudamérica que lo llevará a visitar Perú, Argentina y Uruguay. Aunque el Vaticano aún no ha confirmado oficialmente el itinerario, se prevé que el Sumo Pontífice permanezca diez días en Perú, tres en Argentina y un día y medio en Uruguay. Esta visita no se plantea como un recorrido por terrenos neutrales, sino como un encuentro con tres mandatarios que representan vínculos profundamente distintos con la Iglesia y, en un caso particular, con la trayectoria personal del propio pontífice.
León XIV, el primer papa agustino de la historia, posee un conocimiento detallado de la realidad de los países que visitará. Su rol previo en dos de estas naciones implica que deberá gestionar tensiones activas ahora desde su posición como líder de la Iglesia católica. El escenario se divide en tres ejes: una distancia doctrinal en Argentina, una cordialidad ética en Uruguay y un complejo nudo biográfico en Perú.
En Argentina, la relación con el presidente Javier Milei se describe como correcta pero fría. Ambos se reunieron en el Palacio Apostólico en junio de 2025, en una audiencia que subrayó un vínculo estrictamente institucional. Esta dinámica contrasta con la cercanía informal que el papa Francisco mantuvo en el pasado tanto con sectores del arco kirchnerista como con referentes libertarios.
El choque con Milei es principalmente ideológico. El mandatario argentino, alineado con la Escuela Austríaca de Mises, Friedrich Hayek y Murray Rothbard, coincide con la Doctrina Social de la Iglesia en el respeto a la propiedad privada, pero diverge frontalmente en lo relativo a la cuestión distributiva y la función del Estado en el combate contra la pobreza. A esto se suma un conflicto protocolar: Milei ha roto la costumbre de recibir a las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina, encabezada por el arzobispo Marcelo Colombo. Asimismo, el presidente ha fortalecido sus lazos con el mundo judío y evangélico, recibiendo a figuras como Franklin Graham y al gran rabino sefardí de Israel, un desplazamiento que no ha pasado inadvertido para el Episcopado.
El punto de mayor fricción actual es la primera encíclica de León XIV, titulada "Magnifica humanitas". En este documento, el papa advierte sobre los peligros del poder, la guerra y la urgencia de una regulación global de la inteligencia artificial, temas en los que la postura de la Casa Rosada difiere explícitamente de la Doctrina Social de la Iglesia.
En Uruguay, el pontífice se encontrará con Yamandú Orsi, quien representa una laicidad estricta pero desprovista de hostilidad hacia lo religioso. Orsi, quien fue monaguillo en su infancia, defiende la separación entre Iglesia y Estado como un elemento saludable para el país, diferenciando la laicidad del laicismo que niega lo religioso. Si bien Orsi ha manifestado su expectativa por la visita, enfocada en políticas sociales y educativas, existe una fisura ética reciente. Poco después de que el Senado uruguayo aprobara la ley de eutanasia, León XIV recibió a Orsi en el Vaticano para conversar sobre problemas demográficos y cuestiones éticas, evidenciando la oposición frontal entre la Iglesia y la agenda del Frente Amplio en este tema.
El vínculo más complejo será el de Perú, donde León XIV será recibido por la presidenta electa Keiko Fujimori. Fujimori representa un liberalismo conservador en lo económico y mantiene vínculos con sectores católicos y evangélicos conservadores; su boda en 2004 fue oficiada por el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne. Sin embargo, el conflicto central es biográfico. Antes de ser papa, Robert Prevost vivió el fujimorismo desde adentro como misionero agustino y párroco en Trujillo durante los años noventa.
En aquel periodo de guerra interna y régimen autoritario, Prevost impulsó la recolección de firmas para crear la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la cual determinó la muerte de más de 60.000 personas. El actual pontífice participó en protestas contra los abusos del gobierno de Alberto Fujimori bajo la premisa "si quieres la paz, trabaja por la justicia". Años más tarde, en 2017, ya como obispo, repudió el indulto a Alberto Fujimori y exigió que el expresidente pidiera perdón personal por las injusticias cometidas.
Además, la visita peruana carga con el pendiente del caso Sodalicio de Vida Cristiana, cuya disolución fue impulsada por Prevost y firmada por Francisco antes de fallecer, dejando a colectivos de víctimas esperando que el encuentro no sea meramente protocolar. Finalmente, el retraso en el anuncio oficial de la gira se debió, según trascendió, a la ajustada segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, situación que la Santa Sede prefirió no cruzar con un posible escenario de conflicto poselectoral.

