La esgrimista gallega María Mariño se prepara para afrontar el Mundial de esgrima de Hong Kong, que se celebrará del 22 al 30 de julio, en un momento de plenitud deportiva. La tiradora hará su debut en la competición individual el próximo 24 de julio, llegando a la cita asiática respaldada por un reciente y exitoso paso por el Campeonato Europeo.
En dicha competición continental, Mariño alcanzó un histórico bronce individual, convirtiéndose en la primera española en lograr una medalla en esta modalidad. En el camino hacia el podio, solo pudo ser frenada en semifinales por la ucraniana Olga Sopit, quien se impuso con un resultado de 15-8. Este éxito personal se suma al logro colectivo obtenido el año pasado en Génova, donde el equipo español, compuesto por Teresa Díaz, María Mariño, Ariadna Tucker y Andre Breteau, conquistó también un histórico bronce europeo.
Para Mariño, estos resultados representan la culminación de un proceso complejo que ella misma describe como un paso "de cero a cien". La realidad actual del florete femenino en España dista mucho de la situación vivida hace poco más de una década, cuando ni siquiera existía una selección nacional femenina en esta arma. Dos hitos que, según la propia atleta, parecían inalcanzables o imposibles en aquel entonces.
El camino de María Mariño estuvo marcado por la soledad y la autogestión en sus inicios. Al trasladarse al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid en 2012, se encontró con que era la única mujer practicando florete. Esta circunstancia la obligó a entrenar con el equipo masculino y bajo la dirección del maestro Jesús Esperanza. La carencia de una estructura federativa en aquel momento era tan profunda que las tiradoras tuvieron que costear de sus propios bolsillos los gastos de viaje, alojamiento e inscripción para sus primeras competiciones como equipo nacional.
Fue entre los años 2015 y 2016 cuando Mariño y sus compañeras comenzaron a crear el equipo de florete femenino desde cero. Sin referentes claros ni apoyo institucional inicial, el talento y el esfuerzo personal de las deportistas fueron los motores que impulsaron el proyecto. Esta trayectoria de lucha ha forjado, según reflexiona la esgrimista, un carácter especial en la pista, dotándolas de una capacidad de lucha impresionante basada en el conocimiento del sacrificio necesario para llegar a la élite.
A sus 33 años, la gallega comienza a recoger los frutos de una vida dedicada a este deporte. Aunque su padre, Manuel Mariño, es maestro de esgrima, María comenzó la práctica de forma tardía, a los 9 años. Previamente había realizado atletismo, pero fue ella quien solicitó probar la esgrima en el Club de Vigo 'El Olivo'. Debido a la falta de compañeras de entrenamiento con un nivel competitivo suficiente en su entorno cercano, se vio obligada a emigrar al CAR de Madrid para seguir progresando. Su primera incursión en la competición internacional senior tuvo lugar en el Preolímpico de los Juegos de Londres 2012.
Un punto de inflexión determinante ocurrió tras la pandemia del Covid-19, cuando decidió mudarse a Italia. Tras finalizar su carrera de Psicología, Mariño buscó alcanzar su máximo nivel técnico y táctico instalándose cerca de Roma. Su pareja, Carlos Llavador, también tirador, entrenaba en el Palestra Simoncelli Frascati, reconocido como uno de los mejores clubes del mundo.
En Italia, potencia mundial de la esgrima con 135 medallas olímpicas, Mariño ha trabajado bajo la tutela de Luca Simoncelli, considerado uno de los mejores entrenadores globales. Entrenar diariamente en un grupo compuesto por campeonas olímpicas, mundiales y europeas le ha permitido evolucionar significativamente.
La apuesta de la Federación española por el equipo femenino se consolidó tras la sexta plaza obtenida en el Mundial de 2022. Gracias a ese respaldo y a la base construida previamente por el equipo, Mariño pudo alcanzar la medalla de bronce individual. Con el camino ya trazado y el nivel demostrado, la tiradora gallega llega a Hong Kong con la convicción de que ya no existen los imposibles y que es momento de soñar a lo grande.


