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España y Argentina: de la Finalissima cancelada a la final del Mundial en Nueva York

España y Argentina disputarán el domingo la final del Mundial, jugando por fin el encuentro que no pudo celebrarse el pasado mes de marzo en la Finalissima.

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España y Argentina: de la Finalissima cancelada a la final del Mundial en Nueva York
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España y Argentina se enfrentarán el próximo 19 de julio en Nueva York para disputar la gran final del Mundial. Este duelo cierra un ciclo de tensión que comenzó en marzo con la cancelación de la Finalissima en Catar debido a conflictos geopolíticos, un episodio que generó fuertes desacuerdos entre la RFEF y la AFA. La Roja llega a la cita con un juego sólido y dominante, mientras que la Albiceleste ha avanzado a base de coraje y remontadas heroicas. El encuentro promete ser un choque generacional histórico, enfrentando el legado de Leo Messi contra la irrupción de Lamine Yamal en la lucha por el trono del fútbol mundial.

El próximo 19 de julio, la ciudad de Nueva York se convertirá en el epicentro del fútbol mundial al albergar el enfrentamiento entre España y Argentina. Este duelo, que culminará en la final de un Mundial, llega cargado de una narrativa de espera y tensión que se remonta a unos meses atrás, cuando el destino parecía jugar en contra de quienes deseaban ver a las dos selecciones enfrentarse en el terreno de juego.

Todo comenzó el 15 de marzo de 2026, fecha en la que la UEFA anunció la suspensión de la Finalissima. El encuentro, que debía disputarse el viernes 27 del mismo mes en Catar, representaba el choque más anhelado por la afición, al reunir a la campeona de Europa con la campeona del mundo y de América. Sin embargo, la realidad geopolítica se impuso al deporte; el conflicto en Oriente Medio impidió que el partido se llevara a cabo, ya que la situación bélica en la región no ofrecía las garantías necesarias para asegurar la celebración del evento en Catar.

La cancelación de la Finalissima no pasó desapercibida y generó una profunda controversia. Mientras que la suspensión en sí misma era comprensible debido a la falta de seguridad, el camino posterior estuvo marcado por el desacuerdo entre las instituciones. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y la UEFA exploraron diversas alternativas para evitar que el partido quedara en el olvido. Entre las opciones propuestas figuraban el traslado del encuentro a otra sede o la implementación de un formato de ida y vuelta, con partidos disputados en ambos países.

A pesar de estos esfuerzos, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) mantuvo una postura cerrada, negándose tanto a buscar una ubicación alternativa como a aceptar una fecha distinta para el encuentro. Ante esta situación, la RFEF emitió un comunicado oficial en el que dejó clara su disposición y voluntad de competir. El escrito rezaba: "España estaba dispuesta a jugar tal y como se ha señalado siempre. No ha puesto condiciones. España ha ofrecido, de la mano de UEFA, todas las posibilidades, a pesar de lo cual, y dada la situación, la Finalissima ha sido cancelada".

Aunque aquel episodio pareció cerrar la puerta a un duelo inmediato, el sorteo y el desarrollo del Mundial reabrieron la posibilidad. Inicialmente, la disposición de los grupos sugería que España y Argentina podrían haberse cruzado ya en los dieciseisavos de final, en caso de que una de las dos terminara como primera de grupo y la otra como segunda. No obstante, la eficacia de ambas selecciones en la fase de grupos aplazó este encuentro hasta la instancia máxima: la gran final.

El camino hacia Nueva York ha sido distinto para cada selección. La Roja ha avanzado en el torneo con una solvencia notable, mostrando un juego superior frente a rivales de alta jerarquía. Sus victorias ante Portugal y Francia han sido el reflejo de un equipo sólido y dominante que llega a la final en un estado de forma envidiable. Por su parte, Argentina ha llegado a la cita final apoyándose en su identidad característica. La Albiceleste ha brindado una exhibición de raza y coraje, superando adversidades extremas. El vigente campeón del mundo tuvo que luchar en dos prórrogas, una ante Cabo Verde y otra ante Suiza, además de protagonizar dos remontadas heroicas frente a Egipto e Inglaterra.

Más allá de los resultados, este partido representa el choque entre dos eras y dos figuras emblemáticas. Es la batalla entre Leo Messi, reconocido como el mejor jugador de la historia, y Lamine Yamal, la joven estrella que actualmente oposita a sucederle en el trono del fútbol mundial. Este deseo de superación ya se sentía entre la afición española; tras la victoria ante Francia en el Estadio Dallas, los seguidores de la Roja expresaban que era necesario ganar a los argentinos para poder decir "aquí hemos llegado".

Para los analistas y periodistas que han seguido la trayectoria de la Roja, el respeto hacia Argentina es evidente. La selección albiceleste ha demostrado una consistencia extraordinaria, alcanzando la final en tres de los cuatro últimos campeonatos del mundo. De este modo, el encuentro del 19 de julio no es solo una final más, sino la resolución de una espera que comenzó con una cancelación en marzo y que culmina en uno de los escenarios más determinantes del deporte.

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