El oriente del país se encuentra actualmente en un estado de alerta debido a las intensas precipitaciones registradas en los últimos días. El incremento sostenido en el caudal de diversos ríos ha generado una situación crítica que mantiene en vilo tanto a las autoridades competentes como a las familias residentes en las zonas más vulnerables. Estas condiciones climáticas han derivado en inundaciones considerables, daños severos en la producción agrícola y serios problemas de acceso terrestre en los departamentos de Gracias a Dios y Olancho.
En el departamento de Gracias a Dios, la situación ha alcanzado niveles alarmantes, especialmente en el municipio de Wampusirpi. En esta zona, aproximadamente 60 comunidades que se encuentran asentadas a lo largo de la ribera del río Patuca han sufrido los efectos directos de las inundaciones. Este fenómeno ha sido provocado por el volumen de lluvias asociadas al paso de ondas tropicales, que elevaron el nivel del afluente hasta desbordarlo.
Ezequiel Cruz, subcomisionado departamental de la Comisión Permanente de Contingencias, informó que, aunque las aguas comenzaron a presentar un leve descenso hacia las 4:00 de la tarde del pasado domingo, el impacto ya era considerable. Según las explicaciones del funcionario, la vulnerabilidad de la zona es alta debido a que la mayoría de las comunidades del municipio están ubicadas en las inmediaciones del río Patuca, lo que facilitó que numerosas familias se vieran afectadas por el desbordamiento.
El subcomisionado Cruz destacó la rapidez con la que evolucionó la emergencia, señalando que la población no contaba con la preparación necesaria para enfrentar este escenario. “Nuestra gente no estaba preparada; veníamos de una sequía pronosticada y de un momento a otro amanecimos con el río desbordado”, manifestó el funcionario, subrayando el contraste climático abrupto que sufrió la región.
Uno de los impactos más preocupantes en Gracias a Dios es la destrucción de los cultivos. Dado que gran parte de las familias locales dependen exclusivamente de la agricultura para obtener sus ingresos económicos y su alimentación diaria, las pérdidas representan un golpe duro a la economía familiar. Si bien las autoridades han confirmado que no se reportan víctimas mortales hasta el momento, existe una advertencia clara sobre la posibilidad de que se desencadene una crisis alimentaria en la región si no se implementa una asistencia oportuna y efectiva.
Simultáneamente, en el departamento de Olancho, el panorama es igualmente complejo. Las lluvias provocaron el desbordamiento del río Pataste en el sector de Río Tinto, ubicado en el municipio de Catacamas. Esta situación ha dejado a varias comunidades incomunicadas y ha generado pérdidas significativas tanto en la actividad agrícola como en la ganadera.
Específicamente, las aldeas de Hato Viejo y La Sabana permanecen aisladas. El motivo es que el agua sobrepasó el puente conocido como Hato Viejo, el cual constituye la principal vía de comunicación para los habitantes de esta zona productiva. Reportes locales indican que la crecida del río se ha mantenido durante más de 16 horas sin mostrar una disminución significativa en su nivel.
La gravedad de la situación en el puente de Hato Viejo se ha visto agravada por la fuerza de la corriente, que arrastró ramas y troncos de gran tamaño. Estos escombros han quedado atrapados bajo la estructura del puente, lo que no solo obstaculiza el flujo natural del agua, sino que incrementa el riesgo de daños estructurales adicionales. Ante esto, los pobladores han solicitado la intervención urgente de maquinaria pesada, ya sea a través de la Municipalidad de Catacamas o de Copeco, para retirar la madera acumulada y permitir que el caudal descienda.
En cuanto a las pérdidas materiales en Olancho, se reportan daños directos en parcelas de maíz y frijol, luego de que el agua ingresara en las zonas de siembra, afectando la inversión de los productores agrícolas. Asimismo, el sector ganadero ha sufrido pérdidas, con el reporte de varias reses que fueron arrastradas por la corriente durante la madrugada, momento en que el nivel del río alcanzó su punto más alto debido a las constantes lluvias.
Ante la magnitud de los daños en ambos departamentos, las comunidades afectadas han hecho un llamado urgente a la intervención de Copeco, las autoridades municipales y otras instituciones del Estado. Las solicitudes se centran en el restablecimiento inmediato de los accesos terrestres, la realización de una evaluación detallada de los daños, la entrega de ayuda humanitaria y el apoyo financiero o técnico para los productores que perdieron sus cosechas y ganado. Finalmente, los pobladores instan a la implementación de acciones preventivas para mitigar el impacto de futuras crecidas en las zonas más vulnerables del territorio nacional.


