En la ciudad de Itá, el ingenio y la perseverancia han encontrado un exponente particular en la figura de don Éver Verza. Sin contar con una formación académica en mecánica, este hombre ha logrado transformar un pasatiempo personal en una serie de creaciones que pueden calificarse como verdaderas obras de ingeniería casera. Desde hace tres años, Verza se dedica a la fabricación de llamativos camioncitos que, a pesar de su tamaño reducido, cuentan con la potencia de motores de motocarga, logrando despertar la curiosidad y el interés de personas provenientes de diversos puntos del país.
La trayectoria de don Éver en el mundo de las miniaturas no comenzó con motores. En sus inicios, el artesano aprovechaba su habilidad manual para confeccionar camiones de madera, los cuales destinaba a la venta durante fechas especiales como el Día del Niño y los Reyes Magos. Sin embargo, con el tiempo, su ambición creativa lo llevó a dar un salto tecnológico, comenzando a adaptar motores de motocarga para dotar a sus vehículos de funcionalidad y movimiento, evolucionando así de los juguetes sencillos a máquinas operativas.
Entre sus creaciones más recientes destaca un modelo que ha captado la atención por su peculiar denominación: el modelo “antisuegra”. Este vehículo se caracteriza por tener un espacio limitado, diseñado exclusivamente para transportar a dos personas. A pesar de su compacta cabina, la capacidad de carga de la carrocería es sorprendente, ya que puede soportar hasta 250 kilos de peso, lo que demuestra que el diseño no solo busca la estética, sino también la utilidad práctica.
El proceso de fabricación de estos vehículos es meticuloso y requiere de una inversión considerable de tiempo y recursos. Don Éver dedica sus días libres a dar forma a cada unidad, prestando especial atención a los detalles más mínimos para asegurar un acabado de calidad. Según relató el propio creador, la terminación de un solo camioncito puede demorar aproximadamente dos meses. Este periodo es necesario debido a la complejidad del ensamblaje y a la necesidad de adquirir diversas piezas que representan un costo económico significativo.
En cuanto a las especificaciones técnicas, estas máquinas no dejan nada al azar. Los vehículos están equipados con sistemas de iluminación completos y cuentan incluso con autorradio para el confort del conductor. En términos de rendimiento, don Éver aseguró con orgullo que sus creaciones pueden alcanzar una velocidad de hasta 70 kilómetros por hora, una cifra considerable para la naturaleza artesanal de los automóviles. El creador afirma que sus diseños no tienen nada que envidiar a un "chileré", haciendo referencia a la robustez y funcionalidad de sus acabados.
A pesar del éxito y la visibilidad que han obtenido sus trabajos, don Éver Verza no puede dedicarse a tiempo completo a este oficio. Para sostener a su familia, el hombre desempeña un empleo como vendedor de quiniela, actividad que ocupa la mayor parte de su jornada laboral. Es precisamente en sus espacios de ocio donde el "karai" de Itá despliega su capacidad inventiva, basándose enteramente en su imaginación. Don Éver sostiene que nadie le enseñó el oficio, sino que posee toda la estructura y el funcionamiento de los vehículos grabados en su mente.
El alcance de sus creaciones ha trascendido las fronteras de su localidad gracias a las redes sociales. Tras subir videos de sus camioncitos a su cuenta de TikTok, la respuesta del público fue inmediata, generando un flujo constante de llamadas y consultas de personas interesadas en su trabajo. Un ejemplo tangible de este interés es la venta de una de sus unidades, la cual llegó hasta Filadelfia, en el Chaco, demostrando la capacidad de sus vehículos para trasladarse a distancias considerables.
Actualmente, don Éver se encuentra trabajando en un nuevo modelo al que solo le falta la instalación de la carrocería. Aunque menciona que todavía no cuenta con pedidos formales acumulados, reconoce que el impacto visual y la curiosidad que generan sus máquinas son evidentes. Su historia es un testimonio de cómo la paciencia y el deseo de aprender pueden convertir una pasión en un proyecto tangible que sorprende a toda una comunidad.


