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De los cuarteles a la medicina veterinaria: la historia de superación de Amanda Maray

Esta es la historia de Amanda. De esa Amanda a la que nunca le ha temblado el pulso al decidir. La que tiene el lujo juvenil de averiguarse a diario. La que entendió que algunas cosas solo se aprenden cuando duelen. Y ella nunca le ha tenido miedo al dolor

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De los cuarteles a la medicina veterinaria: la historia de superación de Amanda Maray
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Amanda Maray Torres Fernández desafió los prejuicios y las adversidades para cumplir su sueño de servir en el ejército. A través del Servicio Militar Voluntario Femenino en la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, la joven transformó el rigor y la disciplina en herramientas de crecimiento personal, demostrando su temple y capacidad en un entorno predominantemente masculino. Más allá del uniforme, Amanda es una joven polifacética con una profunda vocación por la medicina veterinaria y el bienestar animal. Su identidad se complementa con pasiones artísticas que van desde la escritura en Wattpad y el baile K-pop hasta el cine, consolidándose como un ejemplo de determinación y autenticidad que rechaza los moldes convencionales.

Amanda Maray Torres Fernández es una joven que ha hecho de la determinación su bandera. En un mundo donde muchos buscan el camino de menor resistencia, ella ha optado por transitar rutas no convencionales, impulsada por una curiosidad insaciable y una voluntad inquebrantable. Su historia es la de alguien que no teme al dolor ni al error, entendiendo que el crecimiento personal a menudo surge de las experiencias más exigentes.

Desde temprana edad, Amanda sintió una atracción especial por la vida militar, influenciada por los programas de Farvisión. Sin embargo, el camino hacia ese objetivo no estuvo exento de obstáculos. Tras terminar la secundaria, no pudo ingresar a los Camilitos, lo que la llevó a optar por la aula vocacional del Ministerio del Interior durante su preuniversitario. A pesar de dedicar tres años a cultivar esa curiosidad, en el duodécimo grado recibió la noticia de que no era apta.

Lejos de rendirse ante los reveses, Amanda mantuvo su promesa consigo misma. Buscó una alternativa a través de la Orden 18 para estudiar Medicina Veterinaria, una carrera que había soñado desde la infancia. No obstante, decidió que el Servicio Militar Voluntario Femenino era la vía idónea para alcanzar sus metas, rechazando la opción de presentarse a las pruebas tradicionales de ingreso a la Educación Superior, a pesar de contar con el índice académico y la capacidad intelectual para lograrlo sin complicaciones.

Su destino fue la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, específicamente en el Batallón del Oeste, donde desarrolló su vida durante poco más de un año. Para Amanda, esta etapa no fue un atajo, sino un proceso de forja. Sometida al rigor y la disciplina, recibió preparación combativa y resistencia física, enfrentando jornadas agotadoras que pusieron a prueba su temple. En este entorno, la joven afirma haber crecido en independencia, organización y responsabilidad, especialmente en el manejo de armas de fuego.

Más allá de la instrucción técnica, Amanda destaca el valor humano de la experiencia. Resalta el vínculo creado con sus compañeras y la comprensión de que, detrás de la rigidez del uniforme, los oficiales son seres humanos sensibles que han renunciado a su vida civil para defender la Patria. Frente a las críticas externas sobre el adoctrinamiento o la pérdida de libertad, Amanda sostiene con sinceridad que se sintió formada en valores de los que muchos jóvenes actuales carecen, defendiendo el componente histórico e ideológico del servicio.

La experiencia no estuvo libre de dificultades. Estar lejos de su familia y ser consciente de la proximidad de la Base Naval, considerada el enemigo eterno de Cuba, representaron desafíos psicológicos considerables. Sin embargo, al concluir su servicio, el sentimiento predominante no fue el alivio, sino un vacío provocado por la nostalgia de las risas y la camaradería vivida en el batallón.

Desde una perspectiva profesional, Amanda se siente ahora en ventaja. Al haberse licenciado, su servicio militar se contabiliza como servicio social, lo que le permitirá incorporarse directamente al mundo laboral al graduarse. Además, sostiene que el servicio militar fortalece el carácter y elimina rasgos de inmadurez comunes en los recién graduados de bachillerato.

Como mujer en un entorno predominantemente masculino, Amanda enfrentó prejuicios. Familiares y conocidos cuestionaron su decisión, sugiriendo que esa vida no era para las mujeres o que no lograría terminarla. No obstante, ella describe la satisfacción de haber "callado muchas bocas" y haber demostrado su capacidad, sintiéndose respetada y admirada por sus pares.

Pero Amanda es mucho más que su paso por el ejército. Su verdadera pasión es la veterinaria, con el sueño firme de fundar una clínica que funcione también como refugio para animales necesitados. En sus tiempos libres, encuentra refugio en la escritura, manteniendo historias en la plataforma Wattpad, y en el baile, siendo integrante del grupo Frassmoon, donde se especializa en K-pop y Pop.

Asimismo, ha explorado el séptimo arte a través del proyecto Cámara Chica, específicamente en la rama de Pupilas en Acción en Guantánamo, desempeñándose como actriz, guionista y maquillista. A pesar de ser calificada como "rara" por algunos debido a su diversidad de intereses y su personalidad sencilla, Amanda se mantiene fiel a sí misma, construyendo su propia identidad sin intentar encajar en moldes ajenos.

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