El norte de Venezuela sigue sumido en la tragedia tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el pasado 24 de junio. El recuento oficial asciende ya a 4.118 fallecidos, una cifra que continúa aumentando mientras las labores de búsqueda, rescate y entierros persisten después de dos semanas y media.
El impacto humano es devastador. Se reportan 16.740 heridos que requieren atención médica continua y apoyo familiar. Según informó Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, los equipos de emergencia han atendido hasta el momento a 86.794 familias. La crisis habitacional es crítica: 17.907 personas han sido desplazadas, de las cuales 17.266 permanecen en 89 campamentos transitorios, mientras que el paradero de 641 personas sigue siendo desconocido.
En cuanto a la infraestructura, el daño es profundo. Las autoridades contabilizan 856 edificios afectados, incluyendo viviendas, escuelas y hospitales, de los cuales 190 colapsaron totalmente. Se estima que las reparaciones podrían tardar meses o incluso años.
Para mitigar la emergencia, la maquinaria de ayuda humanitaria ha distribuido 9.766 toneladas de alimentos y 13,9 millones de litros de agua. El despliegue operativo en el terreno cuenta con 30.076 efectivos militares y de seguridad, además de 29.843 voluntarios dedicados a tareas de rescate y apoyo psicológico.
La inestabilidad del terreno persiste. Desde el evento inicial, se han registrado 1.171 réplicas. La más reciente, de magnitud 3,9, ocurrió este viernes sin reportar nuevos daños ni víctimas. Ante este escenario, la recomendación para los residentes es desalojar los inmuebles ante cualquier sacudida, una medida de precaución que se ha vuelto rutina para miles de venezolanos en las últimas tres semanas.
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