A dos semanas de que un doble terremoto azotara el territorio venezolano, afectando con especial severidad la zona de La Guaira, la dinámica de los servicios de emergencia ha experimentado una transición fundamental. Lo que inicialmente comenzó como una carrera contra el tiempo para rescatar a sobrevivientes entre los escombros, se ha transformado ahora en una labor de acompañamiento y recuperación emocional. El enfoque de las brigadas y organizaciones humanitarias ha pasado de la urgencia física a la prioridad psicológica.
Este cambio de fase en la gestión de la catástrofe natural pone de relieve la vulnerabilidad de sectores específicos de la población que han quedado marcados por los eventos sísmicos. Según la información proporcionada por Elena Cáceres, coordinadora de Médicos del Mundo en Venezuela, la atención se ha centrado prioritariamente en dos grupos que han resultado fuertemente impactados por la tragedia: los adolescentes y los rescatistas no profesionales.
En el caso de los adolescentes, el impacto de un desastre de esta magnitud conlleva secuelas que van más allá de lo material. La pérdida de estabilidad y el trauma vivido durante los sismos requieren una intervención especializada para evitar que el daño emocional se cronifique. Por ello, los servicios de emergencia han reorganizado sus recursos para ofrecer ayuda psicológica dirigida a este grupo etario, reconociendo que la etapa de desarrollo en la que se encuentran hace que la gestión del trauma sea una prioridad inmediata para garantizar su bienestar a largo plazo.
Paralelamente, ha surgido una necesidad crítica de atención para aquellos ciudadanos que, sin contar con una formación técnica o profesional en labores de salvamento, se volcaron a ayudar en los momentos más críticos del desastre. Estos rescatistas no profesionales, impulsados por la solidaridad y la urgencia de salvar vidas en La Guaira, se expusieron a situaciones de alta tensión y estrés traumático. El hecho de haber enfrentado la crudeza de la catástrofe sin las herramientas psicológicas de protección que posee un rescatista entrenado ha dejado una huella profunda en su salud mental.
La coordinación de Médicos del Mundo, a través de Elena Cáceres, subraya que el impacto en estos voluntarios es considerable. La exposición directa al sufrimiento ajeno y la presión de los primeros días tras el doble terremoto han generado un cuadro de afectación que ahora demanda una respuesta institucional. La ayuda psicológica ya no es un complemento, sino el eje central de la operatividad de los servicios de emergencia en esta segunda etapa posterior al evento.
El despliegue de los servicios de emergencia en La Guaira refleja la evolución natural de cualquier respuesta ante desastres: una vez que la fase de búsqueda y rescate llega a su fin o disminuyen las probabilidades de hallar sobrevivientes, emerge la fase de recuperación. En Venezuela, esta recuperación se está centrando en sanar las heridas invisibles. La transición de la urgencia del rescate a la urgencia del apoyo mental es el paso necesario para que la comunidad afectada pueda iniciar el proceso de reconstrucción personal y social.
En conclusión, el escenario actual en Venezuela, catorce días después de la doble sacudida sísmica, es el de una lucha contra el trauma. Con el apoyo de organizaciones como Médicos del Mundo, se busca mitigar el impacto emocional en quienes fueron testigos y protagonistas de la tragedia, asegurando que tanto los jóvenes como los ciudadanos que ayudaron desinteresadamente reciban la atención profesional necesaria para superar el impacto de la catástrofe natural.


