La tensión ha alcanzado su punto máximo en la antesala del enfrentamiento entre las selecciones de Estados Unidos y Bélgica por los octavos de final del Mundial 2026. La Federación Belga de Fútbol (RBFA) ha intensificado sus esfuerzos legales y administrativos para intentar que la FIFA revierta una decisión que ha generado una ola de indignación: la anulación de la tarjeta roja del delantero estadounidense Folarin Balogun.
El conflicto se originó durante los dieciseisavos de final, cuando Balogun fue expulsado en el partido frente a Bosnia y Herzegovina. Sin embargo, el pasado domingo 5 de julio, la FIFA decidió levantar la suspensión del futbolista. Esta determinación ha sido vinculada a una presunta llamada telefónica realizada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al presidente del organismo rector del fútbol mundial, Gianni Infantino. Según reportes de El País de España, citando a diversos medios europeos, la federación belga ha iniciado un último intento de apelación justo antes del partido programado para este lunes a las 21:00 horas.
El factor tiempo es el obstáculo más crítico para los "Diablos Rojos". Conforme a la información proporcionada por los medios belgas Le Soir y VRTnews, la RBFA envió una misiva formal a la FIFA. El organismo interpretó este documento como una solicitud de apelación, lo que llevó a la designación de un árbitro de su comité de apelaciones para emitir una resolución de carácter urgente. La federación belga se encuentra actualmente preparando todas sus pruebas disponibles para intentar obtener un fallo favorable antes de que el balón comience a rodar en el campo.
La controversia se ha agravado con revelaciones adicionales. El diario La Libre informó que, durante la reunión de coordinación obligatoria entre las delegaciones de ambos países celebrada este domingo, los delegados belgas notaron una irregularidad alarmante: el informe que detalla las suspensiones automáticas había sido eliminado. Según esta fuente, dicha página había estado presente en todas las reuniones previas de los partidos anteriores, lo que sugiere una manipulación administrativa para facilitar la participación de Balogun.
El impacto de este caso ha sido tal que la prensa belga ya lo ha bautizado como el "Balogun Gate". La gravedad de la situación es subrayada por el diario The New York Times, que señala que este cambio de decisión es sumamente inusual. De confirmarse la participación del jugador, sería la primera vez desde el año 1962 que la FIFA permite que un futbolista dispute un encuentro mundialista habiendo sido previamente expulsado y suspendido.
El medio estadounidense también ha puesto el foco en la relación entre Gianni Infantino y Donald Trump. Se menciona que el presidente de la FIFA ha buscado congraciarse con el mandatario estadounidense durante años. Como ejemplo de este vínculo, se recordó que el año pasado la FIFA otorgó a Trump el Premio de la Paz de la FIFA, coincidiendo con la campaña pública del presidente para intentar obtener el Premio Nobel de la Paz.
La intervención de la administración Trump en el caso fue directa. Funcionarios de alto rango, incluyendo al secretario de Comercio, Howard Lutnick, y al director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre la Copa del Mundo, Andrew Giuliani, contrataron abogados especializados para ayudar a la Federación de Fútbol de Estados Unidos en el proceso de apelación. Este movimiento se realizó a pesar de que las normas internas de la FIFA suelen prohibir este tipo de apelaciones. El argumento técnico presentado por los directivos estadounidenses fue que la tarjeta roja a Balogun fue mostrada indebidamente, alegando que no debieron utilizarse las repeticiones de video en cámara lenta para determinar la sanción, aunque el uso de dichas revisiones es una práctica común en el fútbol moderno.
La indignación belga aumentó cuando el propio Donald Trump agradeció públicamente a la FIFA a través de sus redes sociales, afirmando que el organismo hizo lo correcto al "revertir una gran injusticia". Ante esto, el seleccionador de Bélgica, Rudi García, reaccionó con ironía, declarando que no sabía que el 5 de julio se había convertido en el "día de los inocentes".
Mientras la RBFA analiza todas las alternativas posibles para frenar la participación del delantero, los medios belgas advierten que el caso podría escalar hasta el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), buscando una resolución definitiva sobre la legalidad de esta decisión.


