La ciudad de Santiago de Cuba se ha convertido nuevamente en el epicentro de las expresiones artísticas y tradicionales de la región con la celebración de la edición número 45 de la Fiesta del Fuego. Este evento, que se ha consolidado a través de las décadas como uno de los espacios de culturas populares y tradicionales más significativos de América Latina, fue organizado, como es costumbre, por la Casa del Caribe.
Para comprender la magnitud de este encuentro, es necesario remitirse a sus orígenes. El festival nació entre el 16 y el 19 de abril de 1981, surgiendo en el marco de las actividades programadas para conmemorar el XX Aniversario del Conjunto Folklórico de Oriente. En aquel momento, el evento fue bautizado como el I Festival de Artes Escénicas de Origen Caribeño. Fue posteriormente, a partir del año 1997, cuando el encuentro comenzó a ser conocido bajo el nombre de Fiesta del Fuego, denominación que mantiene hasta la actualidad y que engloba la esencia de sus celebraciones.
En esta cuadragésima quinta edición, la organización implementó un cambio estratégico en la distribución de sus actividades. El enfoque principal de este año estuvo centrado en los espacios comunitarios, con el objetivo fundamental de llevar el arte directamente a la gente, descentralizando las manifestaciones culturales para que los ciudadanos pudieran acceder a ellas en sus propios entornos cotidianos.
La Fiesta del Fuego 2026 dedicó su programación íntegramente a la diversidad étnica y cultural de Colombia. El país sudamericano, poseedor de una amplia fachada caribeña, se hizo presente en Santiago de Cuba para exponer la vasta riqueza de sus tradiciones. La delegación colombiana presentó una muestra representativa de sus raíces afrodescendientes, indígenas, mestizas y raizales, utilizando para ello una combinación de exhibiciones culturales y eventos teóricos.
Durante el desarrollo del festival, se puso de relieve que la herencia del Caribe colombiano se manifiesta a través de ritmos emblemáticos como la cumbia, el vallenato y el bullerengue, además de las diversas expresiones propias del Carnaval de Barranquilla. Estas manifestaciones artísticas fueron analizadas bajo la premisa de que comparten una raíz histórica innegable con Cuba, producto de la diáspora africana y los procesos de resistencia indígena que marcaron a ambas naciones.
Uno de los momentos más emblemáticos y esperados por los asistentes fue la tradicional Quema del Diablo. En esta edición, la ceremonia se llevó a cabo de manera excepcional en la comunidad Portuondo. Este ritual representa un acto de purificación colectiva, simbolizando la despedida de las energías negativas y la manifestación de esperanza hacia un nuevo ciclo para todos los pueblos que integran la cuenca del Caribe.
El programa cultural de la Fiesta del Fuego fue amplio y diversificado, integrando una serie de talleres especializados. Estas sesiones formativas abarcaron disciplinas como el teatro, la danza, las artes plásticas y la poesía, además de dedicar un espacio al estudio de la religiosidad popular. Como novedad en esta edición, el evento incorporó por primera vez un espacio dedicado específicamente a la cultura alimentaria, reconociendo la gastronomía como parte esencial de la identidad caribeña.
En el plano intelectual, el festival contó con la realización del Coloquio El Caribe que nos une. Este espacio se erige como el principal encuentro teórico de la fiesta, permitiendo el debate y la reflexión sobre los vínculos que cohesionan a las naciones de la región.
Con el desarrollo de estas actividades, la Fiesta del Fuego reafirma su compromiso con la preservación de las identidades populares, fortaleciendo los lazos culturales entre Cuba y Colombia, y manteniendo viva una tradición que comenzó hace más de cuatro décadas en el oriente cubano.

