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Pasión en Planaltina: La familia Salles se une por el sueño del Hexacampeonato

Família Sales abriu as portas de casa, na Rua Brasil Rumo ao Hexa, em Planaltina (DF), para reunir amigos e familiares e manter viva a tradição de acompanhar os jogos da Seleção durante a Copa do Mundo

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Pasión en Planaltina: La familia Salles se une por el sueño del Hexacampeonato

En el corazón de Planaltina, la Rua Brasil Rumo ao Hexa se convirtió este domingo 5 de julio en el epicentro de una pasión que trasciende lo deportivo para transformarse en un acto de unión familiar. La familia Salles, manteniendo una costumbre que ha pasado de generación en generación, abrió las puertas de su hogar para reunir a un nutrido grupo de amigos y parientes con un único objetivo: seguir el enfrentamiento entre las selecciones de Brasil y Noruega en los octavos de final de la Copa del Mundo.

La residencia de los Salles no fue simplemente un lugar de encuentro, sino que se metamorfoseó en una verdadera arquibancada improvisada. El entorno estuvo impregnado de los colores nacionales, donde las banderas y las emblemáticas camisetas de la Selección brasileña decoraban el espacio, creando una atmósfera de estadio dentro de la casa. Entre los asistentes, el intercambio de palpites y expectativas sobre el desarrollo del juego mantuvo el ánimo elevado, aunque la tensión fue una constante durante el transcurso del encuentro.

La primera mitad del partido estuvo marcada por una carga emocional intensa. La torcida experimentó momentos de angustia, especialmente tras la pérdida de un penalti que dejó a los presentes en un estado de nerviosismo. Paulo Sérgio, de 56 años, fue uno de los protagonistas de estas reflexiones durante el descanso. Para él, el primer tiempo fue angustiante debido a la oportunidad desperdiciada desde el punto penal, pero mantuvo una visión optimista sobre el desempeño del equipo en la etapa final.

Paulo Sérgio analizó que, si bien el rival había mostrado un juego basado en la fuerza, la clave para la victoria brasileña residiría en la habilidad técnica. Según su perspectiva, el equipo tiene la capacidad de dar la vuelta al marcador utilizando su destreza característica. En medio de sus predicciones, Paulo Sérgio señaló a Rayan como el posible héroe de la partida, apostando por que el jugador sería el factor determinante para conseguir el triunfo.

Por otro lado, Lays Miranda, de 22 años, describió el sentimiento de nerviosismo como un componente intrínseco de la experiencia de apoyar a la Selección. Para Lays, la tensión fue total y cada jugada generaba una sensación de desesperación colectiva. En un análisis sobre la identidad del aficionado, afirmó que el brasileño ha nacido para sufrir, sugiriendo que este sufrimiento es parte del camino necesario mientras se mantiene la expectativa de que el sexto título mundial, el anhelado "hexa", finalmente llegue.

Lays también destacó un elemento adicional que aumentó las expectativas del grupo: la presencia de Endrick en el equipo. Al ser un jugador originario de Brasilia, el vínculo local generó una conexión más fuerte y una mayor ilusión entre los presentes en Planaltina. No obstante, más allá del resultado deportivo, Lays subrayó la importancia del valor sentimental de la reunión. Explicó que, desde que tiene memoria, su familia siempre se ha reunido en ese hogar para seguir los mundiales, asegurando que no recuerda ninguna Copa del Mundo que haya pasado lejos de sus seres queridos.

El anfitrión de la jornada, Wanderlei Salles, de 57 años, también compartió su visión del encuentro. A pesar de haber admitido que el juego lo mantuvo en un estado de tensión considerable, Wanderlei se mantuvo firme en su optimismo. Su palpite fue concreto: una victoria de Brasil por 2 a 1, con un gol anotado por Vinícius Júnior. Tras los momentos más críticos del partido, el anfitrión mencionó la necesidad de "recuperar el corazón" para seguir alentando la victoria del equipo.

El escenario de esta reunión no es casual, ya que el nombre de la calle donde reside la familia, Rua Brasil Rumo ao Hexa, refleja perfectamente el sentimiento de los habitantes de la zona. Durante la Copa del Mundo, el domicilio se convierte en el símbolo de una esperanza compartida, donde la pasión por la "amarelinha" logra unir a distintas generaciones bajo un mismo deseo: ver a su país alcanzar la gloria mundial una vez más.

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