En un escenario global donde la salud hepática se ha vuelto una preocupación creciente, el consumo de té verde emerge como una alternativa natural para apoyar el funcionamiento del hígado. Actualmente, la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica —término que sustituye al anteriormente conocido como hígado graso no alcohólico— afecta a casi el 40% de la población mundial, lo que resalta la urgencia de adoptar hábitos preventivos.
De acuerdo con nutricionistas especializadas consultadas por la revista Parade, la infusión de té verde puede aportar beneficios significativos al hígado cuando se consume de forma regular. Sin embargo, es fundamental comprender que estos efectos suelen ser graduales y dependen de diversos factores, como la cantidad consumida, la forma de ingesta (ya sea como bebida o extracto concentrado) y el estado de salud general de la persona.
Para quienes buscan obtener beneficios a largo plazo, la recomendación habitual es consumir entre dos y cinco tazas diarias de té verde preparado como infusión. Diana Cusa, dietista sénior de Servicios de Alimentación y Nutrición del Plainview Hospital de Northwell Health en Estados Unidos, detalla que una taza estándar de 240 ml aporta entre 50 y 100 mg de epigalocatequina galato, un compuesto conocido como EGCG, el cual es clave en las propiedades de la bebida.
La relación entre lo que ingerimos y la salud del hígado es directa. Malina Malkani, especialista en nutrición y autora de Safe and Simple Food Allergy Prevention, sostiene que mientras las bebidas azucaradas incrementan considerablemente el riesgo de desarrollar hígado graso, el consumo de café o té actúa a favor del organismo. Esto se debe a que el hígado procesa continuamente todo lo que ingresa al cuerpo, desempeñando funciones vitales como la producción de bilis para absorber grasas, la regulación del colesterol y el azúcar en sangre, la filtración de toxinas y la comunicación con las bacterias intestinales.
Respecto a los tiempos de respuesta del organismo, Cusa aclara que los beneficios a corto plazo, que se manifiestan en un periodo de un día o un par de semanas, ocurren principalmente a nivel celular. Por lo tanto, es probable que el usuario no perciba una sensación inmediata de mejora en la función hepática, aunque el EGCG ya esté influyendo en el metabolismo y el hígado. En sintonía con esto, McKenzie Dryden, dietista del HonorHealth Whole Health Institute, explica que los antioxidantes del té verde actúan con rapidez reduciendo la inflamación y el estrés oxidativo, factores que aceleran el envejecimiento y contribuyen a enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes tipo 2 y patologías cardiovasculares.
La evidencia científica respalda estas afirmaciones; Dryden menciona que la mayoría de las investigaciones observaron estos beneficios en periodos de 12 semanas. Además, el consumo de té verde puede ayudar a regular los niveles de azúcar en sangre y mejorar levemente el metabolismo de las grasas, reduciendo la acumulación de nuevas grasas en el organismo. En un plazo de horas o días, la bebida puede favorecer la quema de grasa al activar enzimas que señalan a la célula utilizar la grasa como energía en lugar de almacenarla, inhibiendo simultáneamente las encargadas de la síntesis lipídica.
No obstante, Johannah Katz, dietista de Consumer Health Digest, advierte que el hígado no responde de manera perceptible a una sola taza de té en el mismo día. Cualquier mejora real debe ser gradual y evaluada a través de biomarcadores específicos, como los marcadores metabólicos o las enzimas hepáticas. Cuando los beneficios se sostienen durante meses o años, se reduce la probabilidad de desarrollar cuadros graves como cirrosis, esteatosis, hepatitis, insuficiencia hepática, cáncer de hígado o diabetes tipo 2, gracias al aporte constante de antioxidantes y la mejora en el control glucémico.
A pesar de las ventajas, existen precauciones importantes. Dryden recuerda que el té verde contiene cafeína y actúa como diurético, por lo que consumos superiores a 400 mg diarios de cafeína podrían provocar deshidratación. El riesgo más crítico, según advierte Malkani, no reside en la infusión, sino en los suplementos de extracto concentrado, especialmente si se consumen con el estómago vacío. Estos productos pueden causar lesiones hepáticas en cuestión de semanas o meses, riesgo que se intensifica en personas con el marcador genético HLA-B35:01.
Finalmente, las especialistas enfatizan que dosis altas de suplementos no son necesariamente mejores que dosis bajas de infusión. Cusa concluye que la genética y la salud individual determinan cómo se metaboliza el té verde, y que sus efectos positivos se potencian cuando se integran en un estilo de vida saludable que incluya ejercicio regular, una dieta equilibrada y la evitación del alcohol.


