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Olas de calor: El riesgo oculto tras el auge de los platos preparados y el desperdicio alimentario

Las altas temperaturas que afectan a Europa no solo tienen impacto en la salud o en el consumo energético, también influyen en la forma en la que compramos, conservamos y consumimos alimentos

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Olas de calor: El riesgo oculto tras el auge de los platos preparados y el desperdicio alimentario
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Las olas de calor están transformando la alimentación urbana, impulsando la compra de platos preparados y productos frescos para evitar el uso de los fogones. Sin embargo, este cambio ha disparado el desperdicio alimentario doméstico, donde las frutas y verduras representan casi la mitad de los productos desechados debido a su fragilidad ante las altas temperaturas. Paralelamente, el auge de las opciones listo para comer conlleva riesgos sanitarios si no se respeta estrictamente la cadena de frío. Expertos advierten que consumir estos platos fuera del hogar, especialmente en playas o piscinas, puede provocar la proliferación de bacterias peligrosas como la salmonella o la listeria.

Las olas de calor no solo impactan en el uso intensivo del aire acondicionado, la alteración de los horarios de sueño o la modificación de los planes de ocio; también transforman profundamente la manera en que los ciudadanos se alimentan. El incremento sostenido de los termómetros altera los patrones de compra, el tipo de productos que llegan a la mesa y el gasto mensual de los consumidores, quienes, para evitar el calor de los fogones, optan por alternativas más rápidas, frescas y cómodas. Esta tendencia se refleja en un aumento significativo en la venta de platos preparados, aunque también se registra un incremento en la demanda de productos frescos, como frutas y verduras.

Sin embargo, este cambio en los hábitos alimenticios trae consigo una amenaza creciente: el desperdicio alimentario. Los alimentos más demandados durante el verano, como las frutas, las verduras, las ensaladas y los platos fríos, son precisamente los más sensibles al deterioro cuando las temperaturas ascienden. Según explica Phenix, empresa especializada en la gestión del excedente alimentario, el verano se convierte en una de las épocas más delicadas para el desperdicio debido a esta transición en la dieta y la fragilidad de los productos consumidos.

Los datos respaldan esta preocupación. De acuerdo con las últimas cifras disponibles del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las frutas representan el 32,4% de los productos sin utilizar que se desperdician en los hogares españoles. Por su parte, las verduras y hortalizas suponen el 13,8%. En conjunto, estas dos categorías concentran casi la mitad de todo el desperdicio de productos no utilizados en el ámbito doméstico, una cifra que adquiere especial relevancia en verano, cuando el consumo de alimentos ligeros y de temporada se dispara. Esta situación exige una planificación más rigurosa para evitar que los productos maduren prematuramente o se deterioren antes de ser consumidos.

El desperdicio no se limita únicamente a los ingredientes crudos. Los datos del Ministerio también indican que las elaboraciones basadas en vegetales, como los gazpachos y las ensaladas, figuran entre los productos con mayor peso dentro del desperdicio alimentario doméstico. Esto subraya la necesidad crítica de ajustar las cantidades preparadas y optimizar los métodos de conservación de estas recetas tan habituales en los meses estivales.

A este escenario se suman los cambios de rutina propios de la estación. Las vacaciones, los desplazamientos, el aumento de las comidas fuera de casa y los planes improvisados dificultan la planificación doméstica. Estos hábitos suelen derivar en compras menos ajustadas al consumo real, provocando que muchos productos frescos permanezcan demasiado tiempo en la nevera sin ser utilizados. Para mitigar este impacto, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) enfatiza la importancia de mantener la cadena de frío, especialmente en comidas al aire libre, recomendando el uso de neveras portátiles con acumuladores de frío en playas, campo o picnics.

En paralelo, el sector de los platos preparados vive un auge considerable. Expertos del sector, consultados por medios como Antena 3, señalan que el consumo de estos productos aumenta hasta un 20% durante junio, julio y agosto. En episodios de calor extremo, las secciones de "listo para comer" de los supermercados se convierten en la solución preferida para evitar cocinar. El producto estrella es el gazpacho, cuyas ventas pueden incrementarse hasta un 50%, seguido de ensaladillas y otras ensaladas listas para consumir.

No obstante, este éxito comercial plantea retos de seguridad alimentaria. Antonio Valero, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Córdoba (UCO), advierte sobre los riesgos de estos productos cuando se consumen fuera del hogar. Si bien reconoce que su elaboración industrial garantiza condiciones estrictas de higiene y que el uso de aditivos y conservantes ayuda a impedir la proliferación de microorganismos patógenos, advierte que cualquier desviación de las instrucciones del etiquetado supone un riesgo sanitario.

La clave reside en respetar la cadena de frío, manteniendo los alimentos a temperaturas inferiores a 4 grados y consumiéndolos en un plazo de 24 a 36 horas, siempre respetando la fecha de caducidad. El experto advierte que las neveras portátiles a menudo no logran mantener la temperatura por debajo de los 4 grados, por lo que desaconseja llevar estos platos a la playa o la piscina. Especialmente peligroso es dejarlos a temperatura ambiente; por encima de los 30 grados, tras solo dos horas de exposición, aumenta la posibilidad de crecimiento de patógenos como la salmonella o la listeria. En conclusión, el especialista recalca que estos platos preparados están diseñados primordialmente para el consumo en el hogar.

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