Un hombre de 52 años, identificado como Lobga Rangzen (también conocido como Lobsang Palden), falleció el pasado jueves tras llevar a cabo un acto de autoinmolación frente a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. El incidente, ocurrido en una aparente protesta contra el dominio de China sobre el Tíbet, tuvo lugar en la Primera Avenida, donde el hombre portaba una bandera tibetana antes de prenderse fuego.
De acuerdo con un portavoz del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York, las fuerzas del orden respondieron a una llamada de emergencia al 911 aproximadamente a las 18:30 horas. Al llegar al lugar, los oficiales observaron que el hombre presentaba quemaduras graves en todo su cuerpo. A pesar de que fue trasladado de urgencia a un centro hospitalario, posteriormente se confirmó su fallecimiento.
La identidad de la víctima fue corroborada tanto por el Gobierno tibetano en el exilio como por un activista residente en Nueva York que lo conocía. El escritor tibetano Jamyang Norbu también identificó a Rangzen, describiéndolo como un líder comunitario y activista independentista que se exilió del Tíbet en la década de 1980 y que, tras trasladarse a Nueva York, se desempeñó profesionalmente como taxista.
El acto quedó registrado en videos difundidos a través de una cuenta de Facebook con el nombre del activista. En una transmisión en directo, se observa el momento en que el hombre se detiene frente a la sede de la ONU y queda envuelto en llamas. Mientras el hombre se desploma en el suelo y varios automóviles pasan por el lugar, dos personas lograron intervenir utilizando extintores para apagar el fuego.
En otro video publicado casi simultáneamente en la misma red social, Lobga Rangzen realizó un llamamiento directo a la comunidad tibetana, instándolos a trabajar unidos por la independencia del Tíbet y exhortándolos a no olvidar nunca su identidad y herencia cultural. Durante su mensaje, Rangzen acusó formalmente al Gobierno chino de implementar políticas diseñadas específicamente para destruir la cultura, el idioma y la identidad del pueblo tibetano.
Este suceso ocurre en un contexto de alta tensión política, pocos días después de que China promulgara una ley de unidad étnica. Esta normativa amplía las reglas sobre el uso obligatorio del idioma chino en los Gobiernos y escuelas de regiones con minorías étnicas, además de exigir una mayor "sinización" de la religión. Activistas de derechos humanos y representantes tibetanos han manifestado su alarma, temiendo que esta ley drástica profundice la eliminación cultural de las minorías étnicas en China, aunque Beijing sostiene que la ley protege los derechos de todos los grupos étnicos.
El Partido Comunista Chino gobierna el Tíbet desde 1951 y mantiene la postura de que la región ha sido territorio chino durante siglos. En consecuencia, la bandera tibetana está prohibida en China, ya que es considerada un símbolo de la independencia. Según datos del Gobierno tibetano en el exilio, se han registrado decenas de casos de autoinmolación relacionados con protestas contra el dominio chino en las últimas décadas, aunque se considera sumamente inusual que un acto de este tipo ocurra en Estados Unidos.
Penpa Tsering, jefe del Gobierno tibetano en el exilio, expresó en un comunicado emitido el viernes que se siente "profundamente entristecido" por lo sucedido. Si bien manifestó honrar la devoción de Rangzen, instó a los tibetanos a valorar sus vidas, señalando que la vida humana es preciosa y debe preservarse para servir a la lucha a largo plazo por el Tíbet. Tsering también vinculó este acto con la "grave crisis" que enfrentan los tibetanos debido a la nueva ley de unidad étnica, haciendo un llamado a las organizaciones de derechos humanos y a los Gobiernos internacionales para que alcen la voz.
Tras el incidente, videos en redes sociales mostraron que una multitud de simpatizantes y manifestantes se congregó la noche del jueves frente a la sede de la ONU. Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, en una rueda de prensa el viernes, reiteró que Xizang —término utilizado por Beijing para referirse al Tíbet— ha sido siempre una parte inalienable del territorio chino desde la antigüedad.
Finalmente, un portavoz de las Naciones Unidas aclaró que el incidente ocurrió después de que finalizaran todas las reuniones programadas para ese día, por lo que las actividades de la organización no se vieron afectadas.


