En el sector eléctrico brasileño, producir y vender la máxima cantidad de energía ya no es suficiente. Hoy, el éxito financiero de las empresas depende de cuándo, dónde y cómo se genera cada megavatio.
Este fenómeno se conoce como modulación. Desde 2021, los precios de la energía se calculan por hora, y la creciente generación renovable ha acentuado las diferencias de valor. Entre la mañana y el mediodía, cuando la generación solar es máxima, los precios caen drásticamente. Sin embargo, al final de la tarde, cuando el sol se pone y aumenta la demanda, los precios suben.
Las hidroeléctricas son las ganadoras en esta curva gracias a su flexibilidad para producir cuando la energía es más cara. La empresa Auren, por ejemplo, registró un spread de modulación positivo de 26 reales por megavatio-hora en sus plantas hídricas durante el primer trimestre. En contraste, su generación solar tuvo un spread negativo de 88 reales.
Para entender la rapidez del cambio: en 2023, estos spreads eran de apenas uno o dos reales. Fabio Zanfelice, CEO de Auren, señala que las hidroeléctricas se han convertido en el "hedge" o cobertura natural del sector.
Pero no todos prosperan. El riesgo de submercado —causado por la falta de capacidad de transmisión— y la modulación han llevado a comercializadoras como Gold Energia y Tradener a procesos de recuperación judicial. Además, las plantas eólicas y solares enfrentan el "curtailment", que son cortes de generación debido al exceso de oferta en el sistema.
Este escenario de volatilidad ha puesto la modulación en el radar de analistas e inversores, quienes ahora vigilan estrechamente el impacto en los balances de las grandes generadoras.
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