El clima surrounding a la Selección Paraguaya de fútbol se ha tornado sumamente tenso, marcando un punto de inflexión en la relación entre el cuerpo técnico, la dirigencia y el sector crítico del deporte nacional. Recientes análisis y declaraciones, encabezadas por figuras como el periodista Ramón Zalazar y respaldadas por aficionados como Carlos Esteban Roa, han puesto bajo la lupa la gestión de Gustavo Alfaro y el rol de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF).
El núcleo del descontento radica en los resultados y la calidad del juego mostrado en encuentros recientes. Se señala con severidad que el equipo sufrió una humillación frente a la selección de Estados Unidos, a pesar de haber contado con partidos amistosos de preparación contra dicho rival. Esta situación ha generado interrogantes sobre la verdadera capacidad de preparación del cuerpo técnico y la efectividad de los planes estratégicos implementados por Alfaro.
La crítica se extiende a otros encuentros internacionales. Se menciona que frente a Turquía, el equipo se salvó gracias a la actuación de Galarza y al esfuerzo de los jugadores, quienes paradójicamente son blanco de críticas constantes. Sin embargo, el punto más bajo fue alcanzado, según los críticos, en el partido contra Australia. En este encuentro, Alfaro optó por un esquema defensivo extremo, implementando una línea de cinco jugadores en la parte posterior, una táctica calificada como inadecuada y comparada despectivamente con el nivel de selecciones menores como la de Curazao. Esta tendencia a jugar al empate y a la "retranca" es vista como una falta de profesionalismo técnico.
El historial reciente también es motivo de reproche, recordando el desempeño frente a Ecuador en Qatar, evento que, según las fuentes, la propia APF ya conocía y preveía como un resultado negativo debido a la falta de preparación. En este contexto, se cuestiona la autoridad de Alfaro para definir los límites de lo que la selección puede alcanzar, recordando que Paraguay solía clasificar a cuatro mundiales consecutivos en épocas donde el escenario competitivo era considerado más complejo que las eliminatorias actuales.
Uno de los puntos más controvertidos es la percepción de la figura del entrenador. Citando palabras de Chilavert, se ha calificado a Alfaro como un "farsante", argumentando que los goles anotados por algunos jugadores, como los mencionados "Tonys", no fueron producto de jugadas creadas ni de un sistema táctico eficiente, sino simplemente "chiripazos" o golpes de suerte aprovechando ocasiones fortuitas.
Paralelamente, la crítica se desplaza hacia el vestuario. Se ha cuestionado la actitud de los jugadores, específicamente mencionando a figuras como Gómez y Alderete, por aceptar lo que se describe como una "humillación" constante en las conferencias de prensa. Se hace un llamado a que los futbolistas tengan el carácter de plantarse y no permitir que se degrade la imagen de la selección.
La responsabilidad no recae únicamente en el campo de juego. Se apunta directamente a los dirigentes de la APF, sugiriendo que la permanencia de Alfaro responde a intereses ajenos al deportivo. Se alega que la dirigencia permite este manejo porque el técnico puede ser manipulado para favorecer negociados personales. En una analogía cruda, se compara la situación actual con las arenas de Roma, donde los jugadores y el equipo actúan como gladiadores para el beneficio de sus "gobernadores", careciendo de libertad de acción y pensamiento, mientras las competencias como la Copa Libertadores y el Mundial sirven simplemente como vitrinas.
Finalmente, se denuncia una desconexión total entre la imagen pública de los protagonistas y su rendimiento deportivo. Se critica que, mientras el equipo juega a la defensiva y sin actitud, algunos integrantes se exhiben en ciudades como Milán con accesorios costosos, priorizando el estilo de vida sobre la responsabilidad de "mojar la camiseta". Para los críticos, es imperativo que se restablezca el respeto hacia la selección paraguaya y que se deje de lado el discurso fariseo del fútbol actual.


