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NASA lanza misión de rescate para salvar el telescopio Swift y evitar que caiga a la Tierra

Un contrato de 30 millones de dólares busca evitar su regreso a la atmósfera de la Tierra y recuperar su capacidad ante eventos cósmicos urgentes

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NASA lanza misión de rescate para salvar el telescopio Swift y evitar que caiga a la Tierra
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La NASA ha lanzado una operación de emergencia valorada en 30 millones de dólares para salvar al telescopio Swift, que corre el riesgo de desintegrarse en la atmósfera terrestre debido a la intensa actividad solar. Para evitar su pérdida, la agencia utilizará Link, un robot autónomo de la empresa Katalyst Space Technologies que intentará capturar el observatorio y elevar su órbita hasta los 600 kilómetros para recuperar su funcionalidad. Esta misión es crítica ya que el Swift es un instrumento irreemplazable que actúa como el primer respondedor ante explosiones estelares y complementa los hallazgos del telescopio James Webb. Aunque la operación es arriesgada porque el telescopio no fue diseñado para ser capturado en el espacio, su éxito sentaría un precedente histórico para el mantenimiento de activos espaciales, abriendo la posibilidad de rescatar en el futuro al legendario telescopio Hubble.

La NASA ha puesto en marcha una operación de urgencia para evitar que el telescopio Swift reingrese a la atmósfera terrestre y se pierda definitivamente. A través de una maniobra orbital valorada en 30 millones de dólares, la agencia espacial busca prolongar la vida científica de este observatorio de rayos gamma, en una misión que podría iniciar sus operaciones tan pronto como este martes.

El telescopio Swift, una pieza de ingeniería de 1,4 toneladas, se encuentra actualmente en una situación crítica debido a la intensa actividad solar registrada en los últimos meses. Este fenómeno ha provocado que el observatorio pierda altura de forma acelerada. Para que la nave pueda ser recuperada y mantenida operativa, es imperativo que permanezca a una altitud superior a los 300 kilómetros. Según las estimaciones más recientes de la agencia, el telescopio alcanzará este punto crítico en octubre, lo que deja un margen de tiempo muy reducido para intervenir.

El plan de rescate consiste en elevar al Swift desde su órbita actual, situada en los 360 kilómetros, hasta una altura de 600 kilómetros. Esta nueva posición orbital es considerada más estable y permitiría que el instrumento recupere su funcionalidad. La tarea de ascenso estará a cargo de Link, un vehículo robótico autónomo desarrollado por la empresa Katalyst Space Technologies.

De acuerdo con la información citada por The Associated Press, el sistema de rescate podría despegar desde un arrecife en las Islas Marshall, ubicadas en el Océano Pacífico. El despliegue se realizará mediante un cohete Pegasus, el cual será lanzado desde un avión. Una vez en el espacio, la nave Link tardará aproximadamente un mes en localizar y capturar al telescopio Swift, y posteriormente requerirá otros dos meses para completar la maniobra de elevación orbital. Si la operación culmina con éxito, el director ejecutivo de Katalyst, Ghonhee Lee, estima que el observatorio podría volver a estar operativo en septiembre.

En términos técnicos, el robot Link posee dimensiones similares a las de un refrigerador pequeño de cocina, aunque cuenta con una envergadura solar de 12 metros. Para llevar a cabo la captura, está equipado con tres brazos robóticos que tienen un alcance superior a un metro, finalizando cada uno en dos pinzas diseñadas con una apariencia similar a las manos de una minifigura de Lego.

Sin embargo, la misión no está exenta de riesgos significativos. Los funcionarios de Katalyst han subrayado que no existe una garantía de éxito, principalmente porque el Swift, valorado en cientos de millones de dólares, nunca fue diseñado para ser capturado ni reparado en el espacio. Ante esta complejidad, la NASA firmó el contrato con la empresa en septiembre del año pasado bajo dos condiciones estrictas: la urgencia en la ejecución y la garantía de que la maniobra no agravara la situación actual del telescopio.

La decisión de invertir en este rescate responde a la importancia estratégica del Swift. La jefa de misiones científicas de la NASA, Nicky Fox, explicó que perder el telescopio implicaría renunciar a una capacidad observacional que la agencia no puede reemplazar actualmente, debido a que no cuentan con el presupuesto necesario para construir un sucesor. El Swift es fundamental por su capacidad de girar con rapidez para captar fenómenos astronómicos repentinos, como estrellas en explosión y estallidos de rayos gamma, actuando como el primer respondedor de la NASA ante eventos cósmicos inmediatos.

Además, la supervivencia del Swift es clave para complementar los hallazgos del telescopio James Webb y del futuro telescopio Roman. Su agilidad permitiría seguir los descubrimientos de estos otros instrumentos, incrementando su carga de trabajo científica.

Por su parte, el director de astrofísica de la NASA, Shawn Domagal-Goldman, admitió que el proyecto parecía improbable desde sus inicios, señalando que nadie pensaba que se llegaría tan lejos en el desarrollo de esta solución. Por otro lado, Ghonhee Lee destacó que este es el primer robot espacial estadounidense capaz de realizar una tarea de este tipo, abriendo una nueva posibilidad en el manual de mantenimiento de grandes observatorios veteranos.

Esta misión también sienta un precedente para otros activos espaciales. El telescopio Hubble, considerado un tesoro nacional y que ya tiene 36 años, también está perdiendo altitud debido a las erupciones solares. Lee sugirió que una versión de nueva generación del robot de Katalyst, actualmente en desarrollo, podría intentar una misión similar con el Hubble en un par de años.

Finalmente, Katalyst Space Technologies tiene metas comerciales más ambiciosas para el próximo año. La empresa planea lanzar otro robot capaz de operar con satélites a una altura de hasta 35.800 kilómetros. El objetivo es expandir un modelo de negocio orbital que incluya no solo la reparación y elevación de artefactos, sino también el repostaje de combustible y la construcción de infraestructura espacial, como centros de datos y granjas solares. Hasta el momento, solo China había realizado una maniobra comparable hace cuatro años, logrando elevar un satélite hacia una órbita cementerio.

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