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El streaming se convierte en el nuevo cable: costos al alza y fragmentación del mercado

Las plataformas avanzan en la distribución publicitaria, la segmentación por nichos y la unificación de los productos - LA NACION

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El streaming se convierte en el nuevo cable: costos al alza y fragmentación del mercado
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El streaming, que nació como una alternativa económica y flexible al cable, ha evolucionado hacia un modelo fragmentado y costoso. La guerra de plataformas entre 2019 y 2022 obligó a los usuarios a contratar múltiples servicios premium, disparando los precios globales y provocando un resurgimiento de la piratería y el abandono de suscripciones por estrés financiero. Ante este escenario, el mercado transita hacia un sistema híbrido. La tendencia actual apunta a la creación de paquetes globales o bundles, la especialización en nichos y la integración con proveedores de cable tradicionales, regresando irónicamente a la lógica de consumo centralizada que el streaming pretendía reemplazar.

La llegada de Netflix en 2012 a Argentina y a gran parte del mundo fue recibida inicialmente como una noticia positiva. El modelo proponía un pago mensual razonable a cambio de una cantidad inusitada de series y películas disponibles bajo demanda. Este lanzamiento marcó la mayoría de edad de las plataformas audiovisuales y consolidó una mutación profunda en los hábitos de consumo de entretenimiento.

En la actualidad, el consumo de contenidos se ha desplazado mayoritariamente hacia las aplicaciones. Mientras que los sectores más jóvenes suelen centrarse en YouTube, los adultos tienden a utilizar dos o tres marcas diferentes conectadas a través de smart TVs, computadoras o teléfonos celulares. Esta transición ha dejado la televisión abierta y el cable tradicional principalmente para las generaciones senior o para quienes no cuentan con otras alternativas tecnológicas.

Sin embargo, lo que comenzó como una ventaja se ha transformado en un problema económico para el usuario. La fragmentación del mercado ha provocado que una o dos plataformas ya no sean suficientes para cubrir los gustos y necesidades de los consumidores. El resultado es un escenario donde las plataformas se han convertido en el nuevo cable, con la diferencia de que ahora todo es considerado un servicio "premium", impactando directamente en el bolsillo del usuario.

Este proceso fue impulsado por la llamada "guerra del streaming" ocurrida entre 2019 y 2022, periodo en el cual firmas como Disney y HBO lanzaron sus propias plataformas coincidiendo con la etapa de la pandemia. Esta competencia generó un incremento en los costos de producción y la implementación de exclusividades absolutas, obligando a los usuarios a contratar múltiples abonos para acceder a diversos contenidos.

Como consecuencia, se ha observado un regreso de la piratería, impulsado no solo por el costo de las mensualidades sino también por la introducción de cargos adicionales por "alquiler" de ciertos contenidos dentro de las mismas plataformas. Si bien en los primeros años las empresas asumieron pérdidas para ganar mercado, la presión de Wall Street hace tres años cambió el rumbo: los inversores ya no aceptan números rojos y exigen rentabilidades altas.

El impacto financiero es global. Desde 2020, el costo de los abonos ha aumentado en promedio casi un 50% a nivel mundial, aunque existen casos donde el incremento superó el 150% en seis años. Para el año 2025, el aumento interanual del costo de estos servicios a nivel planetario rondó el 20 por ciento, provocando que muchos usuarios cancelen sus suscripciones debido al estrés financiero.

Ante esta situación, han surgido nuevos comportamientos de consumo. Es cada vez más común que los usuarios cambien de plataforma rápidamente o contraten abonos promocionales gratuitos por periodos cortos solo para ver un contenido tendencia. En Argentina, este fenómeno es notable debido a la depresión de los salarios reales; actualmente, ningún operador posee más del 20% del mercado, con Disney y Netflix a la cabeza y el resto oscilando entre el 18,5% y el 19,7%.

Este panorama sugiere un retorno a la lógica del cable tradicional, que ofrecía una miríada de contenidos diversos en un solo lugar. Aunque el diferencial de las plataformas era el acceso inmediato y específico al contenido deseado, la fragmentación actual está impulsando tres nuevas tendencias: la especialización en nichos (como Mubi para cine académico, Crunchyroll para animé o Adrenalina Pura+ para acción), el modelo de "Bundle" o paquetes globales (como el caso de Disney y Hulu, o Prime Video con Universal+ y SonyOne) y la integración de plataformas dentro de la interfaz y facturación de los proveedores de cable, como ocurre con Flow.

El auge de los abonos con publicidad refuerza la idea de que las plataformas independientes son un modelo de transición. El futuro apunta hacia un sistema híbrido donde los nichos y los paquetes predominantes sustituyan a los canales del viejo cable, manteniendo únicamente aquellos dedicados a la transmisión en vivo, como noticias y deportes. Queda la incertidumbre sobre el costo final de este nuevo ecosistema y el impacto en las nuevas generaciones, acostumbradas al formato de YouTube, respecto a su capacidad de prestar atención a otros tipos de contenidos audiovisuales.

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