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Mirta Moraima de las Mercedes: La mujer de las cuatro M que camina hacia su centenario

Casi siempre responde por Mimí, pero su madre la llamó Mirta “sin hache”, el padre eligió Moraima y el santoral le endosó De las Mercedes. Como si un nombre tan largo le presagiara una extensa existencia, Mirta Moraima de las Mercedes Cuesta Albuerne está muy próxima a inscribirse en el libro blanco de las cubanas centenarias. The post Señora de las cuatro M y las 10 décadas first appeared on 5 Septiembre .

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Mimí, como es conocida cariñosamente, celebra este 24 de septiembre su centenario, convirtiéndose en un testimonio vivo de la historia social y educativa de Cuba. Desde sus raíces en una colonia de cañaverales en Camagüey y su posterior arraigo en Cienfuegos, su vida ha estado marcada por la diversidad cultural y una constante búsqueda de superación. Con una trayectoria que abarca estudios de Derecho en La Habana, el servicio público y la publicación de poesía infantil, Mimí ha transitado por diversos ámbitos profesionales y creativos. Al llegar a los cien años, conserva la alegría del baile y el deseo genuino de ser recordada como una mujer humilde y servicial.

Mirta Moraima de las Mercedes Cuesta Albuerne, conocida en su entorno más cercano simplemente como Mimí, se encuentra en la antesala de un acontecimiento singular en su vida: la llegada a los cien años. Nacida el 24 de septiembre de 1926, Mimí se prepara para inscribirse en el libro de las cubanas centenarias, trayendo consigo un relato que entrelaza la geografía de Camagüey y Cienfuegos con fragmentos de la historia social y educativa de la isla.

Su historia comienza en Colina, una colonia de cañas perteneciente al central Jaronú, situada cerca del pueblo de Caonao. Fue allí, en el mismo lecho donde sus padres la procrearon, donde nació con la ayuda de una partera. Hija del comerciante asturiano Ramón Cuesta Sánchez y de la cienfueguera Josefina Albuerne Acevedo, Mimí creció en un entorno demográficamente particular. Su padre regentaba la bodega de la colonia, cuya clientela estaba compuesta exclusivamente por emigrantes haitianos.

Mimí recuerda con nitidez la convivencia en aquel lugar, destacando el respeto de la comunidad haitiana, quienes hablaban un castellano limitado pero comprensible para su padre. Uno de los recuerdos más vívidos de su infancia es el ciclón de 1932, evento durante el cual muchos de los trabajadores haitianos buscaron refugio en su hogar. Entre las figuras de su niñez resalta la de Virginia Gómez, hija del mayoral Victorio Gómez, quien fue la encargada de enseñarle las nociones básicas de lectura, escritura y aritmética.

A la edad de diez años, la familia decidió trasladarse a Cienfuegos, ciudad donde se encontraban los abuelos maternos. En esta ciudad, Mimí echaría raíces definitivas. Su padre, siguiendo la tradición de los emigrantes españoles de la época, se dedicó al comercio de víveres. Tras pasar por diversas ubicaciones, como las calles Campomanes y Prado, y posteriormente Santa Clara y Cid, Ramón Cuesta adquirió la bodega "La Manzanita" en la intersección de Prado y Padre de las Casas. Finalmente, se establecieron en un local ubicado en Prado y Saldo, junto a la estatua de los Mártires de la Independencia, lugar que Mimí bautizó como "El Paseo" y donde su padre falleció, sellando así su arraigo a la ciudad.

La formación académica de Mimí fue diversa. Tras una etapa inicial en una escuela de Esmeralda, completó sus estudios en Cienfuegos, asistiendo a la Intermedia No. 2 y a la Academia Enrique José Varona. Incluso cursó algunas materias del bachillerato en el antiguo Instituto de Segunda Enseñanza, que en aquel entonces funcionaba en el edificio del Frontón Jai Alai. Paralelamente, desarrolló una pasión por la música, estudiando piano durante cuatro años con la profesora Isabel Ocejo, utilizando un instrumento que su padre le había comprado en su lugar de origen.

Su etapa universitaria la llevó a La Habana, donde se matriculó en la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana. Aunque no concluyó la licenciatura debido a motivos personales, obtuvo en 1955 un diploma que la acredita como Capacitada en Administración Pública. Este documento lleva la firma de Raúl Roa, del futuro canciller recuerda su disciplina, su constante compañía de un libro bajo el brazo y la calidad de sus clases.

Durante su estancia en la capital, Mimí residió en una casa de huéspedes en la calle Jovellar. En aquel entonces, compartía vecindad con Pedrín Pérez García, un estudiante de Derecho natural de Santa Clara, quien frecuentemente recibía la visita de un joven llamado Fidel Castro Ruz, quien asistía a estudiar con él.

En el ámbito personal y profesional, Mimí contrajo matrimonio en 1959 con Faustino Fernández Fernández, viajante de víveres de la compañía Switch, y en 1960 dio a luz a su única hija, Margarita. Laboralmente, se desempeñó en el hospital regional Héroes de Playa Girón, específicamente en el área de consulta externa, y en el astillero de la calle La Mar.

Más allá de su trayectoria laboral, Mimí incursionó en la literatura infantil con la publicación del poemario "Las Malaspalabras" en 2002, editado por Ediciones Mecenas. En esta obra, la autora invita a los lectores a recrearse con elementos del paisaje cubano y la fantasía infantil.

Al aproximarse su centenario el jueves 24 de septiembre, Mimí expresa el deseo de ser recordada como una persona humilde y dispuesta a ayudar a los demás. Actualmente, disfruta de su tiempo libre viendo televisión y asistiendo a fiestas. Conserva el gusto por el baile, una habilidad que aprendió a los cinco años de la mano de su padre, quien le enseñó a bailar danzón al ritmo de una victrola en la colonia de cañaverales, cerrando así el círculo de sus recuerdos más preciados.

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