En un espacio que evoca un relicario personal, Ana María Salas, reconocida creadora del personaje infantil Toqui, ha compartido una serie de recuerdos íntimos y anécdotas que marcan su trayectoria personal y profesional, centrando su relato en los diversos encuentros que tuvo con Fidel Castro. A través de una conversación cargada de emotividad, la escritora nacida en Cienfuegos reconstruye los hilos de una vida ligada al arte, la educación y la política.
Los primeros acercamientos de Salas con el líder de la Revolución fueron, en palabras de la autora, accidentados. Rememora un episodio ocurrido durante su niñez en la ciudad de Santa Clara, cuando esperaba ansiosa el paso de una caravana compuesta por el Comandante en Jefe y el presidente de México. A pesar de que el jeep descapotable se detuvo justo frente a ella, la seguridad personal impidió que la niña y la multitud que la rodeaba pudieran abrazar a Fidel, dejándola con el deseo insatisfecho en aquel momento.
La trayectoria académica de Ana María estuvo marcada por tensiones entre sus deseos personales y las expectativas familiares. Aunque su sueño era estudiar arquitectura en La Habana, su madre la impulsó a cursar Pedagogía en la Universidad Central de Las Villas. En un intento por mantenerse cerca del dibujo preciso, se matriculó también en Ingeniería Química, aunque confesó que la disciplina le resultaba aburrida, refugiándose entonces en los deportes, la danza y el teatro de aficionados.
Tras graduarse como pedagoga, la vida le presentó un camino distinto al esperado. Fue seleccionada para formar parte del primer grupo de instructores de arte en La Habana, cargo que aceptó a pesar de la oposición de sus padres. Posteriormente, regresó a Santa Clara con la misión de formar agrupaciones teatrales aficionadas, asumiendo la dirección del grupo infantil La Edad de Oro.
En este contexto, Ana María conoció a Max, un médico psiquiatra ecuatoriano hijo de uno de los fundadores del Partido Socialista de su país, quien había llegado a Cuba atendiendo el llamado de Fidel para cubrir vacantes de profesionales técnicos. De esta unión nació su primera hija, María Antonia, nombrada así en honor a la mujer que apoyó a Fidel y sus compañeros en México. Más tarde, impulsada por las ideas políticas de izquierda de su esposo y su suegro, Salas se trasladó a Ecuador, donde nació su segundo hijo, Alejandro, cuyo nombre fue elegido en recuerdo de Fidel.
Fue en Ecuador donde la escritora creó a Toqui, un títere para televisión cuyo nombre en quechua significa "Gran Jefe Guerrero de la lanza de obsidiana". El personaje alcanzó fama internacional y sus programas fueron vendidos a diversos países, aunque Ana María decidió regalar las copias a Cuba a través de intermediarios panameños.
El éxito de Toqui le permitió recorrer el mundo y participar como jurado en el Premio Casa de las Américas. Fue en este marco donde se produjo el verdadero encuentro físico con Fidel Castro en el Teatro Mella. Ana María relata que, superada por la emoción, no pudo articular palabra al acercarse al Comandante; en su lugar, lo abrazó mientras lloraba. Fue Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa, quien tuvo que presentarla formalmente.
Posteriormente, Fidel la citó para un intercambio personal. En dicha reunión, Salas pudo exponerle sus ideas sobre mercadeo, el manejo de los mensajes y los medios de comunicación, mientras el líder se limitaba a escucharla atentamente antes de felicitarla. Este vínculo derivó en una propuesta formal a través de Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, quien le ofreció crear una productora en Cuba con el personal que ella eligiera. Sin embargo, debido a que su esposo no podía asentarse en la isla y para evitar la separación familiar, Ana María tuvo que renunciar al proyecto.
A lo largo de los años, su labor como jurado en festivales del Nuevo Cine Latinoamericano le permitió mantener intercambios breves pero emotivos con el líder. Sus recuerdos se remontan incluso a su infancia en Santa Isabel de las Lajas, donde escuchaba clandestinamente sobre la lucha guerrillera en la Sierra contra la dictadura de Batista.
Finalmente, Salas recordó con solemnidad el 30 de noviembre de 2016, cuando acompañó el cortejo fúnebre de Fidel en Punta Gorda, Cienfuegos, frente a la Casona de Toqui. Para la autora, Fidel Castro fue un hombre irrepetible que cambió la historia de Cuba y las concepciones internacionales, logrando que la isla marcara un rumbo propio frente a las adversidades externas.

