La selección de Uruguay ha quedado oficialmente eliminada de la Copa del Mundo 2026. El desenlace se produjo este viernes en Guadalajara, donde el equipo celeste cayó por 1-0 frente a la selección de España. Este resultado marca el final del camino para los uruguayos en el torneo, cerrando una participación que estuvo marcada por la irregularidad en sus resultados previos.
Antes de este encuentro decisivo, Uruguay había logrado mantener sus esperanzas vivas mediante dos empates consecutivos. Primero, un 1-1 frente a Arabia Saudita y, posteriormente, un 2-2 ante Cabo Verde. Sin embargo, la derrota ante el conjunto español en el Estadio Akron sentenció su permanencia en la competición.
Más allá del resultado deportivo, el encuentro destacó por el ambiente imperante en las tribunas, el cual contrastó drásticamente con las experiencias vividas por el equipo uruguayo en sus presentaciones anteriores. Durante el debut en Miami, la selección celeste contó con el respaldo de más de 20.000 compatriotas. En el segundo partido, celebrado un domingo, esa cifra casi se duplicó, evidenciando una fuerte presencia de la comunidad uruguaya en Estados Unidos.
En cambio, la situación en Guadalajara fue muy diferente. La asistencia de uruguayos no alcanzó siquiera la mitad de las cifras registradas en el debut en Miami. La escasa presencia de aficionados celestes fue evidente al observar las tribunas del Estadio Akron durante el desarrollo del partido.
De las 45.065 personas que asistieron al cuarto y último encuentro albergado por la ciudad de Guadalajara en este Mundial, la gran mayoría eran ciudadanos mexicanos, quienes representaron más de dos tercios del total de los asistentes. El resto del público se dividió entre unos pocos miles de españoles y el grupo de uruguayos que, aunque dispersos por todo el estadio, intentaron hacerse sentir a través de sus cánticos.
El favoritismo del público local hacia la selección española fue tan marcado que la "Roja" terminó jugando prácticamente como si estuviera en su propio país. El estadio retumbó con gritos de "España, España", aunque con un acento marcadamente mexicano. Esta tendencia de apoyo hacia los españoles se manifestó con especial fuerza en el caso de Lamine Yamal. El jugador recibió una ovación desde el momento en que salió al campo para calentar y, durante el partido, el público celebró incluso los lujos y jugadas individuales que intentó, a pesar de que no logró concretarlas debido a la vigilancia de Juan Manuel Sanabria.
En el bando uruguayo, el jugador que recibió el reconocimiento más entusiasta de la grada fue Federico Valverde. Al momento de anunciarse la alineación por los altavoces del estadio, el capitán del equipo más grande de España fue el más aplaudido por los asistentes en Guadalajara.
La tensión en las gradas también se reflejó en el intercambio de cánticos. Los aficionados uruguayos respondieron al entusiasmo local hacia España con consignas que hacían referencia al proceso de colonización ocurrido hace poco más de 500 años. No obstante, el volumen de la afición mexicana fue contundente para tapar el aliento celeste, respondiendo con gritos de "México, México", enfatizando el acento en la vocal "o".
El ambiente en el estadio también incluyó manifestaciones culturales típicas de la localidad. En diversas ocasiones apareció la "ola" en las tribunas, aunque sin la participación de los seguidores uruguayos. Asimismo, la canción "Cielito Lindo" sonó en tres oportunidades distintas, sin que existiera un contexto deportivo específico que lo detonara.
Hacia los minutos finales del encuentro, el clima cambió para centrarse en la situación de otro equipo. Cuando el empate 1-1 de Uruguay se volvió improbable y se hacía evidente la clasificación de Cabo Verde a los octavos de final, el estadio comenzó a corear "Cabo Verde, Cabo Verde". Con este resultado, la selección africana asegura su pase a la siguiente instancia del torneo, donde se enfrentará a la selección de Argentina.


