Un equipo internacional de astrónomos ha logrado resolver un enigma que durante años mantuvo en incertidumbre a la comunidad científica: el origen de unas señales de radio que llegan desde el espacio de forma periódica. Estos pulsos repetidos, detectados en los confines de la Vía Láctea, habían sido un misterio debido a que no estaba claro qué objeto astronómico fuera capaz de producirlos ni cuáles eran las razones detrás de su regularidad.
Estas emisiones, técnicamente denominadas transitorios de radio de largo período, se caracterizan por aparecer durante un tiempo determinado, desaparecer y volver a repetirse siguiendo un ritmo constante. Ante este fenómeno, los investigadores barajaban diversas hipótesis para explicar su naturaleza. Entre las posibilidades más fuertes se encontraba la existencia de estrellas de neutrones que giraran a una velocidad muy lenta, o bien que las señales nacieran en sistemas compuestos por dos estrellas, donde una de ellas fuera una enana blanca. A pesar de estas teorías, la ciencia carecía hasta ahora de una prueba directa que confirmara cualquiera de estas opciones.
La evidencia definitiva ha llegado a través del estudio de un objeto identificado como ASKAP J174508.9-505149. Este objeto fue localizado gracias al uso del radiotelescopio ASKAP, situado en Australia. Tras un análisis exhaustivo, los investigadores han confirmado que no se trata de una estrella aislada, sino de un sistema binario, compuesto por dos estrellas que orbitan una alrededor de la otra.
En detalle, este sistema está integrado por una enana blanca y una enana roja. La enana blanca se define como el núcleo extremadamente denso que permanece después de que una estrella ha agotado todo su combustible. Por otro lado, la enana roja es una estrella de menor tamaño y temperatura. Ambos cuerpos celestes mantienen una relación orbital muy estrecha, girando el uno alrededor del otro en un ciclo de poco más de una hora, lo que representa un ritmo sumamente rápido desde la perspectiva de la astronomía.
La clave del fenómeno reside en la interacción dinámica entre ambas estrellas. La enana blanca, debido a su naturaleza, atrae material de su compañera, la enana roja. El gas arrancado de esta última cae hacia la enana blanca, alcanzando temperaturas muy elevadas durante el proceso, lo que produce la emisión de rayos X. Simultáneamente, el choque entre los campos magnéticos de las dos estrellas genera potentes ráfagas de radio, que son precisamente las señales periódicas que los astrónomos intentaban descifrar.
Un aspecto fundamental de este descubrimiento es que las observaciones han permitido diferenciar el origen de las señales de rayos X y las ráfagas de radio. Mientras que los rayos X se originan cuando el material absorbido por la enana blanca se calienta, las señales de radio parecen surgir específicamente en la zona donde interactúan los campos magnéticos de ambas estrellas. Esta distinción es crucial, ya que revela que el sistema no es simplemente un proceso de absorción de materia, sino un entorno altamente activo donde convergen la gravedad, el magnetismo y el movimiento orbital.
Asimismo, los datos recolectados indican que las emisiones de rayos X varían con el tiempo, lo que sugiere que la cantidad de gas que la enana blanca absorbe de la enana roja no es constante. Esta fluctuación en el flujo de material puede modificar la intensidad de las señales que finalmente son detectadas desde la Tierra.
El sistema ASKAP J1745-5051 presenta además rasgos singulares que no habían sido observados previamente en objetos de este tipo. Los pulsos de radio muestran una polarización elíptica, lo que significa que la orientación de sus ondas sigue un patrón particular. Además, se ha detectado una modulación en las señales, un comportamiento que, hasta el momento, solo se había registrado en el sistema formado por el planeta Júpiter y su luna Ío.
Este hallazgo posiciona al objeto ASKAP J1745-5051 como una pieza de valor excepcional para la astronomía. Si bien ya se había relacionado anteriormente a algunos transitorios de radio de largo período con sistemas binarios, este es el primer caso en el que se han observado directamente tanto las dos estrellas implicadas como el proceso de absorción de material.
Gracias a este avance, los científicos pueden estudiar con mayor precisión la formación de estas señales y la razón de su periodicidad. Además, este descubrimiento proporciona claves para comprender otros fenómenos similares detectados en la Vía Láctea cuyo origen sigue siendo incierto. Para el equipo investigador, este sistema funciona como un laboratorio natural que permite observar el comportamiento de la materia en condiciones extremas, bajo la influencia de campos magnéticos intensos y la gravedad de una estrella muy densa, procesos que son imposibles de reproducir en la Tierra. El equipo planea continuar las observaciones utilizando otros instrumentos para ampliar la base de datos sobre este sistema y localizar objetos con características similares.


