El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, realizó un pronunciamiento contundente ante la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebrada en Panamá. Durante su intervención, el canciller brasileño subrayó que, si bien el combate contra el crimen organizado es una prioridad que exige la cooperación coordinada de todos los países de la región, este esfuerzo no puede ser utilizado como una justificación para vulnerar la soberanía de las naciones.
Uno de los puntos centrales del discurso de Vieira fue la advertencia sobre la clasificación de los grupos delictivos. El ministro señaló que otorgar al crimen organizado una calificación distinta a la de grupos criminales motivados por el lucro económico puede servir como pretexto para la implementación de medidas unilaterales que atenten contra la soberanía estatal. Esta declaración surge en un contexto tenso, apenas dos semanas después de que Estados Unidos calificara como grupos terroristas al Comando Vermelho y al Tercer Comando de la Capital, las dos organizaciones criminales más grandes de Brasil, acción que se llevó a cabo sin el aval del Gobierno brasileño.
Al respecto, el canciller enfatizó que es fundamental reconocer la naturaleza de estas organizaciones, afirmando que se trata de grupos movidos por la ganancia, cuyo objetivo principal es el control de territorios y de mercados ilícitos. Según Vieira, los Estados miembros de la OEA deben resistir la tentación de utilizar rótulos importados de otros contextos que confundan los fundamentos de la criminalidad, ya que estas reclasificaciones no contribuyen al desmantelamiento de las redes criminales.
Más aún, el diplomático brasileño sostuvo que este tipo de etiquetas limita el intercambio de inteligencia entre los países americanos, herramienta esencial para combatir la delincuencia organizada. Alertó que dicha rotulación puede derivar en respuestas que ignoren deliberadamente las fronteras, las jurisdicciones y la igualdad soberana de las naciones. No obstante, Vieira admitió que el crimen organizado representa uno de los mayores desafíos del continente debido a que no respeta las fronteras nacionales.
Por esta razón, el ministro agregó que cualquier esfuerzo nacional para enfrentar esta amenaza solo será eficaz si se cuenta con la cooperación de todos los países de la OEA. Propuso que esto se logre a través de una coordinación estrecha y un diálogo permanente entre los organismos de inteligencia y las fuerzas policiales de todas las naciones involucradas.
En el ámbito institucional, Mauro Vieira afirmó que Brasil continuará defendiendo la construcción de consensos y la concertación política dentro de la OEA. El canciller fue enfático al declarar que la organización no tiene ni tendrá un dueño único, asegurando que la OEA pertenece a todos sus miembros. Para el ministro, esta característica es precisamente la que le otorga credibilidad a la organización, un valor que no debe ser sacrificado en favor de ambiciones pasajeras o tentaciones políticas.
En este sentido, insistió en que la acción de la OEA debe regirse estrictamente por los principios básicos del derecho internacional, destacando la autodeterminación nacional, la no intervención en los asuntos internos de otros países y la igualdad soberana de las naciones. Vieira expresó la convicción de Brasil de que estos principios representan el camino correcto para una convivencia pacífica en el ámbito interamericano, siendo preferibles frente al unilateralismo y la uniformidad de las esferas.
El canciller también abordó el tema del multilateralismo, señalando que los países de la OEA no son ingenuos respecto a sus dificultades, pero mantienen la conciencia de que los grupos excluyentes y las medidas unilaterales no resolverán los problemas del continente. Asimismo, hizo un llamado a evitar retrocesos en materia de derechos humanos, rechazando cualquier intento de naturalizar la injusticia, la marginalización o de sofocar el debate sobre este tema.
Finalmente, Vieira calificó como chocante el hecho de que la agenda de la Asamblea de la OEA en Panamá no incluyera un debate sobre los derechos de los afrodescendientes. Recordó que las sociedades americanas fueron edificadas sobre el trabajo esclavizado de millones de africanos y que actualmente más de 200 millones de afrodescendientes viven en el continente, siendo la mayoría de la población en algunos países, incluido Brasil.
El ministro denunció que, a pesar de su volumen demográfico, los afrodescendientes continúan subrepresentados en los espacios de poder y están sobrerrepresentados en las estadísticas de violencia, pobreza y encarcelamiento. Concluyó solicitando una declaración que reconozca los derechos individuales de estas personas, lo cual consideraría un gesto coherente de reconocimiento interamericano a la contribución fundamental de los africanos y sus descendientes al desarrollo de las naciones americanas.


