La consagración de la selección argentina en el Mundial de México 1986 no representó únicamente la obtención del segundo trofeo de la Copa del Mundo para la Albiceleste, sino que se convirtió en el escenario donde un genio del fútbol desplegó todo su esplendor. Diego Maradona regó los campos de juego mexicanos con su magia, logrando hechizar tanto a la afición local como a sus propios rivales, transformando esta edición en una de las más fascinantes de todos los tiempos.
Sin embargo, el camino hacia la gloria no fue sencillo. El proceso de clasificación fue tortuoso, complejo y estuvo marcado por un dramatismo constante. Bajo la dirección técnica de Carlos Bilardo, el equipo no convencía a los sectores más críticos; su nivel en las eliminatorias estaba lejos de ser digno y el fútbol, calificado como "gris", no lograba enamorar a los hinchas. El desempeño era irregular, alternando partidos buenos con otros decididamente malos.
Esta situación generó que la prensa especializada lanzara críticas feroces contra el conductor del equipo. Bilardo proponía un esquema donde la estética no era la prioridad, enfocándose radicalmente en la estrategia, la táctica y el orden, elementos que diferían del juego históricamente asociado al seleccionado argentino. A pesar de estas tensiones, Julio Grondona, entonces mandamás de la AFA, sostuvo su apoyo incondicional hacia el exentrenador de Estudiantes de La Plata.
El torneo comenzó para Argentina en el Grupo A, donde se midió ante Italia, Bulgaria y Corea del Sur. El debut fue contra la selección asiática, resultado en una victoria por 3-1 con goles de Oscar Ruggeri y un doblete de Jorge Valdano. En este encuentro destacó la marca celosa, agresiva y, por momentos, violenta que los rivales aplicaron sobre Maradona. Posteriormente, llegó el duelo ante Italia, un examen fundamental para medir la realidad futbolística del equipo. Tras comenzar perdiendo 1-0 a los siete minutos, Argentina manejó el encuentro con aplomo y logró el empate a los 34 minutos gracias a un gol de Diego Maradona, cerrando el partido 1-1. El tercer compromiso fue ante Bulgaria, donde la Albiceleste se impuso 2-0 con tantos de Jorge Valdano y Jorge Burruchaga, ganando el grupo con una imagen de solidez y un funcionamiento ascendente.
En los octavos de final, Argentina enfrentó un desafío complejo ante Uruguay en un clásico sudamericano. A pesar de contar con Enzo Franchescoli como figura, la selección Celeste no facilitó el camino, y Argentina logró imponerse apenas 1-0 con un gol de Pedro Pablo Pasculli. A partir de este momento, el equipo de Bilardo empezó a ser visto como un serio candidato al título, mostrando un funcionamiento aceitado y rendimientos individuales brillantes. Maradona jugaba con cada vez más desparpajo, acompañado por la maestría táctica de Ricardo Giusti, la fuerza de Ruggeri en el fondo, el ímpetu de Jorge Valdano en la delantera y la plenitud de Jorge Burruchaga. Además, el equipo contaba con Héctor Enrique como un comodín de despliegue táctico y Sergio Batista como el termómetro y encargado de la recuperación en el mediocampo.
El encuentro ante Inglaterra en los cuartos de final estuvo cargado de simbolismos debido a la sombra de la Guerra de Malvinas ocurrida cuatro años antes. En este partido, Maradona dejó una huella indeleble al anotar los dos goles de la victoria por 2-1. El primero ocurrió a los 52 minutos, cuando Maradona anotó con la mano sin que el árbitro Ali Bin Nasser lo advirtiera, pese a las protestas inglesas. Apenas tres minutos después, en el minuto 55, gestó el momento más épico de la historia mundialista con un gol antológico, esquivando rivales a velocidad supersónica en el Estadio Azteca. Este tanto fue inmortalizado por Víctor Hugo Morales como el "barrilete cósmico", y reconocido incluso por el inglés Gary Lineker, quien admitió que fue la única vez que quiso aplaudir a un rival en la cancha. El narrador inglés Bryon Buttler describió a Maradona como una "pequeña máquina" que enterró a la defensa inglesa.
En semifinales, Argentina derrotó 2-0 a Bélgica con dos goles de un resplandeciente Maradona, asegurando su lugar en la final. El partido definitorio fue ante Alemania. Argentina comenzó dominando con goles de José Luis Brown a los 23 minutos y de Jorge Valdano a los 56. No obstante, la selección de Franz Beckenbauer reaccionó con goles de Karl Heinz Rummenigge y Rudi Voller a los 75 y 81 minutos, respectivamente, poniendo el marcador 2-2. Cuando el partido parecía ir a tiempo extra, en el minuto 84, Maradona realizó una habilitación precisa para Burruchaga, quien definió la victoria 3-2.
Esta segunda estrella para la Albiceleste fue el resultado de un equipo de alta jerarquía, sólido y tácticamente rico. El diferencial absoluto fue Diego Armando Maradona, quien no solo fue elegido el mejor jugador del Mundial, sino que se posicionó como un ícono eterno del balompié.

