Un encuentro deportivo que debía centrarse en la competición futbolística terminó convirtiéndose en un escenario de violencia generalizada en la ciudad de Luque. El enfrentamiento se produjo tras el duelo disputado entre los clubes 25 de Noviembre y Capitán Insfrán, el cual tuvo como escenario la cancha del club Sport Primavera. Lo que inició como una jornada atlética derivó en una situación crítica, describiéndose como una batalla campal en la que se vieron involucrados jugadores de ambos equipos, hinchas y efectivos policiales.
La magnitud de los disturbios obligó a la intervención inmediata de los agentes de la Comisaría 3a Central, quienes intentaron restablecer el orden en un entorno donde la agresividad escaló rápidamente. Según los reportes, la situación alcanzó tal nivel de descontrol que los efectivos policiales se vieron superados por la cantidad de personas involucradas en las riñas. Ante este escenario de caos, y con el objetivo de dispersar a los agresores y retomar el control de la situación, los agentes se vieron obligados a recurrir al uso de balines de goma, aplicando la fuerza conforme a derecho para evitar que los incidentes continuaran expandiéndose.
Como resultado de estos violentos enfrentamientos, se registraron heridos entre el personal de seguridad. Uno de los agentes, identificado como Alexander, de 32 años y perteneciente a la mencionada Comisaría 3a Central, resultó lesionado en la zona de la cabeza. La herida fue provocada por lo que se describió como un "cascotazo", una lesión de consideración que requirió atención médica inmediata y la aplicación de ocho puntos de sutura para poder cerrar la herida.
En declaraciones brindadas a La Tribu 650 AM, el comisario Gabriel Rivas brindó detalles sobre el origen del conflicto. Según el jefe policial, la chispa que detonó la violencia ocurrió precisamente tras la culminación del partido de reserva. El comisario explicó que el público presente en el lugar arrojó una botella de agua hacia los jugadores, acción que provocó una reacción inmediata y violenta por parte de los futbolistas, desatando así la cadena de agresiones que culminó en la batalla campal.
El comisario Rivas enfatizó que el personal policial fue "avasallado en cantidad", subrayando la desproporción numérica entre los agentes y los involucrados en el conflicto. Esta circunstancia justificó el uso de los medios de dispersión para contener a la multitud y proteger la integridad tanto de los civiles como de los propios uniformados.
La violencia no solo alcanzó a los cuerpos de seguridad, sino que también afectó a los oficiales encargados de impartir justicia en el campo de juego. Se confirmó que el árbitro del partido de reserva también resultó herido durante los disturbios. Ante la gravedad de lo sucedido, el colegiado procedió a formular la denuncia correspondiente contra los responsables de las agresiones sufridas durante el incidente.
Este episodio deja en evidencia la tensión vivida en las instalaciones del club Sport Primavera, donde la pasión deportiva fue desplazada por enfrentamientos físicos y el uso de proyectiles. La intervención de la Comisaría 3a Central fue determinante para finalizar la batalla campal, aunque el saldo final incluye un policía con suturas en el cráneo y un árbitro denunciante, marcando un cierre accidentado para el encuentro entre 25 de Noviembre y Capitán Insfrán.


