En Matanzas, ciudad conocida como la Atenas de Cuba, reside un hombre que ha convertido su existencia en un puente entre el presente y el pasado. Ercilio Vento Canosa, a sus 78 años, no es solo un historiador, sino una institución viviente y un guardián de la memoria colectiva de su tierra natal, dedicando seis décadas de un trabajo incansable a la investigación y al descubrimiento.
Nacido el 17 de octubre de 1947, Vento Canosa desarrolló una pasión temprana por la lectura, hábito inculcado por sus padres desde los cuatro años. Esta curiosidad intelectual lo llevó a memorizar el abecedario e imitar las letras casi instintivamente, logrando interpretar significados textuales siendo aún un infante. Durante su enseñanza media, su desarrollo personal fue impulsado por profesoras como Digdora Alonso, Celia Michelena, Rosa Cartaya y Carilda Oliver Labra, quienes sembraron en él el amor por la literatura.
Esa misma sed de conocimiento lo llevó a incursionar de forma autodidacta en el estudio de los idiomas. Actualmente, el doctor Vento domina con fluidez una decena de lenguas y dialectos, incluyendo el arameo, el catalán, el sánscrito, el latín, el hebreo y el arahuaco, aunque manifiesta que su predilecto es el italiano.
La trayectoria de Ercilio Vento se caracteriza por una polifacética curiosidad que rechazaba la monotonía. En el ámbito académico y profesional, se formó en Medicina, especializándose en primer y segundo grado en Medicina Legal. Sin embargo, su espíritu investigador lo llevó más allá de las aulas. A los 17 años, en 1964, fundó el primer movimiento de investigación espeleológica en la provincia de Matanzas. Gracias a este impulso, puso de relieve el potencial del Carso matancero y reveló la existencia del mayor sistema cavernario freático del país.
Durante más de 20 años, sus contribuciones a la espeleología fueron constantes, abarcando desde el hallazgo de evidencias aborígenes en el centro de la región hasta la descripción de gérmenes patógenos en medios subterráneos. A nivel internacional, el doctor Vento es reconocido por crear un método original para el cálculo de la edad mediante el estudio histológico de un hueso, convirtiéndose en el primer latinoamericano y el octavo investigador en el mundo en declarar tal invención.
En el campo de la arqueología, destaca su trabajo en 1982, cuando reveló el sitio funerario aborigen a cielo abierto más grande de Cuba, ubicado en la margen occidental del río Canímar, en colaboración con arqueólogos de renombre nacional e internacional.
Uno de los episodios más singulares de su vida fue la custodia y restauración de la momia de Josefa Margarita Petronila Ponce de León y Herederos. Durante más de 20 años, Vento Canosa trabajó en la recuperación de este cuerpo, que había sido profanado por una persona con esquizofrenia. El administrador del cementerio de Matanzas le confió la tarea de resguardarla, lo que llevó al doctor a trasladar la pieza a su propio hogar, donde convivía con sus padres. Este hecho generó diversas leyendas urbanas, como que la momia reposaba sobre su cama o que influyó en su primer divorcio. Posteriormente, el cuerpo fue donado al Museo Provincial Palmar de Junco, y la experiencia fue plasmada por Vento en su libro “La momia de Matanzas, un encuentro con la historia”.
Como escritor, posee una producción prolífica con más de 400 publicaciones distribuidas en diez países. Su interés se ha centrado especialmente en la vida y obra de José Martí, sobre quien ha escrito seis libros, destacando “La Cruz de Caguairán”, un análisis de 188 documentos sobre el Apóstol y su obra “Carmen, la agonía del verso”.
En el año 2025, su trayectoria ha sido validada con importantes reconocimientos. La Universidad de Ciencias Médicas le otorgó el Premio a la Innovación por la Obra de la Vida. Asimismo, recibió la condición académica Honoris Causa de la casa de estudios matancera por su labor como Historiador de la Ciudad, cargo que desempeña desde hace 16 años, elevando el prestigio de Matanzas a nivel internacional.
Más allá de sus títulos como médico legal, investigador, profesor y espeleólogo, Ercilio Vento Canosa es descrito por quienes lo visitan como un hombre sencillo, de habla pausada y memoria prodigiosa, que considera la historia como un bien común. Para él, la grandeza humana reside en la capacidad de mejorar y sacrificarse en el "Reino de este Mundo", filosofía que resume la cita de Alejo Carpentier que guía su vida.


