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La tragedia de las madres buscadoras en México: el rostro humano de los 135,000 desaparecidos

Alicia Trejo lleva más de 14 años buscando a su hijo Francisco Albavera Trejo, quien desapareció el 26 de marzo de 2012 cerca del Metro Pantitlán, en el oriente de la Ciudad de México. Recuerda que su familia recibió entonces un mensaje que decía que el joven estaba “guardadito”, pero no la exigencia para el pago de un rescate ni algún otro indicio sobre dónde podía estar. Alicia presentó una denuncia por la desaparición, sin que hasta ahora tenga noticias sobre avances en las investigaciones. Mientras tanto, ella no se queda de brazos cruzados.

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La tragedia de las madres buscadoras en México: el rostro humano de los 135,000 desaparecidos
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En México, más de 135 mil personas desaparecidas han impulsado el surgimiento de cientos de colectivos encabezados por mujeres que, ante la ineficiencia del Estado, han asumido la tarea de investigar y rastrear el paradero de sus seres queridos. Estas madres, hermanas e hijas recorren penales y cementerios, enfrentando no solo el dolor y la inestabilidad económica, sino también amenazas y asesinatos en diversas regiones del país. A pesar de la existencia de leyes sobre desaparición forzada y las recientes promesas del gobierno de Claudia Sheinbaum para agilizar las investigaciones, las familias denuncian que la respuesta oficial sigue siendo insuficiente. La crisis trasciende las cifras oficiales, convirtiéndose en una lucha desesperada por la justicia y el reconocimiento de una tragedia humana que consume la vida y los proyectos de miles de familias mexicanas.

Alicia Trejo ha dedicado más de 14 años de su vida a una búsqueda incansable. Su hijo, Francisco Albavera Trejo, desapareció el 26 de marzo de 2012 en las inmediaciones del Metro Pantitlán, al oriente de la Ciudad de México. En aquel entonces, la familia recibió un mensaje críptico que indicaba que el joven estaba “guardadito”, pero nunca llegó una exigencia de rescate ni ninguna pista concreta sobre su paradero. A pesar de haber presentado la denuncia correspondiente, Alicia no ha recibido noticias sobre avances en las investigaciones, lo que la ha llevado a tomar las riendas de la búsqueda.

La lucha de Alicia es compartida por miles de mujeres en México. “Con los colectivos, salimos a hacer búsqueda en vida, yo salgo a pegar fotos y vamos a hospitales, entramos a penales”, relató la mujer durante una marcha realizada el pasado 10 de mayo, Día de las Madres, en la Ciudad de México. En este encuentro, diversas mujeres denunciaron que han tenido que asumir tareas de investigación que el Estado no ha podido atender.

Esta batalla es una constante en diversas regiones del país. Martha Angélica Martínez Pérez busca desde 2017 a su hijo Sergio Orlando Beltrán Martínez, desaparecido en el municipio de Guadalupe, Zacatecas. Para ella, la fe es el motor que sostiene su resistencia, afirmando que no descansarán hasta obtener respuestas. De igual manera, María de la Luz Solís busca desde 2016 a su hijo José Francisco Álvarez Solís, desaparecido en Fresnillo, Zacatecas. Tras una década de búsqueda, María de la Luz mantiene la esperanza de encontrarlo con vida, describiendo la desaparición de un familiar como una experiencia horrible.

El fenómeno de las madres buscadoras surgió hace aproximadamente 20 años, impulsado por el incremento de la violencia y las desapariciones vinculadas a la actividad de grupos criminales. Estas mujeres operan en un espectro que va desde la colaboración con policías, fiscalías y comisiones de búsqueda, hasta jornadas independientes de rastreo. Recientemente, han utilizado la visibilidad del Mundial de Fútbol, del cual México es anfitrión junto a Estados Unidos y Canadá, para exigir atención gubernamental. Algunas han adaptado el eslogan oficial “La pelota vuelve a casa” por la interrogante: “La pelota a casa, ¿ellos cuándo?”.

La magnitud de la crisis es alarmante. Según registros oficiales, en México hay más de 135,000 personas desaparecidas. Aunque no existe un censo oficial de las mujeres que las buscan, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) estima la existencia de unos 500 colectivos en el país, con los grupos más grandes integrados por entre 100 y 150 personas. Esta realidad no es exclusiva de México; en Argentina, las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo han buscado a desaparecidos de la dictadura militar (1976-1983), y en Colombia, una ley de 2024 reconoce a las mujeres buscadoras como constructoras de paz.

Meyatzin Velasco, coordinadora de Educación del Centro Prodh, señala que el perfil de quienes buscan ha evolucionado. Si bien las madres han encabezado el movimiento, ahora participan más jóvenes, hermanas, hijas, esposas y compañeras de vida. Un ejemplo es María del Rocío Hernández Romero, quien desde 2011 busca a su hermano Felipe en Torreón, Coahuila. María del Rocío integra el Grupo Vida Laguna, un colectivo que realiza búsquedas de campo y ha logrado localizar restos humanos.

A pesar de que en 2017 se publicó la Ley General en Materia de Desaparición Forzada, las familias sienten que el Estado sigue siendo insuficiente. María del Rocío enfatiza que, pese al dolor, las familias son quienes deben tomar la iniciativa. Esta labor conlleva riesgos extremos: en abril del año pasado, María del Carmen Morales y Teresa González, madres buscadoras que denunciaron un “campo de exterminio” en el Rancho Izaguirre, fueron asesinadas en Jalisco. Casos similares se han registrado en Sinaloa y Guanajuato.

Ante estas demandas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha asegurado que su equipo atiende el problema. El Gobierno Federal informó que la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y la fiscal general, Ernestina Godoy, realizarán recorridos nacionales para implementar medidas como la apertura inmediata de carpetas de investigación desde el primer reporte. No obstante, para Alicia Trejo y muchas otras, el Gobierno aún minimiza la situación y es urgente un reconocimiento pleno de la problemática nacional.

Finalmente, el impacto de esta crisis trasciende lo judicial. Meyatzin Velasco advierte sobre la pérdida de capital humano y social, ya que mujeres en plenitud de sus capacidades laborales y proyectos de vida dedican el 100% de su tiempo a la búsqueda, sumiéndose a menudo en la inestabilidad económica. La tragedia de las desapariciones en México se mide así no solo en cifras, sino en el sacrificio y la resistencia de miles de mujeres.

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