El reconocido escritor y periodista Fernando Ampuero ha anunciado el cierre de una de las etapas más prolíficas de su trayectoria literaria. A través de su más reciente publicación, 'Última parada' (Tusquets), una antología que supera las 500 páginas y recopila sus cuentos más representativos escritos entre 1972 y 2024, el autor ha decidido poner punto final a su incursión en el género breve.
En una conversación con La República, Ampuero explicó que esta decisión surge del impulso de haber trabajado en una selección final de sus textos, concluyendo que ya no desea incrementar dicha lista con nuevas creaciones. "Basta de antologías", afirmó el escritor, quien manifestó su deseo de darle una nueva oportunidad al silencio en lo que respecta al cuento. A pesar de este retiro del género, Ampuero aseguró que continuará dedicado a la lectura de poesía, novelas, libros de historia y biografías, además de seguir escribiendo crónicas, memorias y notas sobre literatura.
La obra 'Última parada' permite observar la evolución estilística de Ampuero. El autor recordó que sus primeros pasos en la escritura comenzaron a los 19 años, aunque solo seleccionó un par de relatos de aquella época. Durante su etapa de aprendizaje, Ampuero experimentó con diversas estéticas, intentando emular a autores como Valdelomar, Borges, Cortázar, Chéjov, Camus, así como a la herencia estadounidense de Hemingway y Fitzgerald. No fue hasta la década de los ochenta y principios de los noventa, con la escritura de 'Malos modales' y 'Bicho raro', cuando logró consolidar la voz narrativa propia y el estilo directo que lo caracteriza.
El periodismo desempeñó un papel fundamental en la vitalidad de su narrativa. Ampuero, quien trabajó en la revista Caretas, describió su labor periodística no solo como un medio de sustento, sino como un salvoconducto para ser testigo de acontecimientos interesantes y vivir su época. Esta experiencia profesional influyó directamente en sus argumentos literarios; por ejemplo, el cuento 'Lobos solitarios' refleja la intensidad de escritores que, a pesar de los fracasos, perseveraban en el anhelo de crear una obra maestra. Asimismo, el autor señaló que el formato del cuento se ajustaba perfectamente a los tiempos limitados que le dejaba la exigente práctica periodística, evitándole la necesidad de afrontar novelas largas durante sus años más convulsos en las redacciones.
La obra de Ampuero también funciona como un espejo de la sociedad peruana. En 'Última parada' se incluyen relatos que capturan la sensibilidad de diversas décadas: desde la tensión ideológica de los años setenta, reflejada en 'Paren el mundo que acá me bajo', hasta la crisis económica y el terrorismo de los ochenta. En particular, destacó el cuento 'El departamento' (1982), donde narra la pesadilla de un ciudadano inocente acosado por la policía debido a que alquiló una vivienda donde previamente vivió un presunto subversivo, reflejando la sensación de zozobra que vivió el país durante diez años.
En cuanto a su técnica, Ampuero defendió el uso de la primera persona gramatical para situar al lector y generar una sensación de historia de primera mano, aunque recurre a la tercera persona cuando busca establecer distancia. Sobre la autorreferencialidad, advirtió que no siempre se debe confiar en el autor, ya que algunos de sus personajes, aunque compartan su nombre, son creaciones lúdicas para enganchar al lector.
Uno de los puntos más íntimos de la antología es el cuento 'Jamás en la vida', el cual Ampuero describió como su relato más personal y doloroso, pues trata sobre la locura de su madre. El autor mencionó que escribir esta pieza le acarreó reproches familiares, aunque el paso del tiempo le otorgó la licencia para narrar esa escena de corte gótico.
Finalmente, el escritor resaltó la importancia del humor en su narrativa, definiéndolo como una "segunda piel" que protege de la depresión. Ampuero vinculó su sentido del humor con la tradición de los escritores satíricos coloniales y costumbristas como Ricardo Palma, y mencionó la influencia de autores como Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce, subrayando que el humor no solo invita a la risa, sino que enriquece el pensamiento y la reflexión.


