La artrosis de rodilla se ha consolidado como una de las afecciones más prevalentes en la población adulta a nivel global. De acuerdo con datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud, esta patología afecta a más de 365 millones de personas en todo el mundo. El cuadro clínico se caracteriza principalmente por la presencia de inflamación, rigidez y un dolor persistente que, en conjunto, reducen drásticamente la movilidad de los pacientes y limitan significativamente su calidad de vida diaria.
Para una parte considerable de quienes padecen esta condición, las opciones terapéuticas convencionales resultan insuficientes. Muchos pacientes no logran encontrar un alivio satisfactorio a través de la fisioterapia, el uso de fármacos antiinflamatorios o la aplicación de inyecciones intraarticulares. No obstante, el paso siguiente en la escala de tratamiento, que es el reemplazo articular, no representa una opción viable para todos los pacientes, ya sea por contraindicaciones médicas o por preferencias personales. En este contexto, surge una alternativa prometedora mediante una técnica mínimamente invasiva.
Este procedimiento, denominado embolización de la arteria genicular (EAG), consiste en el bloqueo selectivo de los vasos sanguíneos anómalos que se desarrollan alrededor de la articulación de la rodilla afectada por artrosis. La ciencia médica ha asociado la formación de estos vasos con la inflamación crónica y la persistencia del dolor. Para ejecutar la EAG, un radiólogo intervencionista introduce un catéter delgado hasta alcanzar los vasos afectados, procediendo entonces a inyectar microesferas de gelatina. Estas esferas, que son reabsorbidas por el cuerpo en pocas horas, tienen la función de bloquear el flujo sanguíneo anómalo, lo que deriva en una reducción efectiva de la inflamación.
El doctor Florian Nima Fleckenstein, subdirector del Campus Mitte de Radiología Intervencionista de la Charité - Universitätsmedizin Berlin, ha señalado que actualmente existe una brecha crítica en el tratamiento de la artrosis de rodilla. Según el especialista, ocurre un vacío cuando las medidas conservadoras, como las inyecciones, dejan de proporcionar alivio, pero la cirugía de reemplazo articular no es una opción posible. La embolización de la arteria genicular se posiciona así como una solución intermedia, destacando por ser un proceso mínimamente invasivo que no requiere cirugía y presenta un riesgo bajo de complicaciones.
La eficacia de esta técnica fue puesta a prueba en un estudio realizado en Berlín, en el que participaron 194 pacientes, compuesto por 114 mujeres y 80 hombres. El perfil del grupo estudiado presentaba una edad media de 69 años y un índice de masa corporal promedio de 28,4. Todos los participantes compartían una característica común: padecían dolor de rodilla que había resistido al menos tres meses de tratamiento conservador. Cabe destacar que un 23% de los integrantes del estudio fueron sometidos al procedimiento en ambas rodillas.
Los resultados de esta investigación, publicados en la revista científica Radiology de la Sociedad Radiológica de América del Norte, revelan que el uso de microesferas reabsorbibles permitió una disminución rápida y sostenida del dolor, además de una mejora funcional relevante. Para medir el impacto, se utilizó la Escala Numérica de Calificación (del 0 al 10), donde el dolor promedio bajó de 7 puntos antes del tratamiento a 4 puntos a las seis semanas, alcanzando una puntuación de 3 tanto a los seis como a los doce meses. Esta mejoría superó el umbral de relevancia clínica y se mantuvo estable durante todo el año de seguimiento.
Más allá de la reducción del dolor, el estudio registró avances significativos en la calidad de vida y la funcionalidad de los pacientes. A través de la Escala de Resultados de Lesiones de Rodilla y Osteoartritis, se observó que la capacidad para realizar actividades diarias aumentó de una mediana de 53 a 71,5 puntos. En cuanto a la práctica de deportes y actividades recreativas, la mejora fue notable, pasando de 15 a 36 puntos, mientras que la puntuación general de calidad de vida subió de 19 a 40 puntos. En total, el 80% de los pacientes logró una mejoría considerada clínicamente significativa tras un año.
En términos de seguridad, el procedimiento se realizó bajo guía fluoroscópica y fue técnicamente exitoso en todos los casos, sin registrarse eventos adversos moderados o graves. Solo un 6,7% de los pacientes reportó reacciones leves que fueron autolimitadas. El seguimiento fue exhaustivo, con un 94% de participación a las seis semanas y un 79% al completar el año.
La seguridad del método reside en gran medida en las microesferas de gelatina, diseñadas para disolverse rápidamente, evitando así los efectos secundarios a largo plazo que podrían generar materiales permanentes. Al bloquear los vasos patológicos, se normaliza la estructura vascular y neuronal de la rodilla, combatiendo el dolor crónico desde la raíz. El doctor Fleckenstein concluye que esta intervención ofrece un alivio duradero con un solo procedimiento, representando una opción realista y eficaz para aquellos pacientes que se encuentran en el punto medio entre el tratamiento conservador y la cirugía mayor. Aunque el estudio se realizó en un solo centro, los expertos subrayan que los datos reflejan la práctica clínica habitual y el mundo real.


