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El silencio de la jubilación: el desafío psicológico de redescubrir la identidad masculina

Esto tiene que ver con el trabajo y la sensación de sentirse poco útiles para la sociedad y el nuevo mundo que les toca afrontar.

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El silencio de la jubilación: el desafío psicológico de redescubrir la identidad masculina

Durante años, una imagen se ha vuelto recurrente en innumerables hogares: la de un hombre jubilado sentado en silencio, con la mirada fija en el televisor sin manifestar un interés real por el contenido, o simplemente sumergido en sus propios pensamientos. Para quien observa desde afuera, la escena puede parecer cotidiana, casi banal; sin embargo, el hombre parece haberse corrido a un costado, alejándose del flujo activo de la vida que continúa latiendo a su alrededor.

Esta situación suele ser interpretada de manera superficial y apresurada. Con frecuencia, el entorno atribuye este comportamiento a una simple falta de energía propia de la edad, a un desinterés generalizado por las actividades cotidianas o incluso a un carácter reservado que, supuestamente, se acentúa con el paso de los años. No obstante, el análisis desde la psicología sugiere que lo que ocurre en la mente del hombre retirado es un proceso mucho más profundo y complejo que la mera apatía o el cansancio.

El paso a la jubilación no debe entenderse únicamente como un cambio en la rutina diaria o el fin de una carga horaria laboral. Según el sitio especializado Geediting, se trata de una transición vital que impacta directamente en la identidad del individuo, en su sentido de propósito y, fundamentalmente, en la forma en que la persona se percibe a sí misma y su lugar dentro del mundo. Para muchos hombres, la identidad ha estado intrínsecamente ligada a su desempeño profesional durante décadas.

En este contexto, surge una perspectiva que gana cada vez más fuerza en el ámbito de la salud mental: el silencio que caracteriza a muchos hombres jubilados no es un reflejo de la ausencia de pensamientos ni de una mente vacía. Por el contrario, este silencio es la manifestación externa de la pérdida de un rol central. Durante gran parte de su vida adulta, ese rol profesional definió quiénes eran, qué lugar ocupaban en la sociedad y, sobre todo, por qué eran valorados por los demás y por sí mismos.

Este fenómeno psicológico no responde a una causa única, sino que es el resultado de una combinación de factores que se activan en el momento preciso del retiro. La transición implica desprenderse de una estructura que brindaba seguridad, reconocimiento y una razón diaria para levantarse. Cuando el entorno laboral desaparece, el hombre se enfrenta a un vacío que no es físico, sino existencial. La pregunta sobre quién es uno cuando ya no tiene un cargo, una oficina o una responsabilidad profesional se vuelve inevitable y, a menudo, abrumadora.

Al analizar la escena inicial —el hombre quieto frente al televisor— desde este enfoque psicológico, la interpretación cambia radicalmente. El silencio deja de ser visto como un vacío o una falta de comunicación para ser entendido como una transición interna. Es un proceso que ocurre en la intimidad del pensamiento y que, en muchas ocasiones, sucede sin palabras porque no existen los términos adecuados para describir la pérdida de una identidad construida durante toda una vida.

Detrás de ese gesto inmóvil y la mirada perdida, no se encuentra la falta de voz, sino la necesidad imperiosa de redefinir la propia esencia. El desafío reside en descubrir quién es el individuo cuando aquello que dio forma a su existencia y le otorgó valor social deja de estar presente. El silencio es, por lo tanto, el espacio donde se libra la batalla por encontrar un nuevo propósito y una nueva forma de sentirse útil y valorado en una etapa de la vida donde las reglas del juego han cambiado completamente.

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