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Sullana: Adolescente que soñaba con ser policía muere en masacre mientras jugaba videojuegos

El adolescente de 15 años había ido a visitar a su abuela y a jugar con un amigo. Dos sicarios irrumpieron en una vivienda de Sullana para ejecutar a tres hombres y acabaron convirtiéndolo en una víctima colateral. Sus padres exigen justicia y rechazan las versiones que intentan vincularlo con la delincuencia.

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Sullana: Adolescente que soñaba con ser policía muere en masacre mientras jugaba videojuegos
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Un adolescente de 15 años, Dayron Merino Reyes, fue brutalmente asesinado en Sullana mientras jugaba videojuegos con un amigo. La víctima, quien aspiraba a ingresar a la Policía Nacional, murió tras recibir ocho impactos de bala en un ataque perpetrado por sicarios que buscaban ejecutar a otros sujetos en un ajuste de cuentas. En un acto de valentía, Dayron intentó proteger a su compañero de 12 años antes de fallecer. Actualmente, su familia no solo lucha contra el dolor, sino también contra una campaña de difamación en redes sociales que intenta vincular falsamente al menor con actividades criminales. Este crimen se suma a la alarmante ola de violencia en Piura, región que ocupa el segundo lugar nacional en muertes violentas. Los padres del joven exigen justicia inmediata y la captura de los responsables de este atroz crimen.

La ciudad de Sullana, en la región de Piura, se encuentra conmocionada tras el brutal asesinato de Dayron Merino Reyes, un estudiante de apenas 15 años cuya vida fue truncada violentamente en un ataque perpetrado por sicarios. El adolescente, quien tenía la firme aspiración de ingresar a la Policía Nacional para servir a su comunidad, murió tras recibir ocho impactos de bala durante una masacre ocurrida en una vivienda del asentamiento humano Santa Teresita.

Los hechos se desencadenaron la noche del 4 de junio. Según el relato de sus padres, Dayron solicitó permiso para dirigirse a la casa de su abuela, donde planeaba reunirse con algunos amigos para pasar un momento de distracción jugando videojuegos. Las cámaras de seguridad de la zona captaron los últimos instantes en que el menor fue visto con vida junto a sus progenitores, justo antes de que ellos salieran a comprar unos medicamentos.

Al llegar al inmueble, Dayron se encontró con un amigo. Ambos se instalaron frente a una mesa para jugar, mientras mantenían comunicación en línea con otro compañero de colegio. Sin embargo, la tranquilidad de la reunión duró apenas treinta minutos, tiempo suficiente para que la violencia irrumpiera en el lugar.

De acuerdo con los testimonios recogidos por las autoridades, dos sicarios vestidos de negro llegaron a la vivienda, apoyados por otros sujetos que los esperaban en motocicletas para asegurar una huida rápida. El objetivo del ataque no era el adolescente, sino tres hombres que se encontraban conversando en la puerta de la casa: Elar Salvador Atoche, Diego Meca Juárez y Jesús Loro Cornejo. La Policía Nacional sostiene que el ataque responde a un ajuste de cuentas o a una disputa entre organizaciones criminales que operan en Sullana.

La brutalidad del ataque fue extrema; los sicarios dispararon más de 60 veces contra los objetivos en el exterior y, posteriormente, ingresaron a la vivienda. Una vez adentro, uno de los atacantes abrió fuego directamente contra los dos menores que jugaban videojuegos. Dayron recibió impactos críticos en la cabeza, el pecho, una pierna, un brazo y una mano. Su amigo, un niño de tan solo 12 años, logró sobrevivir al ataque, aunque se encuentra en un estado de shock profundo.

El dolor de la familia se intensificó con el relato de la hermana del adolescente, quien descubrió el cuerpo de Dayron tendido y gravemente herido al bajar las escaleras. Los familiares narran que, en un último acto de agonía, el joven alcanzó a apretar la mano de quienes intentaban auxiliarlo. Asimismo, los padres sostienen que, en medio del caos y los disparos, Dayron intentó proteger a su amigo menor, pidiéndole que corriera y buscara refugio para salvar su vida.

Días después de la tragedia, la habitación de Dayron permanece como un mudo testigo de sus sueños rotos. Allí se encuentran sus cuadernos de tercero de secundaria, sus herramientas de barbería, sus dibujos y las zapatillas que calzaba la noche del crimen. El joven era reconocido por su dedicación al estudio, su pasión por el dibujo, el fútbol y la práctica de muay thai, además de haber estudiado barbería.

A la tragedia se ha sumado un calvario adicional: la difamación. La familia de Dayron ha denunciado la difusión de fotografías falsas en redes sociales que intentan vincular al adolescente con actividades criminales y el sicariato. Su madre, Vicky Reyes, ha rechazado categóricamente estas versiones, mostrando documentos escolares y fotos familiares para demostrar que las imágenes que circulan en internet corresponden a otra persona.

Este crimen ocurre en un contexto regional alarmante. Según cifras reportadas, la región de Piura ha registrado 154 muertes violentas durante el año 2025, posicionándose como el segundo lugar a nivel nacional en este tipo de delitos.

Mientras las investigaciones avanzan para identificar a los autores materiales e intelectuales de la matanza, José Merino, padre del menor, exige que la muerte de su único hijo varón no quede impune. Su pedido es claro: que las autoridades capturen a los responsables de haber arrebatado la vida a un niño que aquella noche solo quería jugar con sus amigos.

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