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Muere David Hockney a los 88 años: el fin del ciclo de la posmodernidad pictórica

Con la muerte a los 88 años de David Hockney, podría haber llegado a su fin el fenómeno de la posmodernidad. Más allá de su célebre producción artística, Hockney ha sido un gran investigador de la historia del arte que –con Giotto, Leonardo da Vinci o Picasso– revolucionó el modo de entender el espacio pictórico, contribuyendo al avance del concepto de representación y convirtiendo el cuadro en un territorio donde todo es posible.

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Muere David Hockney a los 88 años: el fin del ciclo de la posmodernidad pictórica
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El mundo del arte despide a David Hockney a los 88 años, el artista inglés que sentó las bases de la posmodernidad. Más allá de su éxito visual, Hockney revolucionó la representación del espacio pictórico al permitir que diversos elementos y perspectivas coexistieran en una misma mirada, un avance conceptual comparable a la revolución del cubismo. Su legado se define por una curiosidad insaciable que unió el arte con la ciencia. Desde el estudio de técnicas ópticas de los grandes maestros hasta el uso vanguardista del iPad y la pintura digital, Hockney transformó la manera de proyectar la realidad sobre el lienzo y la pantalla, eliminando las barreras entre el artista y su obra. Hockney trasciende la etiqueta de referente del pop británico para consolidarse como un investigador fundamental de la historia del arte. Su capacidad para innovar y compartir sus teorías dejó una huella imborrable en la pintura contemporánea y en la comprensión moderna de la representación espacial.

El mundo del arte se despide de David Hockney, quien ha fallecido a los 88 años. Su partida no solo representa la pérdida de uno de los artistas ingleses más influyentes, sino que marca el posible cierre de un ciclo cultural. Los matrimonios de estilos que Hockney comenzó a ejecutar a principios de los años 60 fueron los precursores del fenómeno de la posmodernidad, una corriente que el artista acompañó y desarrolló a través de una constante investigación sobre la representación en el espacio pictórico.

A lo largo de su trayectoria, Hockney mantuvo un compromiso ininterrumpido con la exploración de cómo se proyecta la realidad sobre el lienzo. Un ejemplo claro de esta búsqueda se manifestó en su última exposición en España, titulada ‘David Hockney: una visión más amplia’, celebrada en el Museo Guggenheim Bilbao en el año 2012. En dicha muestra, el artista decidió reencontrarse con los paisajes de su juventud, estableciendo un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los escenarios de su pasado. A través de este retorno, Hockney volvió a proponer nuevas soluciones para el registro espaciotemporal, demostrando que su interés por la expansión de la pintura seguía vigente hasta sus últimos años.

La influencia de su obra ha permeado diversas generaciones de artistas y estudiantes. A mediados de los años 80, sus representaciones de piscinas eran material de estudio fundamental en centros académicos, como la Facultad de San Carlos, donde sus catálogos servían de guía para quienes se iniciaban en la pintura. Sin embargo, la clave de su búsqueda de la posmodernidad pictórica se consolidó en una obra específica de 1975: ‘Invented Man Revealing Still Life’.

En esta pieza, Hockney reconoció un carácter de revelación. La obra no destacaba únicamente por presentar una figura inventada o por incluir una cortina inspirada en un cuadro de Fray Angélico, sino porque la naturaleza muerta representada era una copia del natural. Fue en este punto donde el artista descubrió una capacidad fundamental: la aptitud de pintar cualquier cosa y, más importante aún, la certeza de que diversos elementos podían convivir simultáneamente en una misma mirada. Esta aportación a la historia del arte se considera equiparable a la revolución que supuso el cubismo de Picasso y Braque a principios del siglo XX, aunque a menudo haya quedado eclipsada por la magnitud de su propia producción artística.

Esta capacidad de convertir el cuadro en un espacio donde todo es posible constituye la base de gran parte de la pintura contemporánea. Gracias a ello, se ha propiciado la aparición de un espacio pictórico liminal, que se sitúa más allá de las concepciones tradicionales del realismo o la abstracción. Hockney, lejos de guardar celosamente sus métodos, compartió sus teorías en su libro ‘Así lo veo yo’ (Siruela, 1994). En dicha obra, expresó su profundo interés por lograr una mutación del espacio, sugiriendo que era posible desarrollar los descubrimientos de Picasso para alcanzar un resultado que, sin parecerse a la obra del malagueño, resultara increíblemente real.

Su convicción por alcanzar un nuevo tipo de ilusión se alimentó del estudio de artistas del pasado. En su libro ‘El conocimiento secreto. El redescubrimiento de las técnicas perdidas de los grandes maestros’ (Destino, 2001), Hockney llevó a cabo una investigación sobre la evolución histórica de la representación. Sus hallazgos permitieron cuestionar la lectura clásica de obras de maestros como Caravaggio, Velázquez, Van Eyck, Holbein, Leonardo o Ingres. Al revelar que estos autores utilizaron recursos ópticos para crear sus obras, Hockney rescató técnicas perdidas y documentación histórica, reafirmando el vínculo estrecho entre el arte y la ciencia.

Esta línea de investigación lo llevó a experimentar con diversos medios tecnológicos. Desde la fotografía analógica y la Polaroid hasta el uso del fax y la pintura digital, Hockney siempre estuvo a la vanguardia. Durante los años 80, trabajó con la estación de gráficos por computadora Quantel Paintbox. En el programa de la BBC ‘Painting with Light’, describió esta experiencia como el acto de dibujar con luz sobre cristal, logrando una riqueza de color inalcanzable para la pintura tradicional y eliminando la distancia entre el artista y la marca realizada en la pantalla. Este impulso tecnológico lo mantuvo interesado en el uso de hardware moderno, como el iPhone y el iPad, en sus últimas décadas.

En conclusión, David Hockney trascendió su etiqueta como referente del pop británico. Su legado reside en su labor como investigador de la historia del arte que, siguiendo la estela de figuras como Giotto, Leonardo da Vinci o Picasso, revolucionó la comprensión del espacio pictórico y contribuyó decisivamente al avance del concepto de representación.

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