La exministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, abandonó la tarde de este viernes las dependencias de la cárcel de San Joaquín, poniendo fin a su periodo de prisión preventiva. Esta salida se produce luego de que la Corte de Apelaciones de Santiago resolviera revocar la medida cautelar que la mantenía recluida en el recinto penal, modificando su situación jurídica hacia medidas menos restrictivas.
A partir de ahora, la exmagistrada deberá someterse a un régimen de arresto domiciliario total y arraigo nacional. Sobre el lugar donde cumplirá estas nuevas disposiciones judiciales, Vivanco informó a los medios de comunicación al momento de dejar el penal que se trasladará a un departamento arrendado por su exmarido, lugar donde permanecerá bajo la vigilancia de las autoridades correspondientes.
Durante su salida, la exministra hizo un énfasis categórico en su inocencia frente a los cargos que se le imputan. “Como siempre se los he dicho, me declaro inocente, y tengo pedido a través de mi abogado declarar en mi juicio, así que espero declarar pronto, y dar todos los detalles que me corresponde darle a la Fiscalía”, señaló Vivanco, manifestando su voluntad de colaborar con la justicia y su confianza en que el proceso judicial permitirá esclarecer los hechos.
Uno de los puntos más críticos abordados por la exministra fue el impacto físico y emocional que significó su estancia en la cárcel. Vivanco describió el periodo de privación de libertad como una etapa "muy dura" tanto para ella como para su entorno familiar. En sus declaraciones, subrayó que el encierro es una situación compleja para cualquier individuo, pero que se vuelve especialmente difícil para alguien que padece los problemas de salud que ella enfrenta.
En un relato detallado sobre su condición médica, la exmagistrada reveló que padece cáncer, una patología que hizo que su permanencia en el recinto carcelario fuera sumamente complicada. “No estoy bien, estoy bastante mal, pero esto es un asunto que tiene que ver con las patologías que yo tengo”, confesó. Si bien agradeció la buena voluntad y las facilidades otorgadas por el personal de Gendarmería y las autoridades de la prisión, quienes le permitieron ingresar sus medicamentos y realizar ciertos controles internos, Vivanco fue clara al señalar que los recursos del hospital penal son insuficientes para su tratamiento.
La exministra precisó que requiere someterse a exámenes especializados que no pueden ser realizados dentro de la cárcel ni en el centro asistencial del penal, razón por la cual consideraba fundamental recuperar su libertad para poder tratarse adecuadamente en centros de salud externos.
Por su parte, la estrategia legal liderada por su defensa, encabezada por la abogada Patricia Alvarado, fue clave para lograr la revocación de la prisión preventiva. Alvarado argumentó ante el tribunal que la situación de salud de la exministra era un factor determinante, sumado a la necesidad de brindar cuidados a su madre, quien tiene 85 años de edad. Asimismo, la defensa sostuvo que Ángela Vivanco no representa un peligro para la sociedad ni constituye un obstáculo para el avance de la investigación en curso.
En consonancia con estos argumentos, Vivanco reafirmó que es una persona dispuesta a colaborar plenamente con el sistema judicial. Aseguró que su único deseo es defenderse en un juicio justo y utilizar todas las herramientas legales disponibles para rendir las pruebas necesarias que demuestren su inocencia.
Al reflexionar sobre su trayectoria profesional, la exmagistrada subrayó que durante su tiempo como ministra de la Corte Suprema actuó siempre con “honorabilidad y con rectitud”. Para Vivanco, el proceso judicial es la instancia adecuada para demostrar que su desempeño en el cargo estuvo a la altura de los principios éticos que rigen la judicatura.
Finalmente, la exministra aprovechó la instancia para expresar su gratitud hacia los abogados de la Defensoría Penal Pública que asumieron su representación, destacando la calidad del trabajo profesional realizado en su caso.


