Con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Cáncer de Piel, celebrado este 13 de junio, el director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI), Miguel Sánchez Viera, ha lanzado una advertencia fundamental para la salud pública: gran parte del daño solar que se acumula en la piel no ocurre en situaciones extraordinarias, sino durante las actividades cotidianas que la mayoría de las personas consideran inofensivas.
El especialista ha subrayado que existe un error muy extendido en la percepción del riesgo solar. Muchas personas creen que la exposición peligrosa se limita exclusivamente a las visitas a la playa o a aquellos episodios donde se producen quemaduras visibles en la piel. Sin embargo, Sánchez Viera indica que la radiación ultravioleta tiene un efecto acumulativo a lo largo de toda la vida, y que un impacto significativo de este daño se produce en situaciones habituales del día a día.
En este sentido, el dermatólogo detalla que actividades tan comunes como caminar por la ciudad, permanecer en una terraza, practicar deportes al aire libre, trabajar en exteriores o conducir un vehículo exponen la piel a la radiación ultravioleta de manera constante. Según el experto, la piel recibe esta radiación con la misma intensidad y efecto independientemente de si la persona se encuentra en un entorno vacacional o en su rutina urbana habitual.
Esta alerta adquiere una relevancia crítica en el contexto actual de España, donde los casos de cáncer de piel continúan registrando un incremento. Las cifras proporcionadas por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) son reveladoras: se estima que este año se diagnosticarán 8.074 nuevos casos de melanoma. A esta cifra se le deben sumar cerca de 78.000 casos de cáncer de piel no melanoma, lo que posiciona a los tumores cutáneos como uno de los tipos de cáncer más frecuentes en todo el territorio nacional.
El análisis de los especialistas permite identificar grupos laborales específicos que, debido a la naturaleza de sus funciones, presentan una exposición prolongada y repetida al sol. Entre los sectores de mayor riesgo se encuentran los agricultores, jardineros, albañiles, repartidores, policías y socorristas. Sánchez Viera explica que estas personas enfrentan una probabilidad superior de desarrollar tumores cutáneos, ya que el peligro no reside únicamente en la intensidad de la radiación solar en un momento puntual, sino en el tiempo total de exposición acumulado durante sus años de vida laboral.
Un punto particularmente alarmante y poco conocido es el riesgo asociado a la conducción. El dermatólogo ha aclarado que, aunque el parabrisas de los vehículos bloquea gran parte de la radiación UVB —la cual es la responsable directa de las quemaduras solares—, permite el paso de una cantidad considerable de radiación UVA. Este tipo de radiación está estrechamente relacionada con el fotoenvejecimiento y, lo que es más grave, con daños acumulativos en el ADN celular.
Como resultado de este fenómeno, los profesionales de la salud observan con frecuencia un envejecimiento prematuro de la piel y una mayor incidencia de lesiones precancerosas en el lado del cuerpo que recibe la mayor exposición solar durante los años de conducción. Además, Sánchez Viera recordó que la piel posee una especie de "memoria", conservando la huella de cada exposición solar. Por esta razón, muchos de los cánceres diagnosticados en la actualidad están directamente relacionados con exposiciones solares ocurridas hace décadas.
A pesar del preocupante aumento de los casos, los especialistas mantienen un mensaje de optimismo basado en la prevención: el cáncer de piel es uno de los tumores más prevenibles que existen. Asimismo, destacan que, cuando la enfermedad se detecta en etapas tempranas, las probabilidades de curación son muy elevadas.
Para combatir este riesgo, los expertos insisten en que la protección solar no debe ser una medida exclusiva de las vacaciones, sino que debe integrarse en la rutina diaria. Entre las recomendaciones principales se encuentra la aplicación diaria de protector solar de amplio espectro en las zonas más expuestas, específicamente el rostro, el cuello y las manos. Además, aconsejan reaplicar el producto cada dos horas siempre que se permanezca al aire libre o se produzca una sudoración intensa.
Complementando el uso de cremas, se recomienda el empleo de gafas de sol homologadas, el uso de sombreros o gorras, la búsqueda activa de espacios con sombra y la utilización de ropa confeccionada con tejidos densos o fotoprotectores durante las actividades prolongadas en exteriores. Finalmente, los especialistas subrayan la importancia de realizar revisiones dermatológicas periódicas, haciendo especial hincapié en aquellas personas con piel clara, una elevada cantidad de lunares o antecedentes familiares de cáncer de piel.


