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Marea verde y tensiones sociales: Así se vive la inauguración del Mundial 2026 en Ciudad de México

6:30 a.m. del 11 de junio de 2026. Aunque faltaban más de seis horas para que se diera el silbatazo inicial del partido inaugural del Mundial 2026 en el Estadio Ciudad de México, las calles aledañas al Coloso de Santa Úrsula comenzaron a llenarse de personas portando su playera de la selección mexicana.

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Marea verde y tensiones sociales: Así se vive la inauguración del Mundial 2026 en Ciudad de México
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La Ciudad de México se transformó en el epicentro del fútbol con el inicio del Mundial 2026 y el encuentro inaugural entre México y Sudáfrica. A pesar de un clima de tensión social y estrictos operativos de seguridad en el perímetro del Estadio Ciudad de México, miles de aficionados inundaron las calles en una marea verde cargada de expectativas. La jornada destacó por la creatividad y pasión de los seguidores, quienes lucieron desde tributos a leyendas del fútbol hasta atuendos inspirados en Frida Kahlo. Entre precios exorbitantes de reventa y viajes desde diversos estados, la atmósfera desbordada reafirmó el impacto cultural y la ferviente alegría de recibir nuevamente la máxima competición mundial.

Eran las 6:30 a.m. del 11 de junio de 2026 y, aunque todavía restaban más de seis horas para el silbatazo inicial del partido inaugural del Mundial 2026, la zona aledaña al Estadio Ciudad de México ya mostraba signos de una movilización masiva. Las calles que conducen al Coloso de Santa Úrsula comenzaron a poblarse de personas que portaban la camiseta de la selección mexicana, marcando el inicio de una jornada cargada de expectativas.

México asumía por tercera vez en su historia la responsabilidad de ser sede de una Copa del Mundo de la FIFA. En esta ocasión, el país recibía a Sudáfrica en un clima donde la emoción por el fútbol convivía con una evidente tensión social. La atmósfera en los alrededores del recinto se veía influenciada por la amenaza de múltiples protestas organizadas por diversos sectores inconformes con el Gobierno federal, incluyendo a maestros, transportistas, productores, ciudadanos preocupados por la inseguridad y familiares de personas desaparecidas.

A este complejo panorama social se sumó la implementación del operativo “última milla” por parte de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. Esta medida estableció un perímetro de aproximadamente 1,6 kilómetros alrededor del estadio, imponiendo restricciones temporales de circulación durante los encuentros mundialistas para gestionar el flujo de personas y vehículos.

A pesar de las complicaciones logísticas, miles de aficionados optaron por caminar lentamente hacia los accesos del recinto para garantizar su entrada. A medida que el reloj avanzaba hacia las 8 a.m., hora programada para la apertura de las puertas, el Circuito Ciudad de México se transformó en una marea verde, inundada de cánticos y gritos de “Viva México”.

Para muchos seguidores del seleccionado, el jersey oficial no fue suficiente. Entre la multitud destacaron Alfredo, Jorge y Javier, tres amigos provenientes de Tijuana, Baja California, y Los Cabos, Baja California Sur. Los tres jóvenes lucían largas cabelleras rubias en pelucas que rendían homenaje a Luis “el Matador” Hernández, quinto máximo goleador de la historia de México. Según relataron, pasaron tres meses participando en rifas de boletos de la FIFA para lograr asistir a la inauguración, eligiendo este disfraz como un amuleto de suerte frente a los Bafana Bafana.

Otro de los asistentes, Charlie, originario de Mérida, Yucatán, compartió que adquirió su entrada en reventa hace aproximadamente un mes, con un costo estimado entre 30,000 y 40,000 pesos mexicanos (unos 1,700 a 2,300 dólares estadounidenses). Charlie, portero aficionado, vistió el colorido uniforme que Jorge Campos utilizó en Estados Unidos 1994 para fomentar el ambiente mundialista, aunque mencionó que rotaría entre tres indumentarias diferentes durante el día para apoyar también a Guillermo Ochoa.

La creatividad también estuvo presente con Miranda y Sara, quienes combinaron la playera verde con faldas floreadas, rebozos rosa mexicano, coronas de flores y maquillaje alusivo a la uniceja de Frida Kahlo. Ambas, residentes de Coyoacán, invirtieron cerca de 2,000 pesos mexicanos en sus trajes. Miranda explicó que consiguieron sus boletos en la madrugada del lunes tras meses de monitorear la página de la FIFA, asegurando que el gasto era justificado por tratarse de una experiencia de vida.

No todos los presentes contaban con un boleto. Gustavo, un maestro de educación física de Puebla, viajó a las 3 a.m. para vivir la fiebre del Mundial a pesar de no haber podido comprar una entrada debido a los precios que calificó como “descabellados”. Gustavo llamó la atención al vestir una máscara de payaso endemoniado y cargar un martillo decorado con los colores nacionales y un mensaje que ofrecía el objeto a cambio de un boleto. Su plan consistía en seguir el partido a través de su teléfono o pantallas de comercios cercanos.

Otros ciudadanos, como Lino, residente de Tláhuac, y José Luis, de Nicolás Romero, decidieron visitar el estadio un día antes de la inauguración. Lino, quien no posee entrada, buscaba evitar las aglomeraciones y los cierres viales para tomarse una fotografía, anticipando que el día del partido sería mucho más difícil acceder a la zona.

Finalmente, el evento también atrajo a extranjeros como Josué, originario de San José El Rodeo, Guatemala, quien vive y trabaja en la Ciudad de México desde hace 30 años. Aunque su país no clasificó, Josué asistió para convivir con personas de distintas nacionalidades y expresar su apoyo a la selección de Brasil, a la que considera la mejor del mundo.

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