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ONUSIDA alerta que el mundo no logrará erradicar el sida para 2030 debido a recortes en financiación

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) causó el año pasado 1,2 millones de nuevos casos en todo el mundo y 570.000 muertes, lo que supone un descenso del 43 y del 57 por ciento, respectivamente, en comparación con el año 2010, según se desprende de un informe publicado por ONUSIDA este viernes.

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ONUSIDA alerta que el mundo no logrará erradicar el sida para 2030 debido a recortes en financiación
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El mundo ha logrado reducir drásticamente las muertes y nuevos contagios por VIH desde 2010, pero ONUSIDA advierte que la meta de erradicar el sida para 2030 está en peligro. A pesar de los avances en el diagnóstico y tratamiento, la falta de inversión y el retroceso en derechos humanos impiden alcanzar el objetivo final. Una caída histórica del 23 por ciento en la financiación internacional ha provocado un colapso en los programas de prevención, afectando gravemente las pruebas de detección y el acceso a la profilaxis preexposición. Esta crisis financiera deja a millones de personas sin el tratamiento necesario y facilita la expansión del virus. El progreso es desigual y alarmante en regiones como América Latina, Oriente Medio y África subsahariana, donde las mujeres jóvenes siguen siendo el grupo más vulnerable. La brecha persiste con millones de personas que aún desconocen su estado serológico o no acceden a la terapia antirretroviral.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) ha publicado un informe detallado este viernes en el que presenta un panorama contrastado sobre la lucha global contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Si bien las estadísticas a largo plazo muestran un progreso significativo en la reducción de la mortalidad y la incidencia, la agencia ha lanzado una advertencia contundente: el mundo no se encuentra en la trayectoria necesaria para alcanzar la erradicación del sida para el año 2030.

En términos de datos globales, el virus del VIH causó el año pasado 1,2 millones de nuevos casos en todo el planeta y provocó la muerte de 570.000 personas. A pesar de la gravedad de estas cifras, representan un avance notable cuando se comparan con los registros de 2010, periodo respecto al cual se observa un descenso del 43 por ciento en los nuevos contagios y una reducción del 57 por ciento en el número de fallecimientos.

Para el año 2025, el informe indica que un total de 40,9 millones de personas vivían con VIH a nivel mundial. De este grupo, el 88 por ciento tenía conocimiento de su estado serológico. En cuanto al acceso a la salud, el 89 por ciento de quienes conocían su diagnóstico se encontraba bajo tratamiento, y de ese porcentaje, un 95 por ciento había logrado alcanzar la supresión viral.

Estos indicadores sitúan a la comunidad internacional cerca del objetivo denominado "95-95-95", una meta establecida por ONUSIDA para garantizar que la gran mayoría de la población afectada sea diagnosticada, tratada y logre la supresión del virus. Sin embargo, la agencia de Naciones Unidas ha sido enfática al señalar que, pese a la proximidad numérica a estas metas, el mundo "no está en camino" de conseguir la erradicación total para 2030. Esta conclusión se fundamenta en factores críticos como los recortes en la financiación externa, el retroceso en materia de derechos humanos y una preocupante falta de inversión y priorización en los servicios comunitarios y la prevención del VIH.

Uno de los puntos más alarmantes del informe es la caída en el financiamiento. Se ha registrado una reducción del 23 por ciento en la financiación de la ayuda mundial al desarrollo, lo que representa la caída más pronunciada que se haya documentado hasta la fecha. Esta situación ha impactado directamente en la operatividad de los programas destinados a combatir el VIH. Al respecto, Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA, ha alertado que esta es la interrupción más grave en la respuesta global contra la enfermedad desde que el mundo se unió inicialmente para combatirla.

El impacto de esta crisis financiera se refleja en datos operativos específicos. Entre 2024 y 2025, los programas de pruebas de VIH disminuyeron en un 22 por ciento en aquellos entornos donde existe una alta prevalencia del virus. Esta caída conlleva un riesgo directo: un aumento de personas que no pueden acceder al tratamiento oportuno, lo que facilita la expansión del virus. Asimismo, la adopción de la profilaxis preexposición (PrEP) cayó un 38 por ciento en 62 países. En algunos casos, el recorte ha sido extremo, con una disminución del 93 por ciento en la financiación de programas de preservativos y una reducción del 80 por ciento en los fondos destinados a garantizar el acceso a servicios de prevención.

En cuanto al tratamiento, aunque 32,1 millones de personas infectadas recibían terapia antirretroviral —un incremento del 2,7 por ciento respecto a 2024—, persiste una brecha preocupante. Un total de 8,8 millones de personas permanecían sin recibir el tratamiento necesario y hasta cinco millones de personas desconocían que eran portadoras del virus.

Finalmente, el informe subraya que el progreso no ha sido uniforme. Existe una desigualdad regional marcada; mientras algunas zonas avanzan, en Europa del Este y Asia Central, Oriente Medio, el Norte de África y América Latina se ha registrado un incremento en el número de infecciones desde 2010. La vulnerabilidad es especialmente crítica en África subsahariana, donde cada semana 3.000 adolescentes y mujeres jóvenes contraen el VIH, lo que para ONUSIDA es la señal más clara de que los esfuerzos globales no están llegando a las poblaciones más vulnerables.

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