El primer día del Mundial 2026 se ha sintetizado en una sola palabra: precariedad. Esta sensación de deficiencia abarcó tanto el espectáculo inaugural como el encuentro deportivo entre las selecciones de México y Sudáfrica. Resulta desconcertante que, tratándose de la Copa del Mundo más costosa de todos los tiempos, con precios de boletos tan elevados que se comparan irónicamente con la venta de órganos, la calidad de lo ofrecido haya sido tan baja.
En cuanto al despliegue artístico en el Estadio Ciudad de México —conocido por los aficionados más tradicionales como Estadio Azteca—, el espectáculo fue calificado como de tercera categoría. La comparación con el boato exhibido en Qatar 2022 es inevitable, ya que aquella ceremonia contó con una estructura cinematográfica centrada en la inclusión, el respeto y la tradición. En aquel evento, resultó inolvidable el emotivo diálogo entre el actor estadounidense Morgan Freeman y el activista Ghanim Al Muftah, el cual aportó un peso narrativo claro y profundo que logró rescatar la imagen del país anfitrión, a pesar de las críticas previas sobre derechos humanos.
Por el contrario, lo presentado en México fue percibido como mediocre, asemejándose al trabajo de un pasante del Super Bowl. La organización optó por un desfile de estrellas en un show atropellado, integrando fragmentos de folclor y ritmos diversos sin una coherencia clara, lo que terminó por dejar insatisfechos a los asistentes. No existió un mensaje central ni un hilo conductor, desaprovechando la vasta riqueza de la cultura mexicana en favor de una lista de reproducción basada en playback, lo que hizo que el evento se sintira más como una entrega de premios Grammy que como una inauguración mundialista.
Incluso la participación de Shakira, figura omnipresente en los mundiales y contratada para salvar el álbum oficial del torneo, no estuvo exenta de fallos. La artista cometió un error en su baile durante la interpretación de 'Dai Dai', una pieza descrita como una versión reciclada de 'Waka Waka'. El hecho de que la presentación consistiera únicamente en hacer mímica y movimientos sencillos hizo que el error resaltara aún más en el escenario.
En el plano deportivo, el partido entre México y Sudáfrica tampoco resultó espectacular. Aunque el encuentro se resolvió en apenas 20 minutos, el nivel del seleccionado anfitrión, conducido por el DT Javier Aguirre, fue bajo. Resultó triste observar que los propios hinchas locales abuchearan a su equipo a pesar de haber obtenido un triunfo claro. Esta actitud puso en duda la alegría y la fiesta habitual, así como la vigencia del lema "sí se puede". No obstante, el resultado permitió que México venciera por primera vez en un partido inaugural, rompiendo una racha infame de siete intentos fallidos.
Desde la perspectiva política, se registró la ausencia de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. La mandataria no asistió al partido inaugural ni se presentó en el Fan Fest del Zócalo, rompiendo con la tradición de inicio de los mundiales. Acorralada por marchas y protestas, Sheinbaum evitó la Plaza de la Constitución y prefirió acudir al Deportivo Hermanos Galeana en la alcaldía Gustavo A. Madero. Esta decisión se interpretó como una búsqueda de tranquilidad en un sitio controlado para ignorar el clima social de su país, calificado como campeón mundial de desapariciones y bajo la percepción de haber cedido este Mundial ante Trump.
Finalmente, la jornada encontró un respiro con el enfrentamiento entre Corea del Sur y República Checa. A pesar de haberse disputado en un horario ceniciento, el encuentro evocó la esencia de los Mundiales mediante un choque de estilos: el dinamismo y los cambios de ritmo de los coreanos frente a la fuerza física, la verticalidad y la predilección por la pelota parada de los checos. Este cotejo fue calificado como un buen partido y un bálsamo que logró salvar una jornada general muy decepcionante.


