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Prevención de ACV: Expertos advierten sobre el aumento de casos en la mediana edad

Médicos y cardiólogos consultados por The Telegraph alertaron sobre una tendencia creciente que afecta a adultos de entre 40 y 60 años y explicaron cuáles son los hábitos cotidianos que requieren mayor atención

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Prevención de ACV: Expertos advierten sobre el aumento de casos en la mediana edad
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Los accidentes cerebrovasculares ya no son exclusivos de la vejez. Los médicos alertan sobre un incremento preocupante de casos en personas de entre 40 y 60 años, impulsado por el sedentarismo, la mala alimentación y el estrés. Lo más impactante es que el 90 por ciento de estos eventos son prevenibles, evitando secuelas neurológicas que pueden ser más temidas que la propia muerte. La hipertensión y la fibrilación auricular actúan como enemigos silenciosos que elevan drásticamente el riesgo. Para combatirlos, los especialistas recomiendan controles médicos frecuentes a partir de los 40 años, priorizando la medición de la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre. Un estilo de vida saludable es la mejor defensa. Adoptar la dieta mediterránea, realizar 150 minutos de ejercicio semanal, dormir al menos seis horas y eliminar el tabaco y el alcohol son medidas decisivas para reducir la probabilidad de sufrir un derrame cerebral y garantizar una calidad de vida prolongada.

Los accidentes cerebrovasculares (ACV) se mantienen como una de las causas primordiales de muerte y discapacidad a escala global. Si bien durante décadas se consideró que estas emergencias neurológicas estaban ligadas casi exclusivamente a la vejez, la comunidad médica ha comenzado a alertar sobre una tendencia preocupante: una proporción cada vez mayor de casos está afectando a personas en la mediana edad, etapa en la cual diversos factores de riesgo comienzan a acumularse de manera crítica.

Ante este escenario, los especialistas subrayan que la prevención es el pilar fundamental para combatir esta tendencia. En declaraciones brindadas al medio británico The Telegraph, expertos señalaron que aproximadamente el 90% de los accidentes cerebrovasculares son prevenibles. La clave reside en la identificación temprana de condiciones médicas específicas, tales como la hipertensión arterial, el colesterol elevado y la fibrilación auricular, así como en la modificación de hábitos perjudiciales vinculados al estilo de vida.

En este sentido, el periodo comprendido entre los 40 y los 60 años se ha identificado como una etapa decisiva. Es durante estas dos décadas donde la adopción de medidas preventivas puede reducir drásticamente la probabilidad de sufrir un evento cerebrovascular, rompiendo con la idea tradicional de que el riesgo es una consecuencia inevitable del paso de los años.

El Dr. Arvind Chandratheva ha destacado que el incremento de casos en personas que aún no alcanzan la vejez está estrechamente relacionado con factores contemporáneos. Entre ellos, menciona la obesidad, la falta de descanso adecuado, el sedentarismo y el consumo habitual de alimentos ultraprocesados. Asimismo, el especialista manifestó su preocupación por el impacto de las drogas recreativas, haciendo especial énfasis en la cocaína debido a los efectos nocivos que ejerce sobre el sistema cardiovascular.

La gravedad de estas secuelas es un punto central en la advertencia médica. El Dr. Chandratheva resumió el temor de los pacientes con una frase contundente: “La gente teme morir de cáncer. Temen vivir después de un derrame cerebral”, refiriéndose al impacto devastador que las secuelas neurológicas a largo plazo pueden tener en la calidad de vida.

Uno de los riesgos más insidiosos es la fibrilación auricular, el trastorno del ritmo cardíaco más frecuente en el mundo, que a menudo se desarrolla sin presentar síntomas evidentes. El cardiólogo Nikhil Ahluwalia explicó que quienes padecen esta afección tienen cinco veces más probabilidades de sufrir un ACV, siendo la causa de uno de cada cuatro casos. Esta condición puede manifestarse a través de mareos, cansancio, falta de aire o palpitaciones, pero en muchos casos permanece oculta. Cuando sucede, la sangre puede acumularse en el corazón, facilitando la creación de coágulos que, al desplazarse, pueden llegar al cerebro.

Por otro lado, la hipertensión arterial sigue siendo el principal factor de riesgo modificable. El peligro radica en que muchos pacientes desconocen que padecen la presión elevada. Por ello, el Dr. Chandratheva recomienda que a partir de los 40 años se realice un control de la presión arterial al menos dos veces al año, o con más frecuencia si los valores son inestables. Según el experto, las lecturas ideales deben situarse por debajo de 120/80 mmHg, mientras que cualquier valor superior a 140/90 en una consulta médica requiere atención inmediata.

Además de la presión arterial, los chequeos periódicos deben incluir el control del índice de masa corporal, los niveles de azúcar en sangre y el colesterol, ya que estos parámetros actúan como señales tempranas para evitar complicaciones graves.

En cuanto a la alimentación, se recomienda reducir el consumo de sodio y productos industriales, dado que el exceso de sal eleva la presión arterial. En este ámbito, la dieta mediterránea se destaca como un modelo eficaz, ya que, según el Dr. Ahluwalia, se ha demostrado que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares hasta en un 30%.

Finalmente, los médicos enfatizan la eliminación del tabaquismo y la limitación del alcohol. El tabaco daña los vasos sanguíneos y favorece la formación de coágulos, mientras que los cigarrillos electrónicos deben usarse únicamente como herramienta para dejar de fumar, pues no están exentos de riesgos. A esto se suma la necesidad de actividad física constante; se sugiere acumular 150 minutos semanales de ejercicio moderado que combine fuerza, flexibilidad y actividades aeróbicas. El descanso también es vital, ya que dormir menos de seis horas por noche se asocia con estrés fisiológico, alteraciones hormonales y aumento de la presión arterial.

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