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Menopausia: el dolor articular, el síntoma invisible que afecta a la mitad de las mujeres

Referente en menopausia de la unidad de endocrinología ginecológica de Vall d’Hebron, Pancorbo explica cómo influye la caída de estrógenos en las articulaciones y por qué es fundamental escuchar estos síntomas

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Menopausia: el dolor articular, el síntoma invisible que afecta a la mitad de las mujeres
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La menopausia no solo se manifiesta a través de los sofocos, sino que afecta a casi la mitad de las mujeres mediante dolores articulares a menudo ignorados o atribuidos erróneamente a la edad. La doctora María Pancorbo advierte que la caída de estrógenos impacta directamente en el cartílago y la membrana sinovial, provocando rigidez matutina y molestias simétricas, especialmente en manos y muñecas. Para combatir este cuadro, la especialista recomienda priorizar el ejercicio de fuerza, el control del peso y una dieta antiinflamatoria. Si bien la terapia hormonal puede ayudar en casos globales, es fundamental acudir al médico para descartar patologías reumatológicas más graves y evitar la normalización de síntomas como el dolor o la niebla mental. La clave reside en la divulgación y la atención clínica especializada para evitar que las mujeres se resignen a una menor calidad de vida durante esta transición hormonal.

Cuando se habla de menopausia, la mayoría de las personas evocan inmediatamente los sofocos como el síntoma predominante. Sin embargo, existe una realidad mucho más compleja y menos visibilizada que impacta profundamente en la calidad de vida de miles de mujeres: el dolor articular. Esta molestia, frecuente pero a menudo infradiagnosticada, suele ser ignorada o atribuida erróneamente al simple paso de los años, cuando en realidad tiene un origen hormonal concreto.

María Pancorbo, ginecóloga y referente en menopausia de la unidad de endocrinología ginecológica del Hospital Vall d’Hebron, advierte sobre la importancia de no normalizar ni minimizar estos síntomas. Según la especialista, la caída de los estrógenos y la progesterona —hormonas producidas por los ovarios durante la etapa fértil— no solo afecta la función reproductiva, sino que repercute en diversos sistemas del cuerpo. Los receptores estrogénicos están presentes en los vasos sanguíneos, el sistema nervioso y, crucialmente, en las articulaciones, específicamente en la membrana sinovial y en las células que conforman el cartílago.

Esta base biológica explica por qué una proporción significativa de mujeres, aproximadamente entre el 40% y el 50%, comienza a experimentar artralgias y dolor articular durante esta transición. No obstante, Pancorbo señala que aún existen incógnitas científicas, ya que la otra mitad de las mujeres no presenta estos síntomas a pesar de sufrir la misma disminución hormonal, lo que indica que existen factores predisponentes que la ciencia aún intenta desentrañar.

Desde el punto de vista clínico, el dolor articular asociado a la menopausia tiene características muy específicas que permiten diferenciarlo de otras patologías. Suele manifestarse como una rigidez matutina de corta duración, generalmente inferior a los 30 minutos, que afecta principalmente a las pequeñas articulaciones, como las muñecas y los dedos de las manos. Además, tiende a ser bilateral y simétrica. Es común que estas molestias aparezcan durante la perimenopausia o incluso uno o dos años antes de la última menstruación.

A pesar de estas pautas, la ginecóloga subraya la necesidad de una valoración clínica completa para no confundir estos síntomas con enfermedades reumatológicas o autoinmunes más graves, como la artritis o la artrosis. En casos donde el dolor sea persistente, muy intenso o no encaje con el patrón típico, la derivación a un reumatólogo es fundamental para descartar otras patologías.

Un aspecto crítico es que el dolor articular en la menopausia es multifactorial. No se trata solo de un problema mecánico, sino de una interacción entre lo hormonal, lo neurológico y lo emocional. El estrés, la ansiedad y el insomnio —síntomas también comunes en esta etapa— reducen el umbral del dolor y magnifican la percepción de las molestias. Además, los estrógenos regulan las vías del sistema nervioso central que modulan la sensación de dolor, lo que agrava la situación cuando los niveles hormonales caen.

Para combatir este cuadro, el estilo de vida emerge como la herramienta más poderosa. El ejercicio físico, especialmente el de fuerza, el cardiovascular y la natación, es fundamental para mejorar la movilidad y reducir la percepción del dolor. Asimismo, el control del peso corporal es vital, ya que el exceso de grasa favorece un estado inflamatorio en el organismo y añade una carga mecánica adicional a las articulaciones.

En cuanto a la nutrición, se recomienda mantener una dieta antiinflamatoria. Para síntomas leves, la fitoterapia puede ser una opción válida bajo supervisión profesional. El uso de fitoestrógenos derivados de la soja, el extracto de lúpulo o la cimicífuga racemosa puede ayudar a modular los síntomas debido a su acción similar a los estrógenos. Generalmente, se evalúa su eficacia durante tres meses antes de considerar otras opciones.

Respecto a la terapia hormonal, Pancorbo aclara que el dolor articular por sí solo no es una indicación suficiente para iniciarla, ya que la mejora es modesta. Sin embargo, cuando el dolor coexiste con sofocos intensos, fatiga o insomnio, el tratamiento hormonal mejora la calidad de vida global, lo que indirectamente reduce la percepción del dolor articular. Como dato relevante, la especialista menciona que las mujeres con cáncer de mama hormonodependiente que bloquean sus estrógenos suelen desarrollar artralgias severas, lo que confirma la relación biológica directa.

Finalmente, la doctora hace un llamamiento a las mujeres para que no se resignen al dolor pensando que es "cosa de la edad". Junto al dolor articular, existen otros síntomas invisibles como la "niebla mental" —dificultad para concentrarse o encontrar palabras— que también requieren atención. La clave reside en la divulgación y la consulta médica para mejorar la calidad de vida y descartar problemas que requieran tratamientos específicos.

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