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La revolución molecular y el impacto de la obesidad transforman el tratamiento de la anafilaxia pediátrica

La investigadora principal del Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz en Madrid (IIS-FJD), Vanesa Esteban, ha destacado cómo los avances en biología molecular están revolucionando el tratamiento la anafilaxia.

La revolución molecular y el impacto de la obesidad transforman el tratamiento de la anafilaxia pediátrica
Puntos clave

El 50 Congreso de la SEICAP marca un cambio de paradigma en el abordaje de la anafilaxia infantil, evolucionando desde el tratamiento reactivo hacia una medicina predictiva y personalizada. Gracias a los avances en biología molecular, los expertos buscan ahora anticipar estas reacciones graves identificando biomarcadores específicos y analizando nichos celulares más allá de la inmunoglobulina E. En el plano clínico, se destaca la recomendación de utilizar dos autoinyectores de adrenalina para garantizar la seguridad del paciente. Asimismo, el congreso analizó el impacto de la obesidad pediátrica en la eficacia de estos dispositivos, concluyendo que la mecánica y la fuerza de propulsión del autoinyector son factores determinantes para asegurar que el fármaco alcance la capa muscular, independientemente del grosor del tejido adiposo.

El 50º Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) 2026 ha sido el escenario de un análisis exhaustivo sobre uno de los desafíos más críticos de la alergología: la anafilaxia. A través del simposio 'Anafilaxia 360°: de la clínica compleja a la revolución molecular', patrocinado por Viatris, un grupo de expertos ha abordado esta reacción sistémica grave y potencialmente mortal desde una perspectiva integral, subrayando que la comprensión de la patología ha evolucionado hacia un enfoque mucho más preciso y personalizado, especialmente en la población infantil.

Uno de los ejes centrales del encuentro ha sido la aportación de la biología molecular. Vanesa Esteban, investigadora principal del Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz (IIS-FJD) en Madrid, ha puesto de relieve cómo los avances en este campo están revolucionando el tratamiento de la anafilaxia. Según Esteban, es imperativo trascender el estudio de la inmunoglobulina E (IgE) para explorar otros ámbitos celulares y moleculares implicados en la reacción. En este sentido, ha señalado que existen nichos fisiopatológicos relevantes, como el endotelio vascular, así como elementos moleculares emergentes, entre los que destacan los miRNAs y las vesículas extracelulares. Estos componentes no solo poseen un potencial terapéutico y diagnóstico, sino que resultan fundamentales para comprender en profundidad la fisiopatología de la anafilaxia.

Este avance científico ha propiciado un cambio de paradigma en la práctica clínica. El objetivo para el futuro cercano ya no es únicamente tratar los episodios de anafilaxia una vez que se producen, sino anticiparlos. Para lograrlo, los especialistas se centran ahora en identificar con mayor precisión a los pacientes en situación de riesgo y en el diseño de estrategias de manejo más seguras. En línea con esta búsqueda de seguridad, se ha resaltado la recomendación de la Asociación Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) sobre el uso de dos autoinyectores de adrenalina. Esta medida permite administrar una segunda dosis en aquellos casos donde la respuesta inicial sea insuficiente o cuando los síntomas reaparezcan antes de que el paciente pueda recibir atención médica especializada.

La complejidad de la anafilaxia es evidente al analizar las estadísticas pediátricas. Se estima que el 8 por ciento de los menores de 14 años padece alguna alergia alimentaria, y que hasta el 70 por ciento de los casos de anafilaxia tienen su origen en los alimentos. No obstante, la enfermedad es hoy mejor comprendida gracias al análisis de variables determinantes como la edad, la obesidad, la mastocitosis o comorbilidades como el asma. Asimismo, se ha prestado atención a situaciones clínicas específicas que pueden desencadenar o modificar la reacción, tales como la realización de ejercicio físico o el entorno perioperatorio. Todos estos elementos alteran tanto la presentación clínica como la respuesta al tratamiento, lo que obliga a los facultativos a mantener un alto índice de sospecha clínica y a aplicar un abordaje individualizado que abarque desde los lactantes, donde los síntomas suelen ser más difíciles de reconocer, hasta los adolescentes.

Un punto crítico del debate, moderado por José Domingo Moure González, jefe del servicio de Pediatría del Hospital do Salnés en Pontevedra, ha sido la influencia de la condición física del paciente en la eficacia de los fármacos. La obesidad pediátrica ha experimentado un incremento significativo en las últimas décadas; datos epidemiológicos nacionales indican que el 18,6 por ciento de los niños entre 1 y 14 años presentan obesidad, mientras que el 13,5 por ciento tiene sobrepeso.

Esta realidad clínica plantea un problema técnico: el mayor espesor del tejido adiposo subcutáneo en el muslo puede aumentar la distancia entre la piel y el músculo. Esto conlleva el riesgo de que algunos autoinyectores con agujas cortas no alcancen la capa muscular, provocando que la adrenalina se administre por vía subcutánea. Esta vía de administración conlleva una absorción más lenta y menos predecible, lo que podría reducir la eficacia del tratamiento en un momento crítico.

Sin embargo, los expertos han aclarado que la eficacia no depende únicamente de la longitud de la aguja. La evidencia actual sugiere que ciertos autoinyectores, gracias a su diseño técnico, son capaces de alcanzar la capa muscular incluso en pacientes con obesidad. Al respecto, Cristina Ortega, pediatra y alergóloga responsable de Alergia y Neumología infantil en la Clínica Materno Infantil Senda de Madrid, ha enfatizado que factores relacionados con la mecánica del dispositivo, como el calibre de la aguja, el cartucho y la fuerza de propulsión o activación, podrían influir en la exposición temprana a la adrenalina más que la longitud de la aguja en sí misma.

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