En Naguanagua, el Hospital Oncológico Dr. Miguel Pérez Carreño se ha convertido en el epicentro de una angustiante espera para decenas de pacientes con cáncer en el estado Carabobo. Las fallas estructurales y operativas en sus quirófanos paralizaron procedimientos quirúrgicos fundamentales, dejando a numerosas personas atrapadas en listas de espera que, según los afectados, ya han provocado consecuencias irreversibles.
A pesar de que las autoridades sanitarias iniciaron recientemente trabajos de recuperación y reactivaron las áreas quirúrgicas, el daño ya está hecho para muchos. Luis Verástegui es un testimonio vivo de esta crisis. Con una lesión facial producto del cáncer que padece desde hace más de un año, Verástegui convive con el dolor y la incertidumbre. Su cirugía estaba programada para el 4 de noviembre de 2025, pero el procedimiento nunca ocurrió debido a los problemas del centro asistencial.
Durante meses, la comunidad de pacientes y sus familiares denunciaron un estado crítico de las instalaciones: filtraciones, daños en los equipos de anestesia, fallas en los sistemas de aire acondicionado e inoperatividad de áreas quirúrgicas esenciales. Si bien Verástegui reconoce que las autoridades escucharon las peticiones y comenzaron las obras de impermeabilización, adecuación de áreas críticas y recuperación de equipos hace aproximadamente un mes, advierte que la lentitud de los procesos es fatal. “El cáncer no espera”, afirma, subrayando que tres personas habrían muerto mientras aguardaban su turno.
El impacto de la inoperatividad es matemático y cruel. Según cálculos de los pacientes, cada quirófano puede realizar un promedio de tres intervenciones diarias. Con tres áreas operativas, la capacidad sería de nueve cirugías al día; sin embargo, cuando varios quirófanos quedan fuera de servicio, las listas de espera crecen de manera acelerada, multiplicando el riesgo para quienes se encuentran en condiciones delicadas.
A la crisis de infraestructura se suma una asfixiante carga económica. Los pacientes deben asumir costos elevados en insumos y exámenes que el hospital no provee. Verástegui detalla gastos de 40 dólares en compresas y 70 dólares en una malla quirúrgica, sumado a otros materiales médicos. Esta situación se agrava con un ciclo burocrático y operativo: muchos exámenes preoperatorios vencen antes de que se asigne una fecha de cirugía, obligando a los pacientes a repetirlos en clínicas privadas debido a la falta de reactivos en el hospital público.
La tragedia también tiene rostro femenino en historias como la de Yarmeliz Beiza, quien padece cáncer de útero desde hace tres años. Tras un esquema de quimioterapia fallido, Beiza lucha por sobrevivir y mantener a sus dos hijas pequeñas, vendiendo cocos inmediatamente después de sus sesiones de quimio para asegurar la subsistencia familiar. Su caso resalta otra falla crítica: la inoperatividad de la braquiterapia. Aunque llegó una nueva máquina de radioterapia interna, el servicio no funciona por falta de protocolos, adecuaciones y capacitación del personal. Más de 50 pacientes con cáncer uterino esperan la activación de este servicio; Beiza, incapaz de costear el tratamiento en Caracas, vio cómo su lesión seguía creciendo.
Otras complicaciones, como la falta de camas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), también retrasan las intervenciones. Adriana del Castillo, quien acompaña a su esposo, señala que la escasez de plazas de UCI impide realizar cirugías complejas, convirtiendo cada semana de retraso en una amenaza directa para la vida del paciente.
Por su parte, Sandra Galicia, quien también lucha contra el cáncer de cuello uterino, relata una odisea de maltratos y negligencias. Tras pasar por diversas instituciones y enfrentar la falta de tratamientos coordinados entre quimioterapia y radioterapia, Galicia tuvo que recurrir al sector privado. Un año después, al lograr una cita en el sistema público, el resultado fue devastador: su tumor creció dos centímetros y debe repetir el ciclo de quimioterapia.
La situación en el Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño ha provocado un cambio en la actitud de los usuarios. Si bien anteriormente existía temor a denunciar las fallas por posibles represalias, hoy la desesperación ha superado al miedo. Los pacientes no buscan protagonismo político, sino tiempo.
Aunque fuentes vinculadas a Crónica Uno informan que los tres quirófanos han sido reactivados recientemente, el área de braquiterapia sigue sin operar a la espera de que el personal sea capacitado. Para quienes aguardan, la reactivación es un paso necesario, pero llega tarde para quienes ya perdieron la batalla contra el reloj.


