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Más que perder peso: Expertos advierten riesgos nutricionales en el uso de fármacos GLP-1

La falta de apetito puede provocar deficiencias nutricionales, fatiga, caída excesiva del cabello, debilidad muscular, alteraciones en la piel y mala cicatrización The post La guía de los expertos para acompañar Ozempic: más proteína, entrenamiento de fuerza y menos ultraprocesados appeared first on El Observador CR .

Más que perder peso: Expertos advierten riesgos nutricionales en el uso de fármacos GLP-1
Puntos clave

Los fármacos GLP-1 como Ozempic y Wegovy han revolucionado la pérdida de peso, pero un nuevo consenso de prestigiosas instituciones científicas de Estados Unidos advierte que no son una solución mágica. La reducción drástica del apetito puede provocar deficiencias nutricionales graves y una pérdida alarmante de masa muscular, que en algunos casos representa casi el 40 por ciento del peso perdido. Para evitar estos riesgos, los expertos subrayan que el tratamiento debe acompañarse obligatoriamente de una dieta rica en proteínas y alimentos mínimamente procesados, sumada a un entrenamiento de fuerza al menos tres veces por semana. El objetivo es transitar de un enfoque centrado solo en la báscula hacia una salud integral, ya que sin cambios reales en el estilo de vida, la tasa de abandono y el efecto rebote son extremadamente altos.

Los medicamentos GLP-1 han transformado el abordaje médico de la obesidad en los últimos años. Nombres como Ozempic, Wegovy, Saxenda, Mounjaro y Zepbound, que inicialmente pertenecían estrictamente al ámbito de la endocrinología, se han integrado en las conversaciones cotidianas sobre la salud y la pérdida de peso debido a su eficacia. Sin embargo, mientras la opinión pública se ha centrado principalmente en la cantidad de kilos perdidos, el coste de los fármacos y sus efectos secundarios inmediatos, un nuevo documento científico pone el foco en un aspecto crítico y menos discutido: la necesidad imperativa de acompañar estos tratamientos con una alimentación adecuada y ejercicio físico.

Bajo la premisa de que “no basta con prescribir GLP-1”, cuatro de las organizaciones científicas más prominentes de Estados Unidos —el American College of Lifestyle Medicine, la American Society for Nutrition, la Obesity Medicine Association y The Obesity Society— han publicado una guía conjunta. El documento, titulado “Prioridades nutricionales para apoyar la terapia con GLP-1 para la obesidad”, fue difundido en mayo de 2025 a través de la Revista Estadounidense de Nutrición Clínica. Este trabajo es el resultado del consenso de 20 especialistas provenientes de prestigiosas instituciones como la Harvard Medical School, Stanford University, Tufts University, Cleveland Clinic, Duke University, Massachusetts General Hospital y George Washington University.

A lo largo de 24 páginas, los expertos analizan la evidencia científica actual para ofrecer recomendaciones prácticas que permitan maximizar los beneficios de estos fármacos y mitigar sus riesgos. La conclusión principal es contundente: las estrategias de estilo de vida y nutrición son fundamentales para enfrentar los desafíos asociados a los medicamentos GLP-1.

El funcionamiento de estos fármacos se basa, entre otros mecanismos, en la reducción del apetito y el incremento de la sensación de saciedad. Si bien los ensayos clínicos han reportado pérdidas de peso significativas, que oscilan entre el 5% y el 18% del peso corporal, esta misma eficacia plantea un problema nutricional. El estudio revela que los usuarios de estos medicamentos suelen reducir su ingesta calórica diaria entre un 16% y un 39%. Esta disminución drástica en el consumo de alimentos conlleva el riesgo de ingerir cantidades insuficientes de proteínas, vitaminas, minerales y líquidos.

Las consecuencias de una alimentación insuficiente pueden ser graves. Los investigadores advierten que la falta de apetito puede derivar en deficiencias nutricionales, fatiga crónica, debilidad muscular, caída excesiva del cabello, alteraciones en la piel y una mala cicatrización de las heridas. Por esta razón, la guía insta a los profesionales y pacientes a dejar de centrarse exclusivamente en el conteo de calorías y priorizar la calidad nutricional de lo que se consume.

La recomendación central es estructurar la dieta basándose en alimentos densos en nutrientes y mínimamente procesados. La lista de alimentos sugeridos incluye frutas, vegetales, legumbres, granos integrales, pescado, mariscos, huevos, lácteos, pollo, nueces, semillas y aceites vegetales como el de oliva o el de aguacate. Asimismo, se enfatiza la importancia de priorizar las proteínas y evitar que los carbohidratos refinados predominen en la alimentación. En sentido opuesto, se recomienda reducir el consumo de bebidas azucaradas, dulces, harinas refinadas, comida rápida, embutidos, carnes procesadas y productos ultraprocesados.

Un fenómeno observado durante el tratamiento es el cambio espontáneo en las preferencias alimentarias. Muchos pacientes reportan una disminución del deseo de consumir azúcar, grasas o alcohol, además de una reducción de los atracones y del llamado “food noise” o preocupación constante por la comida. No obstante, esto puede llevar a que algunas personas pasen demasiadas horas sin comer, lo que favorece la pérdida de masa muscular y las deficiencias nutricionales. Para evitarlo, los expertos aconsejan mantener horarios regulares de comida, consumir porciones pequeñas y evitar ayunos prolongados.

La preservación de la masa muscular es, según el documento, una prioridad absoluta. Los datos son reveladores: en el estudio STEP 1 con semaglutida, los participantes perdieron un promedio de 13,6 kilogramos, pero aproximadamente el 38% de esa pérdida correspondió a masa magra. En términos generales, se estima que una quinta parte del peso total perdido puede ser músculo. Para contrarrestar esto, se recomienda aumentar la ingesta de proteínas de alta calidad, como yogur griego, queso cottage, huevos, pescado y legumbres, admitiendo que algunos pacientes podrían requerir batidos o suplementos proteicos.

Sin embargo, la proteína por sí sola no es la solución. El documento es enfático al señalar que aumentar la ingesta proteica sin un entrenamiento estructurado de fuerza es probablemente insuficiente para preservar el músculo. Por ello, se recomienda incorporar entrenamiento de resistencia al menos tres veces por semana, ya sea mediante pesas, máquinas, bandas elásticas o ejercicios con el propio peso corporal, como flexiones y sentadillas. Adicionalmente, se sugiere realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, como nadar, bailar, andar en bicicleta o caminar a paso rápido. Esta combinación no solo protege el músculo, sino que ayuda a preservar la densidad ósea, reducir la inflamación y mejorar la salud cardiovascular.

Finalmente, los autores subrayan que el éxito del tratamiento no debe medirse únicamente por los kilos perdidos, sino por la mejora de la salud integral. Instan a los médicos a evaluar factores como la salud mental, la calidad del sueño, el estrés crónico, los trastornos alimentarios y el apoyo social. Esta visión holística es crucial dada la alta tasa de abandono del tratamiento: entre un tercio y la mitad de los usuarios dejan el fármaco en el primer año, y hasta un 80% lo hace a los dos años, lo que frecuentemente deriva en la recuperación del peso perdido. En conclusión, los GLP-1 deben considerarse una terapia complementaria y no un sustituto de la nutrición y la actividad física.

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