Kosovo regresa a las urnas. Por tercera vez en 18 meses, el país celebra comicios anticipados en un escenario de profunda polarización política y estancamiento en sus aspiraciones europeas.
La jornada electoral está marcada por la ruptura entre el primer ministro en funciones, Albin Kurti, y la ex presidenta Vjosa Osmani. Ambos fueron aliados en 2021, pero la relación se quebró cuando Kurti rechazó respaldar la reelección de Osmani para un segundo mandato. Ahora, la ex presidenta compite desde la Liga Democrática de Kosovo, denunciando la concentración de poder en manos del primer ministro y defendiendo una mejor relación con los socios occidentales.
El eje del conflicto es la estrategia exterior. Kurti, líder nacionalista, ha tensado los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea al adoptar medidas unilaterales para reducir la influencia de Serbia en el norte de Kosovo, tales como la prohibición del uso del dinar serbio y la sustitución de matrículas.
Como consecuencia, Bruselas ha congelado parte de su cooperación financiera y Washington ha reducido algunos ámbitos de colaboración bilateral. Mientras Kurti sostiene que cualquier avance real requiere el reconocimiento formal de la independencia de Kosovo por parte de Serbia, la oposición apuesta por una normalización gradual bajo mediación europea.
Actualmente, Kosovo es el único país de los Balcanes Occidentales que no tiene el estatus oficial de candidato a la adhesión de la Unión Europea.
Aunque Kurti parte como favorito tras obtener el 51 % de los votos en diciembre, el respaldo de Osmani al LDK y la participación de más de 110 mil votantes de la diáspora podrían ser decisivos para el resultado final.
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